
Javier Bardem
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El próximo 25 de marzo un actor español de 32 años pisará la mítica alfombra roja del Shrine Auditorium de Los Ángeles, se sentará junto a las grandes estrellas de la meca del cine y escuchará su nombre entre los cinco candidatos al Oscar al mejor actor. Javier Bardem esperó en su casa de Madrid la noticia. «Para mí esto es el premio. Aquí termina la presión», afirmó el actor. «Esto es una lotería y, a veces, la lotería no es para los millonarios sino para los obreros. Yo me considero un obrero de esta profesión». "Gladiator" y "Traffic" serán las estrellas de la gran noche de Hollywood, pero Bardem estará ahí.
«Sabía que o salía primero o no salía. Las candidaturas siguen un orden alfabético», señaló Bardem. Contestando varias llamadas a la vez, hablando en su cada vez mejor inglés y con voz exultante, Bardem asegura que lo primero que se le cruzó por la cabeza al oír su nombre fue Pedro Almodóvar. «He recordado su frase cuando el año pasado pasó por lo mismo que yo. Él, que es muy inteligente y que domina muy bien esto, dijo: 'me habéis hecho responsable de algo que no me pertenece, de algo que no controlo. Con todo el cariño y el respeto yo he pensado lo mismo, llegar hasta aquí ha sido demasiada presión'». «Llegar hasta ahí era el premio. Yo no tengo nada más que hacer, mi único y verdadero trabajo está en la película. Quizá lo único milagroso de todo esto es que en un escaparate como los Oscar, en esa gran promoción de productos, en esa plataforma para el autobombo también hay sitio para los que hacen menos ruido. Ese ha sido el milagro»
La estremecedora interpretación de Bardem del escritor cubano Reynaldo Arenas en "Antes de que anochezca", competirá con Tom Hanks, Rusell Crowe, Ed Harris y Geoffrey Rush. Bardem es el primer español que compite por un Oscar a una interpretación estelar. Robert Rehme, presidente de la Academia de Hollywood, se declaró ayer "encantado" por su candidatura. «Cuando vi el filme, creí que Bardem era la persona de verdad», dijo.
Javier Bardem posee el extraño y admirable talento de haber sabido desarrollar una versátil carrera de actor de carácter desde el principio y de mantenerse en ello incluso después de haber demostrado que puede ser uno de nuestros galanes más atractivos. Pero Bardem lo tiene claro y eso le ha conducido hasta esta candidatura para el Oscar que debemos a su talento, primero, y al hecho de que la globalización aplicada desde Hollywood produce de vez en cuando un final feliz. Que la mirada de la todopoderosa industria de allí reconozca los méritos de un actor reconocido en el resto del globo.
La afirmación de Bardem se confirma al ver contra quiénes está compitiendo. Si bien este año el cine de Estados Unidos no fue el mejor de la historia de los Oscar (aunque muchas veces, siendo un año de gran cosecha, ganaron los peores), los otros actores y actrices que se sentarán con él durante la ceremonia esperando que les corresponda la estatuilla es de antología.
Cualquiera de sus rivales añade mérito a su candidatura. Quienes le pueden vencer son el inefable ganador de dos Oscars y buen actor por encima de sus buenas intenciones Tom Hanks; un pedazo de intérprete como Ed Harris, que por dos veces ha sido candidato; el ya premiado y eximio Geoffrey Rush y el intenso Russell Crowe.
Cuando, el próximo día 25 de marzo, Javier Bardem pise la alfombra roja entre sus pares, lo hará en nombre de España y de esos compañeros de profesión que no pudieron ser globalizados, y como adelantado de los que le seguirán. Banderas representa a los galanes, Bardem a esa inmensa pléyade que incluye a su propia progenitora.
Al nominarlo, la Academia practica aquello para lo que se creó el Oscar y que tantas veces olvida: distinguir el talento que a todos nos llega, cualquiera que sea su origen.
