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Yo Director
Publicado el 15/02/2001

El debut de Albertina Carri

Esta especial chica de 27 años estrena "No quiero volver a casa", su primer largometraje y admite que a veces el papel de los directores en el set le da un poco de lástima... Conózcala en Fotograma.com.


¿Cómo surgió "No quiero volver a casa"?
"No quiero volver a casa" era un corto que filmé, pero ni siquiera terminé ni lo monté y me puse a escribir sobre sus personajes porque vi que el relato requería ser un largo; el corto era una historia paralela entre el asesino y el hijo de la víctima y había personajes a su alrededor que aún no existían.

¿Y el tema de la estructura?
El guión fue 'de hierro' en muchos aspectos y en otros no; siempre tuvo esa estructura quebrada, no lineal, eso de que va y viene y que la forma es lo que está contando la película; lo que se cambió en el montaje que el tema de las dos familias estaba como más... "picado". Al leerlo se soportaba y no parecía que no fuera a funcionar, pero al ver la película eso molestaba, le quitaba concentración, entonces con la montajista Rosario Suárez decidimos unir un poco más las historia y variar esas escenas.

¿Y los diálogos, que son bastante escasos...?
En esta película no me parecía algo esencial y hubo algunos parlamentos que se retocaron a pedido de los actores, que querían decir lo mismo pero de un modo más efectivo.

¿Cómo fue tu relación con los actores?
El trabajo con el chico Nicolás Villagra fue increíble, porque resultó uno de los actores más dóciles que tuve; es el hijo de una conocida, no es un chico con el que tenga una relación demasiado cercana, pero me pasó una cosa increíble con él. Yo lo vi alguna que otra vez y cuando me senté a escribir el guión me puse a escribir sobre él, no sobre cualquier chico sino sobre él. Dos años después, llamé a la madre (todo el equipo me decía que cómo iba a llamar a un chico que nunca actuó), pero a él le encanta actuar, le encantan las cámaras y para mí me resultó maravilloso.

¿Y cómo llegaron los actores?
Para convocar a los actores profesionales no hice casting, sino un casting mental; a muchos los conocía de otras películas y los fui llamando; y con otros, para los personajes que me faltaban, me fueron vinculando los que ya estaban. Y lo sorprendente fue que todos aceptaron de primera; no recuerdo haber llamado alguno, que me dijera que no y tener que llamar a otro.

¿Cómo fueron tus comienzos en el cine?
Dejé el CBC, que me resultaba bastante aburrido y por esos días me ofrecieron hacer un meritorio de cámara en el largometraje "Un muro de silencio" de Lita Stantic, y allí conocí a Félix 'Chango' Monti, el director de fotografía, aunque lo que deseaba era conocer por dentro una filmación. Antes había estudiado foto durante poco tiempo y básicamente siempre me había tirado más la parte de escritura, pero cuando hago ese meritorio me fascina lo que es el rodaje de una película y ahí conozco lo de la cámara, así que empiezo a especializarme.

¿Y después?
Entro en el equipo del "Chango" Monti y hago varios largos, entre ellos, "De eso no se habla", "Convivencia", "Una sombra ya pronto serás", "De amor y de sombra", "El censor", y fue una experiencia increíble. Luego tuve momentos en los que no tenía trabajo e hice algunos cursos, como dirección de actores con Augusto Fernández, pero la verdad es que no tenía una intención muy clara de dirigir... Siempre me impresionó la figura del director en el set, como que me daban lástima.

¿Por?
El director es la persona que carga con todo, es responsable de la historia, de la estética y también de la gente, porque cuando sucede un problema, por más que haya un productor o quien sea, siempre se cae en el director, que sufre mucha presión. En cambio, cuando me tocó a mí lo disfruté muchísimo, es que pasa algo gracioso: en el equipo todo el mundo te quiere, pero la sensación es que en algún momento te están dejando sola, porque sos la única persona que tiene toda la película en la cabeza, de principio a fin.




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