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Yo Director
Publicado el 29/04/2004

“Las rubias son una raza diferente”

Con su verborragia habitual, el director de "Kill Bill" explica similitudes y diferencias entre las dos películas.


Tarantino con Thurman

La energía de Quentin Tarantino es envidiable. Uno lo escucha hablar a velocidad crucero, encadenando palabras sin respirar y moviendo los brazos al punto de poner en riesgo el rostro de cualquiera que se le siente al lado, y la primera impresión que se tiene es que el hombre ama lo que hace, que el cine no es sólo su pasión, sino su razón de vivir. La segunda impresión, claro, es de agotamiento: después de media hora de charla con el director de Tiempos violentos uno cree que está ante algún vecino o pariente de esos que no se callan nunca y que creen que se las saben todas. Las dos impresiones -muy distintas entre sí- coexisten. Como coexisten Kill Bill 1 y Kill Bill 2, dos películas muy diferentes entre sí, pero que surgen del mismo cerebro -genial, asombroso, delirante- de Quentin Tarantino.

El cierre de esta "ópera de acción”, que se estrena el jueves en la Argentina con el largo título de Kill Bill - La venganza - Volumen 2, fascinará a algunos y decepcionará a otros. Lo que queda claro es que, como siempre pasa en el universo QT, todo el mundo saldrá sorprendido. A diferencia de la acumulación casi ininterrumpida de escenas de acción y violencia de la primera parte, Kill Bill 2 reduce el tempo narrativo, complica las cosas y abre amplios espacios para conocer a los personajes, y para que ellos se explayen en esos largos monólogos de inconfundible estilo tarantinesco.

A diferencia de los personajes que crea -que hablan pausado y con un preciso y elegante manejo de la palabra-, Tarantino es una máquina imparable de lanzar frases atropelladas e interjecciones varias, y su verborragia es tal que parece estar hablando de tres cosas a la vez. Eso sí, a ellos y a él les gusta hablar y escuchar el sonido de su propia voz. De hecho, de eso terminan tratando todos sus filmes. Hasta Kill Bill, que parecía ir para otro lado.

-Muchos esperaban que el clímax final, cuando La novia (Uma Thurman) enfrenta finalmente a Bill (David Carradine), sea una gran escena de acción. Sin embargo, no pasa eso…

-Es así. Si te gustan las películas de acción, querés que cumplan con lo que prometen. Eso me gusta. Pero también me interesa hacerlo a mi manera, medio rara. En Perros de la calle nunca ves el asalto, así que ¿por qué el gran final de una película de acción y venganza no puede ser una conversación de 40 minutos?

-Sí, claro que sí. ¿Pero no pensaste que podías decepcionar a los que esperaban una gran confrontación final, más aún teniendo al actor de Kung Fu?

-No, lo que uno espera es que, a esa altura de la película, la gente prefiera saber más de los personajes que ver otra escena de acción. Lo que tenía que lograr en la saga era preparar todo como para que te importen los personajes lo suficiente y no estés sólo esperando que se maten. Al contrario, te tendría que interesar más saber quién es este Bill, por qué hizo lo que hizo, cómo es su relación con La Novia, por qué ella se va. Mi esperanza es que si conté la historia bien, al final te interesa más eso que una gran escena de acción.

-Bill le hace una referencia a Superman en un momento del diálogo. Le dice que, a diferencia de otros superhéroes, él nació como tal y que su disfraz es Clark Kent. ¿Cuál sería la versión Clark Kent y la versión Superman de Quentin Tarantino?

-Lo que él quiere decirle es que, así como Superman nació ya superhéroe, ella nació siendo asesina. Podía haber habido un diálogo. El le dice: Sos una asesina. Ella le responde: Vos me convertiste en una. Y él le dice: Eso es imposible, supe que lo eras cuando te conocí. Pero era un diálogo obvio. Pero no creo que esa analogía pueda aplicárseme a mí.

-En un momento se dijo que ibas a interpretar un papel, el del maestro de artes marciales Pai Mei, pero finalmente no fue así. ¿Qué sucedió?

-Cuando veíamos locaciones con Yuen Woo-ping, el coreógrafo de Kung Fu, yo siempre hacía la voz de Pai Mei y le resultaba divertido. Me dijeron por qué no lo hacía yo y me convencieron. La idea era doblar la voz como se hace con las películas de Hong Kong cuando se dan aquí. Yo entrenaba con ellos, así que pensé que podía hacerlo. Pero hacer la batalla final de Kill Bill 1 fue muy intenso y tomó ocho semanas. Un mes después venían las escenas de Pai Mei. Y estaba agotado. Ya no podía pensar en hacerlo. Además tenía ya a Gordon Liu (ver El universo Tarantino), el mejor de todos para hacerlo. Él era el líder calvo de los Crazy 88 en Vol. 1. Y ahora no puedo imaginarme a mí haciéndolo.

-Ahora que sos experto en artes marciales, ¿participaste coreografiando las escenas o dejaste libre a Woo-ping?

-Habitualmente el proceso es así: el equipo de especialistas prepara la acción y se la muestra al director. Pero yo dije no, yo quiero ser parte del equipo, también quiero crear las escenas. Pero no podía explicar sin saber. Fueron tres meses de entrenamiento. Yo no iba a hacer una escena de acción mal, tenía que hacerla perfecta. Y los del equipo respetaron mi autoridad porque notaron que yo sabía. En mi guión ya estaban casi todos los detalles, además. Hay que coordinar todo a la perfección, no es algo que se hace así nomás. Nunca hubiera podido hacerlo bien si actuaba.

De la vida personal de Quentin se sabe poco. El hombre ya acusa 41 años -lo que se nota en una pancita cervecera que sorprende dentro de su figura larguirucha- pero más allá de un publicitado romance con Mira Sorvino, y algunos rumores, uno se imagina que se pasa casi todo su tiempo viendo viejas películas de clase B que compra en fílmico y armando las complejas estructuras de sus películas, que filma a razón de una cada cuatro años.

-Algunos dicen que te parecés más a Bill, otros a La Novia. ¿Qué pensás?

-Después de pasar más de un año y medio con ellos siento que me identifico un poco con Bill y un poco con La Novia. Lo interesante de saber es si La Novia ya estaba en mí o me convertí en ella al escribirla... Pero también mucha gente dice que me parezco a Bill.

-Kill Bill 1 es pura acción y esta es muy distinta, casi puro diálogo. ¿Fue así desde el principio la estructura o la cambiaste al dividirla en dos partes?

-Entiendo que algunos puedan pensar que la cambié sobre la marcha, pero si lees el guión original la estructura fue siempre así. De hecho, una de las razones por la que pensamos que se podía partir bien es que siempre tuvo dos mitades muy diferenciadas. Originalmente yo no pensaba lanzarla así. La veía más bien como esas películas de los años 60, esas que hay un gran clímax de acción, viene un intermedio para ir al baño y a comprar pororó, y después volvés y ves la segunda parte. Así que la escena de la Casa de las Hojas Azules terminó transformándose en un buen final para el Vol. 1. Y ahora, a pensar más en la historia.

-Además de que hay menos acción y más diálogo, ¿cuál dirías que es la gran diferencia entre las dos películas, si es que hay alguna?

-Creo que la gran diferencia entre las dos es que esta es más emocional. Pero, ojo, esa emoción tenía que armarla en la primera. Yo siento que hay emoción y dolor en el Vol. 1, lo suficiente como para ir llevándolo a un lugar trágico, operático. Hay una idea que dice que no tenés necesidad de saber demasiado de los personajes en las películas de venganza: cinco tipos la masacraron, creyeron que la mataron pero no lo hicieron, ella los persiguió y los mató. Punto. No hay más historia que esa. No hace falta. Todos vimos esa película. En una situación normal, sería ‘cool’. De hecho, en Francia les encantó que yo tuviera la confianza de hacer una película de venganza sin agregar nada más para justificarla. ¡Ojalá hubieran dicho eso acá! Pero yo sentía que contando más la historia te metés mejor en la revancha. Quería dejar preguntas abiertas para la segunda parte.

-Casi toda Kill Bill 1 transcurre en Japón y con el estilo del cine de acción de allí. La segunda es casi un western, salvo el pequeño flashback en China…

-La primera parte siempre iba a hacer básicamente un "eastern" con un poquito de "western", y la segunda al revés. Es una forma que permite conocer más a los personajes y terminar de estructurar el viaje de la heroína. La primera te deja al final con la sensación de que ella es indestructible, y al final de la segunda te queda claro que no lo es.

-La escena de acción más intensa es la pelea de La novia con Elle Driver (Daryl Hannah). ¿Te pareció sexy la idea de las dos chicas moliéndose a palos?

-Sí, me encanta. Me parece sexy, pero no erótico. No sé si me gustaría ver a Elle masturbándose en la casa, ¿ok? Hay algo que apareció al elegir a Daryl como la rival de Uma. Al ser también rubia, ellas son como los dos lados de un espejo. Y no se soportan entre sí. Eso no estaba en el guión. Ahí siempre se hablaba de La Novia como rubia, pero como Kill Bill no sucede acá a la vuelta sino en un universo alternativo, terminó pareciendo que las rubias son una raza diferente. Hay blancos, negros, asiáticos... y rubias. Y las rubias se odian entre sí.

-Hablemos de las escenas que seguramente quedaron afuera de las películas. ¿Qué nos depararán las ediciones especiales en DVD?

-Hubo dos que no usé, nada más. En el DVD del Vol. 1 hay más canciones de la banda de chicas (The 5,6,7,8's) que tocan en La Casa de las Hojas Azules. En Vol. 2 hay una escena con Bill más joven y ahí lo vemos pelear kung fu clásico con Michael Jai White (Spawn). La filmamos, pero al final no tenía como meterlo en la historia y quedó afuera. Es una escena muy ‘cool’.

-La música juega una parte importante. ¿Cómo fue la selección para ésta?

-Lo interesante en ésta fue que, además, de buscar en mi colección de discos y de bandas de sonido, Robert Rodríguez por primera vez me convenció de usar música original. Nunca había pasado por el proceso de tener un compositor, pero él es mi mejor amigo, y hacía la música, y fue una gran experiencia. Me dijo: Yo la escribo y si no te gusta, la sacamos. Bueno, me gustó. Y quedó.

-Hace rato se dice que tu próximo proyecto es Inglorious Bastards, una película de la Segunda Guerra. ¿Podés confirmarlo?

-La voy a hacer, pero no estoy seguro de que sea la próxima. Siento que vengo de estar subido al Everest y tengo que subirme al Kilimanjaro. No sé si pueda. Tal vez haga algo chico en el medio.

Publicado por Diario Los Andes (Mendoza)




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