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Publicado el 01/03/2007

Tiempo de vivir

Romain (Melvin Poupaud) con su abuela (Jeanne Moreau)

El cine conciso y elegante de François Ozon se vuelve aquí más económico en las palabras y más seco en la expresión de los sentimientos para abordar otra vez el arduo tema de la muerte. No se trata ya de la resistencia a aceptar la desaparición del otro (del ser amado), como sucedía en Bajo la arena , sino del espinoso proceso íntimo que vive un hombre joven a partir del momento en que le diagnostican una enfermedad terminal.

Ya no hay atajos para negarse al duelo y consolarse con la vana persecución de un fantasma o con la espera de una imposible resurrección; aquí se trata de la muerte real, concreta, que se avecina y obliga a pensar qué hacer con el poco tiempo que queda por vivir. Quizá, después de la cólera y la negación, venga la lenta aceptación, la necesidad de hacer las paces: con los demás y, sobre todo, con uno mismo. Quizás, ahora que el fin está cerca, pueda aprenderse a reconocer y saborear de veras las mejores cosas de la vida. Y retenerlas, apresarlas en imágenes, en sensaciones, en climas. O en esas fotografías con las que el protagonista intenta fijarlas en el tiempo.

El tema, muchas veces acometido por el cine para hablar de la esperanza, el sacrificio o la redención, elige aquí otro rumbo, bien distante del melodrama: el modo conciso y descarnado de Ozon refuerza la emoción, pero descarta la sensiblería. Además, el cineasta sabe sortear los clisés, abandonándolos a tiempo con la ayuda de un montaje afilado o imponiéndoles un giro sorpresivo: cuando en el comienzo Romain (Melvin Poupaud) va al hospital y le anticipan que las noticias no son buenas, pregunta: "¿Es sida?" y la negativa del médico pinta un muy fugaz alivio en su rostro. (Hay una situación similar al final, cuando la que pregunta es la mujer a la que ha dejado embarazada.)

Cuando Romain, exitoso fotógrafo, homosexual, escasamente simpático y bastante egoísta, conoce el diagnóstico, renuncia al tratamiento y decide ocultar la noticia a los suyos y apartarse de todos, incluso de su joven amante, con quien rompe bruscamente. Sólo comparte la noticia con su abuela, la única que puede comprenderlo porque, él mismo lo dice, está tan cerca de la muerte como él. Es una escena central del film (y una de las más bellas), en parte por la sabia serenidad de la anciana, que le da contención y le muestra cuántos rasgos de carácter les son comunes, y en parte por todo lo que la incomparable Jeanne Moreau es capaz de añadirle al personaje con su sola presencia y con todo lo que ella trae consigo. A partir de entonces, el proceso íntimo de Romain va evidenciándose a través de pequeñas escenas aparentemente insignificantes: Ozon sabe cómo hacer de esas observaciones casi banales síntomas de la transformación del muchacho y de la gradual comprensión de su mortalidad. En este terreno, es importantísimo el aporte que hace Poupaud, con su bello rostro a veces transparente y con la variedad y sutileza de sus recursos expresivos.

De a poco, Romain irá encontrando la forma de despedirse de quienes lo rodean, sin que ninguno sepa que sus breves gestos de reconciliación esconden un callado adiós. De a poco también irá deslizándose deliberadamente hacia un anonimato total. Hasta que sólo sea un cuerpo más entre los muchos que yacen bajo el sol en la playa, un escenario bien significativo en el cine de Ozon.

Pero antes, habrá otras situaciones, la más determinante de las cuales -el encuentro con una mujer en un parador de la ruta- resulta funcional al propósito del realizador aunque menos convincente en términos de rigor narrativo.

Conviene no entrar en detalles sobre el episodio, pero sí hay que destacar que Ozon exhibe aquí otra vez su sensibilidad al envolver en un clima de pudorosa e íntima ternura una osada escena de cama. Y anotar que a Valeria Bruni-Tedeschi no hay papeles que le queden chicos.

Fernando López (La Nación)


"Tiempo de vivir"

Le temps qui reste
Francia, 2005, 85 minutos

Dirección
François Ozon

Guión:
François Ozon

Fotografía:
Jeanne Lapoirie

Música:
Arvo Pärt, Aleksandr Knaifel y otros

Montaje:
Monica Coleman

Protagonistas:
Melvin Poupaud, Jeanne Moreau, Valeria Bruni-Tedeschi, Daniel Duval, Marie Rivière, Christian Sengewald



Calificacion: 9

Género
Drama

Estreno en Argentina
01/03/2007

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