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Publicado el 27/10/2006

Nacido y criado

Ya desde la contundente secuencia de títulos (fotos que registran toda la felicidad de una familia mientras de fondo se escuchan como contraste las descarnadas estrofas de "Sangre", a cargo de la desgarradora voz de Palo Pandolfo), Pablo Trapero prenuncia que esas imágenes idílicas tendrán, inevitablemente, una contracara trágica.

Lo mismo ocurre cuando, en los primeros quince minutos de éste, su cuarto largometraje después de Mundo grúa, El bonaerense y Familia rodante , se dedica a retratar la existencia cotidiana del matrimonio protagónico (Guillermo Pfening y Martina Gusman) junto con su hija Josefina. Más allá de algún pequeño cortocircuito, de ciertos miedos e inseguridades que se alcanzan a intuir en un diálogo o en un gesto, todo parece digno de un cuento de hadas: un creciente éxito profesional como diseñadores de interiores, ambiciosos proyectos con viajes incluidos, holgura económica, confort hogareño, buen sexo y un contexto general que no genera inconvenientes mayores.

Pero la sangre de la canción de Pandolfo irrumpe de la manera más brutal e inesperada. Un capricho infantil, un enojo paterno y un mínimo descuido al volante derivan en un accidente, cuyo resultado no conoceremos hasta el final, pero que se adivina devastador.

Tras ese prólogo inmaculado (todo luce perfecto, bello, impecable, con preeminencia del blanco), la película cambia de tono, de registro, de género, de estética, de ritmo, de geografía. Santiago, el yuppie porteño que parecía tener la felicidad dominada, el mundo bajo control, aparece deambulando como un zombie en un pueblo perdido cerca de El Calafate. Los suntuosos objetos de diseño del comienzo han dejado paso a la precariedad de una casa ubicada junto a un pequeño aeropuerto, donde encontrará un trabajo no demasiado exigente. El sol de Buenos Aires se ha transformado en una tormenta que parece eterna. El blanco de la Patagonia nevada nada tiene que ver con la pulcritud del arranque. Aquí se confunde con el marrón del barro y la negrura de las largas noches.

La dimensión de la tragedia se aprecia en el rostro demudado de Santiago, en su piel quemada, en su pelo y su barba desaliñados, en sus constantes borracheras y en sus súbitos ataques de vómito, en sus alucinaciones, en sus accesos violentos, en su creciente desconexión del mundo. Sus únicos aliados son Robert (Federico Esquerro), un joven que trata de sobrellevar como puede el inesperado embarazo de su novia, y Cacique (Tomás Lipán), un veterano toba desterrado con problemas familiares y de salud.

Ensayo sobre la dificultad extrema a la hora de lidiar con la pérdida, la culpa y el dolor, Nacido y criado es una película dura, por momentos grave y bastante sórdida. Si no toda la construcción dramática funciona de manera armoniosa y redonda, la maestría cinematográfica de Trapero hace que cada escena contenga elementos, conflictos, observaciones, detalles siempre inquietantes y por momentos fascinantes.

Conforme avanza su carrera, Trapero ha ido depurando su estilo. Hoy, cada uno de sus largos y exquisitos planos-secuencia alcanzan a transmitir en toda su complejidad esa extraña mezcla entre naturalismo y costumbrismo, más los hallazgos que pueden surgir a partir de cierta improvisación actoral, pero en el contexto de planificados movimientos de cámara. Es como si el director tuviera una extraña habilidad para construir (o, mejor dicho, capturar) pequeños-grandes fragmentos de vida de sus atribuladas criaturas. Si Trapero luce cada vez más sólido como narrador, su dispositivo visual también se agiganta de forma paulatina a partir del exitoso tándem que ha conformado en sus últimos tres largometrajes con el notable camarógrafo y fotógrafo Guillermo Nieto.

La forma en que la cámara captura la luz natural de los escenarios de la Patagonia más salvaje (desde sus imponentes montañas hasta sus bosques, que remiten a El aura , de Fabián Bielinsky, desde sus llanuras desoladas hasta los pueblos fantasma) es digna de artistas consumados. Esa capacidad tan infrecuente en el cine argentino se extiende a la hora de trabajar los contrastes y los matices en los distintos climas que se van creando a partir de una ajustada puesta en escena y del apuntado entramado visual.

Más allá de algunos desniveles y excesos interpretativos, los actores sintonizan a la perfección con la búsqueda de Trapero. Es ese compromiso absoluto para con el director el que les permite sortear algún que otro trastabilleo. Deja Nacido y criado la sensación de que un guión algo más preciso, ajustado, habría permitido redondear una gran película. Es como si el indudable talento natural, ese animal de cine que lleva adentro, le permitiera a Trapero sortear cualquier contratiempo en el set o más tarde en la sala de edición. Cuando alcance a aceitar más la escritura de sus historias, Trapero -que ya es un gran cineasta- está llamado a ser uno de los directores más importantes ya no sólo del panorama local. Tiene apenas 35 años y cuatro muy buenas películas que avalan este comentario algo aventurado y que ojalá también resulte premonitorio. Muy buena.

Diego Batlle (La Nación)


"Nacido y criado"

Nacido y criado
Argentina-Gran Bretaña-Italia, 2006, 100 minutos

Dirección
Pablo Trapero

Producción:
Matanza Cine

Guión:
Pablo Trapero y Mario Rulloni

Fotografía:
Guillermo Nieto

Música:
Palo Pandolfo

Montaje:
Ezequiel Borovinsky y Pablo Trapero

Protagonistas:
Guillermo Pfening, Martina Gusmán, Federico Esquerro, Tomás Lipán, Nilda Raggi y Victoria Vescio



Calificacion: 8

Género
Drama

Estreno en Argentina
26/10/2006



© FOTOGRAMA.com