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Publicado el 07/09/2000

Lo esencial es invisible a los ojos

El director holandés de 62 años, Paul Verhoeven, dirigió "Hollow Man" y anteriormente varios éxitos de taquilla, muchos de los cuales, también, son interesantes y complejas miradas al individuo y su entorno social, al discurso moral reinante, a la hipócrita actitud de unos cuantos, el futuro, la teconología, el erotismo, la sexualidad.

Los trabajos prehollywood de Verhoeven son desconocidos, excepto "El cuarto hombre"; en cambio es archiconocido por "Robocop"; "El vengador del futuro", la película que catapultó a Sharon Stone "Bajos instintos", e "Invasión" ("Starship Troopers", la de las arañas gigantes). También filmó la inquietante "Showgirls", aunque ésta fue un rotundo fracaso.

"Hollow Man" tiene alguna conexión con el ya clásico "El hombre invisible", la novela del visionario H. G. Wells, que James Whale adaptó y dirigió en 1933. Aunque no fue el único que se interesó en la invisibilidad. John Carpenter filmó "Diario de un hombre invisible" y Adam Rifkin "Invisible Maniac".

No obstante hay algo muy diferente de aquellas en "Hollow Man" y no es sólo la solidez del director que queda plasmada en cada escena, sino esa particular mirada citada arriba. En aquellas el personaje invisible no cae en tentaciones mundanas o sexuales, Cain sí. Verhoeven no es un pacato y sabe que algunas de las fantasías más horrendas y más próximas al individuo común se relacionan con actuar libremente sin temor de ser castigado. Naturalemente ese "libremente" incluye el espiar (voyeur), la violación, el sexo y el asesinato, como venganza o placer. El viejo pecado de atrición pende sobre la cabeza de la humanidad como La espada de Damocles, empañando (tal vez por su propio bienestar) su libre accionar en el mundo. Verhoeven lo sabe bien aunque no lo explicita.

La fotografía de Jost Vacano, antiguo compañero del director es, como siempre, precisa. La cámara subjetiva explota una cuota de suspenso muy grata. Los efectos son adecuados. Buenas actuaciones.

Sebastian Cain es un científico moderno, en el sentido actual de la expresión. Trabaja para uno esos misteriosos reductos gubernamentales en que se realizan experimentos ultrasecretos. Claro, los roedores, abren el film. En su equipo también trabaja su exnovia Linda y el novio de ésta. Improvistamente Sebastian experimenta sobre su propio cuerpo, su mente se deja llavar "libremente" por los excesos. La espada parece haber desaparecido. Su nueva condición le permite espiar, ir a los baños de mujeres, manosear, incluso violar y en ese desenfreno, asesinar. La monstruosa personalidad emerge del interior. No hay nada más peligroso que lo que no se ve. El exterior es sólo una fachada de látex o piel.

Qué es lo que inhibe, comprime, limita, reprime al individuo, sino es ser observado por los demás? Entonces, si ya no se puede ser observado no hay restricción que valga? Verhoeven presenta una posición, apunta y gatilla. El espectador queda en el vacío, sin nada que lo contenga, excepto su propia moral, sus principios más íntimos de compartamiento. No, no es tan grave, es una película de ciencia ficción, pero sin duda va más allá del efecto especial.

Andrés San Martín


"El hombre sin sombra"

Hollow Man
EE.UU., 2000, 114'

Dirección
Paul Verhoeven

Guión:
Andrew W. Marlowe, basado en una historia de Gary Scott Thompson y A. Marlowe

Fotografía:
Jost Vacano

Música:
Jerry Goldsmith

Montaje:
Mark Goldblatt

Protagonistas:
Elisabeth Shue, Kevin Bacon, Josh Brolin, Kim Dickens



Calificacion: 8

Estreno en Argentina
07/09/2000

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