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Publicado el 21/02/2008

Petróleo sangriento

Y la bestia fue apresada, y con ella el falso profeta que hacía señales en su presencia...Y los dos fueron arrojados vivos al lago de fuego que arde con azufre."

(Libro del Apocalipsis, 19:20)

Daniel Plainview es un auténtico self-made man, un hombre que ha hecho su fortuna a base de trabajo, esfuerzo, sacrificio y una buena dosis de engaño, egoísmo, maltrato y crueldad. Un verdadero héroe del capitalismo de principios del siglo XX, Plainview se forjó en la era de la fuerte industrialización de los Estados Unidos, cavando pozos con sus propias manos, extrayendo petróleo allí donde nadie buscaba y llevando la idea del progreso a los lugares más recónditos. Los libros podrían contar su historia como la de un empresario que empezó sin nada y terminó teniendo todo. El cine, en cambio, prefirió contarlo, como un ser que combina la ambición desmedida de Charles Foster Kane y la furia desatada de una criatura de dimensiones bíblicas.

Paul Thomas Anderson es un cineasta de ambiciones igualmente desmedidas y en Petróleo sangriento, su personal apropiación de la biografía de un verdadero magnate petrolero, también quiere ser Orson Welles y el Profeta, quiere la grandiosidad épica de una historia con infinitas referencias mitológicas pero también el estudio personal y psicológico de un hombre al que el dinero y el poder transformaron en la Bestia. Eso sí, aquí no habrá Rosebuds que expliquen el origen de la tragedia. Aquí, el mal surge de las entrañas de la tierra.

Petróleo... es un experimento cinematográfico grandilocuente y disonante, como casi todo lo que ha hecho Anderson desde Boogie Nights en adelante, mezclando el fervor moral de Magnolia (película con la que más se toca, temáticamente), con la estética disruptiva de Embriagado de amor.

A la vez -y pese a todas las referencias que la marcan-, es una obra única, inaugural: un acercamiento a la Gran Película Americana por la vía de la innovación. Pocos filmes se atrevieron a jugar en el territorio de El Ciudadano sin pasar vergüenza. Petróleo... lo hace, y la ambición descarada de Anderson/Plainview puede mirar de frente a la de Welles/Kane. Y ser aplaudida por el titánico esfuerzo.

La anécdota del filme encuadra la historia social, política y económica de los Estados Unidos en unos trazos arquetípicos pero fundamentales. Plainview es un petrolero ambicioso que encuentra un pedazo de tierra en el que brota el "oro negro". El hombre, implacable e imponente (la actuación de Daniel Day-Lewis es exactamente eso) anda con un niño al que llama su hijo y cuya mala fortuna -en el mismo momento en el que Plainview descubre que será millonario por el resto de sus días- lo marcará de manera más fuerte que el dinero.

Su otra igualmente compleja relación será con Eli Sunday (Paul Dano), un joven predicador que habita la tierra petrolera y que desea, no muy sutilmente, algo del dinero de Plainview para su Iglesia de la Tercera Revelación. Allí, el Falso Profeta predicará sobre el miedo y la ignorancia, utilizando a los fervorosos fieles en búsqueda de un poder aún mayor que el que logra Daniel con el dinero. Aunque Plainview, competitivo a ultranza, no querrá saber nada con este pequeño y perverso personaje. Y esa rivalidad -esas dos partes que hoy conforman la base económica y moral de los Estados Unidos- marcará todo el relato a sangre y fuego.

Más allá de una secuencia final algo altisonante, que se puede explicar y disfrutar entendiéndolo como el más arriesgado de los saltos tonales a los que se atreve Anderson (un cambio brusco de la épica de tono realista a una tragedia propia de escenario teatral), Petróleo... sorprende por su hipnótico poderío visual y sonoro. La cámara recorre rostros, cuerpos, escenarios, se detiene en los trabajos y las rutinas, con la precisión y la voracidad de un estudioso del detalle. La música de Jonny Greenwood choca contra las imágenes de manera poco habitual, creando tensión y misterio, pero también produciendo un efecto simultáneo de inmersión y distanciamiento, de manera no del todo disímil a la de la música de Radiohead, banda de la que Greenwood es guitarrista.

Es difícil no leer Petróleo sangriento en clave de actualidad política. Y allí todas las referencias posibles (las guerras, la dinastía Bush, la combinación de intereses entre fundamentalismo cristiano y capitalismo salvaje) funcionan a la perfección. Pero el filme está hecho para trascender la coyuntura. Más allá de las incontables lecturas de la historia y de la fascinación que produce su arriesgada factura estética, Petróleo... cuenta la historia de un hombre solo, de alguien que creyó que podía controlar el mundo a su antojo hasta que el mundo -o el tiempo, el destino, o la misma soledad- se lo tragó en un lago de fuego y de azufre, de sangre y de muerte.

Diego Lerer (Clarín)


"Petróleo sangriento"

There will be blood
Estados Unidos, 2007, 158 minutos

Dirección
Paul Thomas Anderson

Guión:
Paul Thomas Anderson

Fotografía:
Robert Elswit

Música:
Jonny Greenwood

Montaje:
Dylan Tichenor

Protagonistas:
Daniel Day Lewis, Paul Dano, Martin Stringer, Kevin O`Connor, Ciarán Hinds, Dillon Freasier



Calificacion: 10

Género
Drama

Estreno en Argentina
21/02/2008

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