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Publicado el 11/01/2001

El Marqués de la libertad

"Arrogante, irascible, extremista en todo, con una imaginación disoluta
que nunca antes había sido vista . . . ahí me tienes en un manicomio,
y mátame otra vez o acéptame como soy, ya que no cambiaré."

De la Última Voluntad y Testamento del Marqués de Sade

Después de transcurrir su vida por varios calabozos, el Marqués de Sade, escritor y aristócrata francés, fue remitido al Asilo de Charenton. Desde este punto y a hasta su muerte es el fragmento que encara el film dirigido por Philip Kaufman. Afortundamente para algunos y lamentablemente para otros, el film no es un catálogo de perversiones como pudiera imaginarse el espectador común al ecuchar semejante nombre vinculado al título de la película, sino un prístino y saludable homenaje a la libertad de expresión.

Coulmier, un joven sacerdote a cargo del asilo para dementes donde se encuentra recluido el Marqués, cree que todo lo que pueda escribir el lujurioso aristócrata es una cura para exorcisar aquellos demonios que lo llevan a cometer delitos abominables (todo aquel que conozca un poco más de la vida del escritor sabe que casi la mitad de sus vida estuvo recluido en una carcel y que estuvo lejos de probar en carne propia todo lo que sus palabras simulaban conocer por experiencia). Por eso, también, le permite a un pirómano que dibuje y pinte "fuego" (llamas de...) antes de que realmente lo encienda.

Todo marcha en armonía. El Marqués vive en un celda "casi" como en su hogar. Gracias a Coulmier puede tener libros, objetos personales y lo más importante para él: papel, tinta y plumas para escribir. Es más, puede charlar amigablemente con Coulmier e incluso dirigir y ensayar una obra de teatro con una pequeña y bizarra "troupe" compuesta por los otros habitantes del asilo.

Coulmier y el Marqués, dos. Un tercer eje en juego es Madelaine, una joven y sensata lavandera que actúa en complicidad con el Marqués a cambio de unas monedas de recompensa. Ella sirve de intermediaria entre el Marqués y su editor.

A pesar de lo que pudiera pensarse, los contenidos libidinosos no llegan a corromper a su virginidad, que cuida celosamente para un hombre que la merezca. Ello no impide que piense en el "Abbé Coulmier" y él, tal vez, piense en ella.

En el exterior los libros se venden como pan caliente. El inmaculado emperador Napoleón ve aquellos textos como una plaga inmunda que conduce a la perdición del pueblo. Para evitar la nefasta propagación envía a un doctor experto en torturas a Charenton. Impedir que el Marqués siga escribiendo sus libros es el principal objetivo del doctor Royer-Collard. Este es el cuarto eje. Un médico que personifica la crueldad y la maldad oficial, la que con permiso del Estado puede censurar las ideas y en definitiva moldear una cultura. Un ser inmundo que envenena subrepticiamente a la sociedad. El color de su vestuario es un detalle interesante: a medida que su odio crece sus ropas oscurecen.

Coulmier presionado ante la posibilidad de perder su asilo debe forzar al Marqués de que abandone su escritura. Al mismo tiempo la joven esposa del Dr. Royer-Collard es seducida por las palabras del Marqués en su libro "Justine" y ubica en un joven y atractivo arquitecto la llave de su placer. Termina por escaparse con él. Esto enfurece al doctor y la venganza será dirigida contra el Marqués con toda su furia. Coulmier se ve obligado a quitarle lo único que necesita para vivir: la tinta, las hojas y las plumas. Pero el espíritu creador del Marqués no puede ser limitado tan fácilmente y acaba por verter sus ideas en una sábana con vino como tinta. Entonces, Coulmier, lo despoja de todo mobiliario y objetos personales. La degradación puede continuar un poco más y la insolencia del Marqués también.

Philip Kaufman es un cineasta poco común ya que como pocos tiene a cuestas una carrera universitaria, es historiador. Esto le ha permitido tomar contacto con la teoría y perderle el miedo a las obras literarias. Puede adaptar con soltura a un Milan Kundera y su "Unbearable Lightness of Being" (La Insoportable Levedad del Ser), pasando por Tom Wolfe y "The Right Stuff" (Los Elegidos), así como la historia de Henry Miller y Anaïs Nin (la famosa "Henry and June" que le dio vida a la calificación NC-17 en E.E.U.U.) y ahora último: encarar la controvertida vida del Marqués de Sade. Sobre quien se han escrito toneladas de textos, muchos de ellos de un alto nivel intelectual, incluido el de la genial Simone de Beauvoir. "Siempre he sentido una fascinación por la literatura extrema", dijo el propio Kaufman, que se basó en el libro de Doug Wright para darle vida al Marqués. De hecho, hasta tuvo la suerte de que Wright se interesara en escribir el guión.

En "Letras prohibidas" no hay nada al azar. Cada postura, cada movimiento, cada línea, cada escena registra la posición desde la que Kaufman induce al espectador a leer su obra. Una mirada nada original ya que desde hace mucho tiempo la intelectualidad -con contadas excepciones- valoró el legado del Marqués de Sade y desdeñó el compartamiento oficialista.

Cinco ejes marcan el mundo del Marqués y quedan plasmados en el film de Kaufman: el arte (Sade), la censura (Dr. Royer-Collard), la iglesia (a veces cómplice del estado con Coulmier), la sociedad (la esposa de Sade, la joven esposa del Dr. y el arquitecto) y la masa ignorante (Madeleine). El director articula el cruce de estos ejes con una intención primordialmente dramática antes que histórica; lo cual es obviamente adecuado ya que se trata de una película y no de un manual de historia.

Que le atribuya un rol protector y comprensivo del arte a la masa ignorante no es inocente (difícilmente ellos podían acceder a la lectura aunque fue en esa época cuando se inició la alfabetización de la clase trabajadora) pero la escena da la cuota emotiva necesaria y se comporta como único personaje cómplice del espectador.

Pero Kaufman, conocido por sus escenas de alto erotismo mezcladas con literatura, se aparta de aquellas escenas que pudieran traerle problemas para conducir al espectador hacia un "blanqueamiento" del escritor, utilizando como vehiculo a la vapuleada libertad expresión.

La manipulación de Kaufman parece racional, se aleja de la influencia intelectual y de la oblicuidad claramente polémica del personaje para elegir una mirada más amplia y comercial. Su única aproximación a los contenidos profanos de la literatura de Sade se ciñe a una escena donde el Marqués le lee su texto a Madelaine y juguetea con ella. Todo el resto del film está dedicado a enarbolar las banderas de la libertad, de los derechos del individuo garantizados por la constitución francesa: Igualdad, fraternidad y LIBERTAD. Su plan llega a conmover: el cuerpo puede destruirse pero las ideas jamás. Prueba de ello es que hoy en día tengamos al Marqués de Sade convertido en término de uso común y a sus libros defendiéndose con los dientes de los doctores "Royer-Collard" contemporáneos.

Las actuaciones son excepcionales al igual que el diseño de producción, ésta ultima basada en una reconstrucción minuciosa de la época y en los planos originales de Charenton. El vestuario es impecable. La fotografía es excelente, sofisticadamente precisa, con un interesante y leve virado al verde.

"Quills" es un film necesario que debe registrarse críticamente, pero que ayuda a las mentes abiertas a descubrir un poco más al hombre que fue a ese rincón de nuestro cerebro donde nadie se atrevió a entrar. Él lo transformó en su hogar, el más oscuro y profundo de los lugares... donde su mente encontró la libertad que tanto buscaba su cuerpo.

Andrés San Martín


"Letras prohibidas"

Quills
EE.UU., 2000, 121'

Dirección
Philip Kaufman

Producción:
Julia Chasman, Nick Wechsler y Peter Kaufman

Guión:
Doug Wright

Fotografía:
Rogier Stoffers

Música:
Stephen Warbeck

Montaje:
Peter Boyle

Protagonistas:
Geoffrey Rush, Kate Winslet, Joaquin Phoenix, Michael Caine.



Calificacion: 9

Estreno en Argentina
11/01/2001

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Notas relacionadas
Quién fue el verdadero Marqués de Sade

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