El director greco-francés llegó invitado a un festival en Buenos Aires y opinó de todos los temas

Costa-Gavras
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Costa-Gavras, el cineasta greco-francés que dirigió "Z", "Estado de sitio" y "Missing-Desaparecido", invitado a un festival de filmes europeos que tiene lugar en estos días en un complejo porteño, se reafirmó como "un hombre de izquierda, pero sin adhesión a un partido político en particular, y enemigo de todo lo que signifique el ejercicio arbitrario y opresivo del poder".
"La sociedad a la que aspiro es la que respeta la dignidad de los hombres, la libertad y la posibilidad de vivir una vida humana", explicó a Télam el realizador, ansioso por completar la ronda de reportajes para subirse a un taxi y, en compañía de un amigo argentino, correrse hasta el puente Pueyrredón a ver de cerca a esos "piqueteros" de los que tanto le hablaron en Europa.
También dijo que Europa "no entiende nada" sobre cómo Argentina pudo llegar a la grave situación en la que se encuentra, y sostuvo que "casi todos" en el país le hablan de la corrupción de los políticos. "Me parece que hay una especie de desesperación con este tema", enfatizó el realizador de 69 años y aseguró que "desde que estoy aquí (en Buenos Aires), todos hablan de eso. Dicen que no saben qué pueden hacer, cómo la situación puede cambiar".
En declaraciones radiales que reprodujo la agencia noticiosa, el cineasta no dejó dudas del impacto que le ocasionó pisar suelo argentino: "Casi todos me hablan de la corrupción de los políticos, parece que es un tema que preocupa mucho", puntualizó. "Me dicen que nadie sabe por quién va a votar (en las elecciones presidenciales de marzo de 2003), porque no hay confianza en ningún político y esto, a mi juicio, es la peor cosa que le puede pasar a un país", resaltó.
Costa-Gavras aprovechó intensamente su actual viaje a Sudamérica: concurrió a los festivales de cine de Río de Janeiro y Viña del Mar; declaró en Chile ante el juez que interviene en el caso del activista que narró en su film "Missing-Desaparecido", y participa en la Argentina de la muestra EFI 2002 de preestrenos españoles, franceses e italianos, que incluye el último título del griego-francés, "Amén".
Nacido en Loutra-Iraias hace 69 años, luego ciudadano francés, Costa-Gavras se consagró a fines de los 60 como uno de los mascarones de proa del por entonces muy en boga "cine político", al que aportó éxitos como "Z" (1969), donde atacaba a la dictadura de los coroneles en su patria; "Estado de sitio" (1973), sobre la presencia de la CIA en Latinoamérica; y "Séction speciale" (1975), acerca del colaboracionismo francés durante la Segunda Guerra. Si tales películas le ganaron el aprecio del llamado "progresismo" en distintas latitudes, otra obra suya, "La confesión" (1970), sobre la represión estalinista en un país centroeuropeo, hizo fruncir el ceño a los feligreses prosoviéticos.
"Esos filmes -según Costa-Gavras- tuvieron su razón de ser en su momento, pero hoy la situación cambió en cierto modo: en Grecia y en América Latina ya no mandan los militares y el comunismo se derrumbó en Europa, pero ahora los métodos de dominación son distintos y los países pobres deben buscar formas justas de vinculación con las naciones ricas y con organismos como el FMI".
En las dos últimas décadas, Costa-Gavras filmó y no poco en los Estados Unidos: "Missing-Desaparecido" (1982), la búsqueda de un activista "desaparecido" durante el golpe pinochetista; "Traicionados" (1988), las bandas estadounidenses que heredaron las prácticas del Ku Klux Klan; "Mucho más que un crimen" (1989), la captura de un viejo criminal nazi; y "El cuarto poder" (1997), los excesos del periodismo.
"No me sentí perseguido por mis ideas filmando en Estados Unidos -comentó-. Primero, porque los estadounidenses no funcionan monolíticamente. Segundo, porque tienen la cualidad de aceptar las críticas. Claro, allí como en todas partes hay gente muy conservadora, que se niega a ver la realidad, y alguna vez aparece algún artículo negativo contra mí, pero es normal".
El cineasta greco-francés, juzgando en perspectiva su obra, señaló que con sus películas intenta opinar sobre distintos temas que le llaman la atención: "Más que eso, busco hacer preguntas, pues no creo que el cine deba dar respuestas. Y si esas preguntas son las exactas, mejor. El arte, en cierto modo, es político: yo lo entiendo como herramienta para hablar de eso que no se habla, mostrar lo que no se muestra, romper la rutina de la vida cotidiana, elegir otras visiones del mundo", definió.
Para Costa-Gavras, su única actividad política fuera de la realización de cine es el mismo cine, al que se dedicó también como titular de la Cinemateca Francesa y de la Asociación de Cineastas de Francia. "...Y votar -agregó-, porque no milito en partido político alguno. En cuanto me hice ciudadano francés, voté por De Gaulle porque les dio la independencia a los argelinos; después por Mitterrand; la penúltima vez por Jospin; y la última vez por Chirac para que no ganara el fascista de Le Pen".
Es optimista respecto del estado de cosas en el mundo. "Pero con cuidado -se ataja-, porque las circunstancias cambian. Soy pesimista por lo que les pasa a ustedes, los argentinos, o porque Le Pen recibe tantos votos, y optimista por cómo cambiaron algunas cosas en Chile después de Pinochet y por el triunfo de Lula en Brasil".
Agencia Télam