Las grietas de Jara: metáforas de la conciencia

Vaya por delante que Jara es el apellido de un hombre, el individuo que encarna con inquietante convicción Óscar Martínez, aunque el verdadero protagonista es el que interpreta con ajustada intensidad Joaquín Furriel, un arquitecto insatisfecho tanto con su vida profesional como sentimental, atormentado por algo que se reactiva con la aparición de una joven que pregunta por Jara.

La película de Nicolás Gil Lavedra, inspirada en una novela de Claudia Piñeiro, abunda sobre los distintos puntos de vista de los socios de un estudio de arquitectura, aunque la construcción no es precisamente su principal virtud. Planteada como un thriller psicológico, se sustenta sobre el reiterado mecanismo, a veces farragoso, de ir y volver en el tiempo para explicar a cada paso alguno de los oscuros pormenores que pesan en la conciencia de los personajes. Pero, en realidad, podría entenderse como un retrato de la crisis de la mediana edad, que se articula como un puzzle de imágenes metafóricas que traducen los miedos y las encrucijadas del personaje principal.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Scroll to top