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Publicado el 05/08/2008

Yo serví al rey de Inglaterra

El hoy veterano Jiri Menzel comparte con Bohumil Hrabal, una de las figuras descollantes de la literatura checa del siglo XX, una misma visión tragicómica de la vida, además de la tendencia a examinar la realidad de su país en clave irónica apuntando a la experiencia menuda de antihéroes dueños de cierta ingenua sabiduría existencial. Se comprende que, desde Trenes rigurosamente vigilados , el film que le dio a Menzel prestigio internacional, haya sido su frecuente adaptador y quien mejor tradujo en imágenes el tono leve y el humor ácido de sus fábulas y su lenguaje ligeramente lírico.

Una temprana secuencia en blanco y negro de Yo serví al rey de Inglaterra trae el espíritu de aquel clásico de los 60, y no sólo porque el escenario es otra vez una estación de ferrocarril, sino también por la picardía naïve con que el protagonista, entonces un adolescente, resuelve su problema más inmediato: la supervivencia. A esas alturas, ya sabemos que la historia del pequeño y gracioso Jan Dite, la de su aprendizaje, triunfo y ocaso, será expuesta en dos sectores paralelos: por un lado, el de la actualidad narrativa, en los años 60, cuando Dite, ya maduro y recién salido de la cárcel en la que pasó los últimos 14 años y 9 meses (gracias a una amnistía que redujo 90 días su condena), se instala en una aldea fronteriza abandonada y encuentra algo de serenidad al repasar su azarosa travesía individual; por el otro, la memoria de los años jóvenes, cuando, después de descubrir el poder irresistible que un puñado de monedas ejerce sobre los seres humanos, gana experiencia en el oficio, en el consumo de cerveza y en el trato con la clientela, especialmente la femenina.

Las abundantes peripecias vividas por el muchacho, cuya pericia de camarero va creciendo con el tiempo (sobre todo al lado de un maitre políglota que atribuye su sabiduría al hecho de haber servido alguna vez al rey de Inglaterra), transcurren ajenas a la agitada historia grande (son los años de la primera posguerra, del avance nazi, la ocupación de Checolosvaquia, la guerra, el breve período de la reconstrucción y la llegada de los comisarios comunistas), pero ésta se atraviesa más de una vez en su camino. No hay tropiezo que pueda con la esperanza de Jan, que persigue su pequeño destino individual sin reparar en que más de una vez la realidad lo encuentra del lado equivocado. Tampoco hay episodio, por dramático que sea, que desvíe a Menzel de su levedad irónica, a veces burlona y ligeramente amarga.

En cambio, hay altibajos visibles. La impronta literaria que está presente a lo largo del film (abunda la narración en off) no siempre encuentra su balance con las coreografiadas escenas cómicas de estirpe chaplinesca (la comida con el rey de Etiopía es uno de los momentos más logrados), y a veces éstas se reiteran en demasía. También hay sobreabundancias (de anécdotas, de desnudez gratuita, de simetrías) que agregan poco aunque den origen a imágenes atractivas y suntuosas. El elenco (con especial mención de Ivan Barnev, el Jan joven) es parejamente admirable.

Fernando López (La Nación)


" Yo serví al rey de Inglaterra"

Obsluhoval jsem anglického krále
República Checa, 2006, 120 minutos

Dirección
Jirí Menzel

Guión:
Jirí Menzel

Fotografía:
Jaromír Sofr

Música:
Ales Brezina

Montaje:
Jirí Brozek

Protagonistas:
Ivan Barnev, Julia Jentsch, Oldrich Kaiser, Martín Huba, Marián Labuda, Milan Lasica



Calificacion: 8

Género
Drama

Estreno en Argentina
31/07/2008



© FOTOGRAMA.com