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Fernanda Montenegro, una sudamericana en las ligas mayores



Cuando se conocieron las nominaciones para el Oscar, las agencias de noticias comenzaron a reproducir la sorpresa de que una actriz brasileña estaba indicada en el rubro mejor actriz, un hecho casi inédito para cualquier integrante de un elenco de un film hablado en lengua no inglesa. La sorpresa puede ser para Hollywood, quienes conozcan la entretela de la historia sabrán que Fernanda y la película tienen sobrados motivos para ubicarse en las primeras filas del Dorothy Chandler Pavilion. Y volver a triunfantes.

El director Walter Salles (o Waltinho, como cariñosamente lo llaman en Brasil) es hijo de uno de los principales banqueros del Gigante verde. Pero él esquivó el mundo de las finanzas y se metió en el cine. Realizó notables trabajos en el terreno documental, como un especial de cinco capítulos sobre los 50 años del músico Caetano Veloso, para la red Manchete y otro para la televisión francesa sobre Chico Buarque.

Su primer largo (El gran arte) estaba basado en un best seller de Rubem Fonseca. Quienes hayan tenido oportunidad de ver Terra estrangeira, film inmediatamente anterior a Estación Central, no estarán entre los sorprendidos. Rodada en blanco y negro (contra las convenciones del mercado) la historia era una magnifica parábola de los exilios interiores y exteriores. Luego, con menos de 3 millones completó Estación Central (Central do Brasil), film que primero ganó el premio de mejor guión en el Sundance Festival y luego (en 1998) ganó el Oso de Oro en la Berlinale, suceso inédito para una película latinoamericana en ese festival. En la ocasión, su protagonista, Fernanda Montenegro, se llevó el Oso de Plata a la mejor actriz. Después vino la nominación al Oscar de la Academia y la sorprendente indicación para la actriz entre las cinco candidatas al premio mayor de interpretación femenina. Un breve repaso a la trayectoria de la actriz cambiará otra vez la sorpresa por el merecimiento, y los merecimientos en la tómbola de Hollywood son tan esporádicamente tenidos en cuenta.


Fernanda, 55 años con el arte

En Brasil la conocen como Fernandona porque todo en ella es grande, desde su talento hasta su ojos. Y a punto de cumplir 55 años en escena y 69 de edad, es una intocable, aunque ella reniega de su título de primera dama de la escena brasileña, ganado por proclamación popular.

La actriz carioca debutó en la radio a los 15 años y desde entonces no paró más. En su repertorio hay más de 50 obras de todos los clásicos imaginables, desde Beckett hasta O'Neill y Fassbinder, y toda clase de autores brasileños, desde Dias Gomes hasta Millor Fernandes. En cine protagonizó películas memorables como La fallecida, Tudo bem y Ellos no usan smoking. Esta última, dirigida por el fallecido Leon Hirszman, atesora uno de los momentos más memorables del cine de la década del ochenta. Es la escena final, que protagonizan la Montenegro y Gianfrancesco Guarnieri. Todo sucede con las miradas y con el sonido de los porotos que ella separa para las raciones. El hijo acaba de irse del hogar y es necesario reducir la cantidad. La mirada de Montenegro equivale en expresión a diez páginas de texto.

Por lo tanto, el descubrimiento es para Variety, para la crítica Janet Maslin y para el mundo desarrollado del cine. Quienes la hayan visto al menos una vez en acción no pueden encogerse de hombros.

Casada con el actor Fernando Torres y madre de la ya también consagrada actriz Fernanda Torres, regresó a Brasil luego de su periplo por los Globos de Oro y el estreno estadounidense de Estación Central en 30 ciudades de Estados Unidos, luego de codearse con las admiradas Lauren Bacall y Susan Strasberg, entre otras que derramaban sus elogios. Ya en casa, en el aeropuerto de Río de Janeiro, se encontró con el aplauso espontáneo de los suyos. La febril locura del aeropuerto se detuvo y todos la aplaudieron, los turistas ocasionales, los viajantes de negocios y los maleteros. Seguramente, ese fue su mejor premio.

Juan Trasmonte (desde Rio de Janeiro)




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