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Yo Director
Publicado el 22/09/1999

Eduardo Mignogna comenta su novela

La nueva novela de este director-escritor, ganadora del Premio Emecé 1998/9 comentada por él mismo.


"La Fuga"

Eduardo Mignogna

Recuerdo con agrado las mañanas en que luego de llevar a Guido al colegio me adelantaba a todos en el estudio para robarle un par de horas al trabajo y escribir los relatos de La Fuga. Juego y disciplina. Un goce perfecto, en soledad, con el edificio en silencio y el café. Atendiendo al impulso de narrar una verdad, fuese o no verdadera, con la certeza de que nadie me harla reclamos o me urgiría porque nadie sabía lo que estaba haciendo. Fue una gran diversión que me ocupó dos años, un descanso en el trajín de otros asuntos, una vuelta a la literatura, a lo que más me entretiene, deslumbra y conmueve. Y aunque no decidí el formato, elegí el camino de lo imaginario a través de los relatos que se unían en una novela por dos nexos reales: la situación inicial (una fuga de una cárcel) y los personajes dentro de esa situación (unos presidiarios). A partir de esos hechos, fue como armar un rompecabezas de formas transitorias. Todo encajaba y era posible. El trabajo que siempre me cuesta se volvió entretenido a la hora de hacer las verificaciones históricas o pesquisar los retratos fotográficos que identiricaran a los personajes. Me decia a mí mismo: Te voy a hacer creer que lo que vas a leer es verosimil porque sucedió o pudo suceder alguna vez y

cuando estés convencido le voy a incorporar la ficción desde un punto en que ní yo pueda descubrirlo. Me lo decía sin prever que ahora, al releer los textos, iba a dudar en serio sobre qué es lo verosimil, cuáles las apariciones de ficción y cuándo esa ficción retorna a lo real dado que en los años 30 se produjeron numerosas evasiones y la mayoría de la Penitenciaría Nacional ubicada sobre la avenida Las Heras. Recuerdo los muros oscuros donde hoy se alza una plaza por la que suelo caminar a la espera de oir las voces del pasado que este apacible solar retiene en la sombra de las palmeras, últimos cómplices vivos de tanto encierro y locura. Penitenciaria Nacional, prisión y manicomio. Esta es para mí la medida exacta del espanto y de la que creo haber escapado -sólo creo- por el mismo túnel que los fugados, cada mañana un poco, después de llevar a mi hijo al colegio, amparado en la impunidad de un simulacro que representa pero miente, reproduce pero finge, me permite ser quien soy sin serlo.

Eduardo Mignogna




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