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Yo Director
Publicado el 12/05/2005

Spiner cuenta todo

El director de mayor futuro del cine argentino habla de todo...


Spiner en su nave

Argentina. El calendario se aproxima al 2070. Una ola de inundaciones azota al mundo entero. La teoría de un científico local dice que nuestro planeta está inclinado por la fuerza de gravedad que ejerce la Luna, y que si ésta fuera eliminada, el eje de la Tierra se enderezaría y el clima se estabilizaría. Si bien la comunidad científica internacional no duda en calificar esta hipótesis como una estupidez, el gobierno argentino se obstina en mandar una misión secreta. (Todo sea por ponerse a la vanguardia de la humanidad.)

El guión de este nuevo estreno argentino, de Fernando Spiner, pertenece también a Javier Diment -su asistente de dirección-, Sergio Bizzio, autor de Gravedad -una pieza teatral inédita que dio origen a la película-, Alejandra Flechner y Alejandro Urdapilleta. Estos dos últimos, junto con Gabriel Goity, conforman la tripulación a la que, por supuesto, el gobierno argentino abandona cuando ya están en la órbita de la Luna. Promediando el filme se suma Horacio Fontova en la piel de un extraterrestre que invade la nave.

“Eramos un grupo de gente a la que nos unía la pasión”, dirá Spiner, enamorado de sus actores y de un proyecto de creatividad colectiva.

¿Qué tareas concretas forman parte de esta instancia en un proyecto de ciencia ficción? -Como toda la película transcurre en la cabina de la nave que orbita la Luna, el proceso de posproducción es bastante complejo, porque rodamos en un estudio todo el filme. Construimos el interior de la cabina que tiene ventanas que dan al exterior, en donde están la Luna y el espacio. Entonces, a una gran parte de todas esas secuencias hay que hacerles trabajo de posproducción, para aplicarles la Luna y el espacio en las ventanas. Y después hay que hacer muchas cosas, porque nosotros filmamos una maqueta de la nave y, como en todas las películas de este estilo, eso lleva mucho trabajo.

En ese sentido, ¿tiene más trabajo de posproducción que La sonámbula? -No, la diferencia pasa porque, al ser esta película del género de “astronautas”, es más fácil, porque el mundo a construir ya tiene un imaginario y un verosímil. La Luna es la Luna, el espacio es el espacio, no hay que inventar un mundo como en el caso de La sonámbula, que era un mundo onírico que había que crear. Ciencia ficción a la criolla

Aparentemente, el filme está atravesado por varios géneros… -Es una película de astronautas y al mismo tiempo es una especie de comedia melodramática en el espacio. Obviamente, tiene elementos de ciencia ficción, tratándose de una nave argentina que viaja a la Luna. Lo más importante de esta película son los actores. Como en casi todas, pero en ésta en especial, porque transcurre en un solo ambiente. Además otra característica es lo logrado de los efectos visuales, que la instalan como si fuera Apollo XIII. Es como estar viendo Viaje a las estrellas. Eso potencia las actuaciones, que están extraordinarias.

¿A qué razones adjudicás el hecho de que la ciencia ficción esté tan ausente en la producción de cine nacional? -Yo creo que hay más tradición en la comedia y el policial, pero no hay mucho más desarrollo de los géneros. Hay más cine de autor. A mí me gustan mucho los géneros, e hice varios diferentes; la miniserie Bajamar, que era un policial de suspenso psicológico.

¿O sea que para vos la ausencia de determinados géneros no responde a un prejuicio respecto de ellos? -No, cada uno tiene que hacer lo que tenga ganas, y eso es lo que hay que defender: la singularidad de lo que cada uno haga, en la medida en que el mercado lo permita. Después creo que no podría explicar por qué se hace mucho o poco género en la Argentina. Creo que, por lo general, siempre hay alguien que incursiona y otros lo siguen. De hecho, se hace cine de terror bizarro, tal vez más amateur en un sentido. En la medida en que se logre la instancia de que el público vaya a ver cine argentino -y eso habría que lograrlo atrayendo a la gente con películas, pero también con políticas que empujen al consumo de nuestro cine-, el espectro de películas va a crecer. Yo, por ejemplo, tengo el guión de un western de gauchos que transcurre en el 1900, que me encantaría hacer. Es un género que hicieron alguna vez Lucas Demare, Hugo Fregonese o Leonardo Favio. Hay que hurgar. Pasa que generalmente uno determina si “hay” o no respecto de lo que dicen los tres o cuatro medios que mandan. Yo creo que hay muchas cosas distintas, sólo que no salen… pero hay.

¿Por dónde pasaron los límites que tuviste al encarar un proyecto de este tipo? -Fueron fundamentalmente económicos, pero eso potenció el proyecto. Por suerte, la pude hacer en un momento muy difícil de la Argentina. Todo lo que sucede dentro de la nave lo rodamos en diciembre del 2001; y el 20 tuvimos que parar por todo lo que sucedía en el país. El hecho de que no hubiera nada y que nosotros estuviéramos ahí tratando de viajar a la Luna, atando la nave con alambre, creo que le da un espíritu muy lindo, muy apasionado. Así hicimos la película, y a la vez eso nos obligó a buscar, a tratar de resolver con síntesis; y se produjo un equilibrio muy grande.

Entonces, ¿se puede decir que hay una suerte de reflexión sobre la condición del argentino? -Sí, pero no es una reflexión declamada como reflexión, sino que está inserta en la historia y en la trama. En principio, los dejan abandonados orbitando en la Luna, y pasan toda la película ahí. La película tiene una relación muy directa entre los límites económicos y la historia, porque realmente, si los argentinos mandáramos una misión a la Luna, sería con esta tecnología que contamos, que es de cuarta….




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