A Misael lo veía seguido en La Pampa y me parecía que su forma de vida aislado en el campo reflejaba como puede sentirse una persona en la ciudad. Misael no es un actor profesional, no sabe lo que es un actor, nunca fue al cine. Es un hachero que en “La libertad” decidió trabajar un poco de actor. Para escribir el guión observé la vida de Misael y marqué los distintos momentos de su rutina de todos los días. La escritura del guión fue estructurar cómo Misael se organizaba el día.
Me gusta la idea de que el espectador pueda salirse de la película sin dejar de verla, que tenga el tiempo para hacer eso, tomarse a sí mismo como referencia y después volver. Irse, pensar, volver, y repensar qué hace este hachero mientras a uno le parece que no está pasando nada. Misael está solo en la inmesidad del campo, pero se lo ve todo el tiempo ocupado. Tiene un tiempo para cortar un árbol, un tiempo para almorzar, un tiempo para ir al pueblo. Dentro de ese tiempo y ese espacio en el que uno se sentiría vacío Misael arma su rutina de trabajo y la respeta. La tiene que respetar porque si no no sobrevive. En “La libertad” el actor está siempre delimitado por los bordes del cuadro, por sus marcas y las instrucciones de la puesta en escena. Si la película fuera un documental la cámara estaría a disposición de Misael; siendo una ficción, es Misael el que está a disposición de la cámara. Por eso yo creo que “La libertad” es una ficción. Es una película que tiene que terminar el espectador. Si no se completa con el espectador, si el espectador no logra insertarse, no llega a decifrar cosas, acciones, movimientos, formas de pensar el mundo, no llega a ser una película. En cambio sí lo es cuando el espectador se mete e intenta interrelacionarse.
Elegí no mostrar los hechos extraordinarios o espectaculares que pasan cada dos, tres, o cinco años en la vida de alguien como tener un hijo, un accidente grave, o algo inesperado. Uno vive la mitad de su vida en una rutina que nadie nota. Quise registrar esos momentos mínimos para que al verlos uno pudiera repensar qué está haciendo con su propia vida. La película no intenta reflejar simplemente las experiencias de Misael, sino relacionar su vida con otras experiencias, la de los espectadores y la mía, que soy alguien que vive una vida completamente diferente, en la ciudad. Sin embargo, si yo hubiera filmado un día en mi vida sería igual a la película. Si hubiera hecho una película sobre mi vida sería igual a “La libertad”.
Lisandro Alonso
