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Yo Director
Publicado el 12/05/2005

Habla la madre de "Hermanas".

Julia Solomonoff explica el suceso de su film


Ocho años han pasado, ocho largos años de la última vez que se vieron Natalia (Ingrid Rubio) y Elena (Valeria Bertucelli) en la convulsionada Argentina de mediados de los ‘70. A kilómetros de distancia, espacial y temporal, se reencontrarán tratando de curar heridas, sin concesiones. La cita de las hermanas con el pasado, en miras del futuro, es en Texas, Estados Unidos, en 1984.

En "Hermanas", nuevamente el cine nacional vuelve a reflexionar sobre los años de dictadura, pero en un tono más intimista y centrándose en los vínculos de una familia.

"Yo creo que es una película sobre decisiones individuales que después terminan teniendo un peso en lo colectivo y en lo familiar y esto sin absorber la culpa de los aparatos represivos de los militares. Creo que todo lo ocurrido ha necesitado un sostén civil. No es un film que se proponga juzgar a alguien como culpable sino que trata de recomponer la atmósfera un poco enrarecida, que genera el silencio, el encubrimiento y el miedo. Ver cómo una familia es atravesada y afectada por una historia y, además, la importancia y el valor de rearmar un vínculo a partir de eso", explicó la directora Julia Solomonoff.

Natalia y Elena son muy diferentes, mientras una trata de saber lo que pasó en aquellos trágicos años, la otra trata de olvidarlo. Alguien delató al novio de Natalia y ella no puede curar esa herida si no es resolviendo ese misterio, que la llevará a conocer una dura verdad, que ambas deberán enfrentar.

La joven directora, con varios cortometrajes en su haber y vasta experiencia -ya que trabajó detrás de cámaras junto a realizadores destacados como el brasileño Walter Salles y el argentino Carlos Sorín- se atrevió en su primer opera prima a entrar de lleno en una compleja historia. "Si bien mi generación y las que siguen no han sido afectadas físicamente por la dictadura, creo que todos hemos recibido un impacto. Ahora debemos recomponernos, pero recomponernos en serio y averiguar qué paso. Es importante darnos cuenta que terminamos heredando mucho de esos conflictos y que ahora parte de nuestro trabajo cotidiano es vivir con eso, ¿no? Y empezar a recomponer ciertos vínculos y a revisar ciertas cosas", sostuvo Solomonoff.

La idea de que la mayor parte de esta historia tan argentina se centre en Texas fue deliberadamente pensada por la directora. "Decidí que el reencuentro fuera en los ´80, en el estado más republicado y conservador de los Estados Unidos, porque tenía una lógica para la historia, que era que sucediera en un lugar que para mí era un desierto cultural, social y humano. Lo más curioso es que la película se pudo producir porque filmamos la mayoría de las escenas de Texas en la Argentina, en unas casas importadas que encontramos en Pilar. Eso fue para mí revelador de varias cosas: de un fenómeno que sucedió en nuestro país, en los años 90, que era adoptar ciegamente una vida muy americanizada y la sensación de la vigencia de la historia", remarcó.

Y agregó: "Es una película muy argentina, ubicada muy lejos y creo que tiene que ver con un proceso de años, en el cual los argentinos nos desplazamos por el mundo. Además, hice que el film empezara como el sueño americano. Esa idea que tenemos de que podemos reinventarnos totalmente y eso no se sostiene. Es muy difícil esa fantasía de que te vas a otro lado y te convertís en otra persona porque uno lleva su historia a todos lados."

Las ideas plasmadas en vinilo por Solomonof enfrentaron el veredicto de los críticos, que en general trató bien a su primer largometraje, y ahora deberá pasar la prueba del público "que es donde se ve el sentido del trabajo".

Azul Cecinini (la Nacion)




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