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Yo Director
Publicado el 02/08/2001

La historia de un proyecto

La directora de "Arregui, la noticia del día" nos cuenta dos anécdotas que pintan de lleno el rodaje de una película independiente en nuestro país.


Maria Victoria Menis

Por Maria Victoria Menis, directora de "Arregui, la noticia del día", con Enrique Pinti.

Una película cuenta, generalmente, una historia. Pero, mucho antes que la película, está el famoso "Proyecto de hacer la película", que siempre tiene su propia historia.

Las historias, por lo menos para los guionistas, son parientes muy cercanas de los cuentos, y a la de este proyecto le vendría muy bien eso de "Había una vez hace mucho tiempo, en un lejano país...". Porque yo ya ni me acuerdo cuando empezó. Contar los pormenores de esta historia sería bastante aburrido, salvo por dos de las escenas que más me gustan.

La primera transcurre el día en que conocí a Carmen Maura, después que me llamó para decirme que me quería ver. Yo le había dejado un guión en el teatro en donde estaba trabajando, aquí en Buenos Aires. Para mi, ella era y es un monstruo de la actuación y eso de dejarle un guión fue como una escena fantasiosa inventada por mi misma. Pero con esa naturalidad que la caracteriza para actuar y para ser, me llamó, me citó, me dijo que le había parecido un libro muy "cojonudo". Charlamos y terminó confesando que le iba a encantar participar en la película. "Cuándo filmamos?" -preguntó. Final de escena: yo musitando camino a mi casa: "los marcianos existen, los marcianos existen, los marcianos..."

Y lo mas increíble de todo es que a pesar de que el proyecto pasó por innumerables fases (que coproducción, que no coproducción, que un año, que otro, que invierno que verano, que hay plata, que hay menos plata, etc. etc.), Carmen siempre estuvo ahí. Aquí, mejor dicho, y se cruzó el Atlántico para trabajar en una película independiente y de presupuesto moderadito. "Y porque sí y porque quiero y me da la gana, joder!!!", como alguna vez dijo.

La otra escena de esta historia transcurrió en la librería Clásica y Moderna en donde sentado, con el guión en las manos, un señor estaba tomándose un dietético cortadito. Un señor muy conocido por su actuación cómica y al cual yo le proponía el desafío de un papel mucho más dramático que humorístico. Y ese señor actor, porque Enrique Pinti es un señor actor en el más serio y divertido sentido de la palabra, me dijo que tenía que hacer sí o sí ese proyecto. Y agregó cálidamente algo así como que me dejara de andar llorisqueado por los rincones, que para todos los cineastas es un parto... En síntesis, que me dejara de joder, que me pusiera en marcha como fuera y que contara con él cuando fuera y con el presupuesto que fuera porque el proyecto lo valía.

Carmen y Enrique fueron la patada fundamental (en el lugar necesario) que todo cineasta requiere en algún momento de su vida. Ellos, y un elenco de actores, algunos conocidos y otros empuñando sus primeras armas en el cine, que aportaron su talento muy acertadamente a este género tan especial que es la tragicomedia Argentina de comienzo de milenio.

En esta historia del proyecto no puede faltar el equipo técnico de primera línea que me secundó, con una entrega y una creatividad infinita para todo, que hicieron que con nuestra famosa frase "lo arreglamos con chonfle... o con alambre... o como sea!", nos reconozcan y nos respeten en otras industrias cinematográficas del mundo.




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