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Publicado el 04/01/2006

El Hijo

En "El hijo" nada es accesorio, todo es sustancial: la anécdota, simple, aunque encierra una historia compleja, a la vez dura y conmovedora; los personajes, muy pocos, quizá sólo dos, distanciados por casi todo pero vinculados por un oscuro secreto; las palabras, apenas las indispensables: ¿para qué recurrir a ellas si no alcanzarían a expresar en toda su rica ambigüedad las emociones que transmiten los ojos, los cuerpos, los modales, las acciones? Con su rara pureza formal y un rigor difícil de hallar en el cine de estos tiempos, los hermanos Dardenne van a fondo porque quieren atrapar lo humano en su manifestación más esencial, sorprender esos gestos -inexplicables, imprevisibles- reveladores de una condición que el hombre conserva aun en medio de un mundo tan individualista y deshumanizado como el de hoy. Andan detrás de la breve chispa de calor, de coraje o de nobleza que iluminará por un momento la sórdida realidad que ellos retratan con tanta franqueza y lucidez.

El film es preciso, duro y directo como sus personajes; en la atmósfera, tensa desde el comienzo, se percibe cierto nervioso malestar. La cámara asedia a Olivier, el experto en carpintería en torno al cual gira el relato. No hace falta explicación alguna para comprender que aquella irritación, aquel padecimiento interior le corresponden. El hombre -cuarentón solitario y fornido, la nuca tiesa, los movimientos enérgicos y controlados, una ancha faja de cuero en la cintura para proteger la maltratada espalda- enseña su oficio en un instituto de rehabilitación social para jóvenes. Un día llega al lugar Francis, muchacho hosco, casi inabordable en su silencioso hermetismo, y las autoridades se lo encomiendan. Olivier se rehúsa a admitirlo con el pretexto de que ya tiene suficiente con sus cuatro discípulos; sin embargo, comienza a rondarlo, a espiar sus movimientos (en el instituto y en la calle) de un modo cada vez más obsesivo, hasta que por fin acepta incorporarlo a su grupo.

En el porqué de la extraña conducta del hombre reside el secreto del pasado que el film demora en revelar y que conviene no detallar aquí: un luctuoso suceso que los ligó y marcó para siempre, aunque de modo bien diverso, sus vidas. Olivier sabe que es ese muchacho el que determinó su desdicha; Francis, en cambio, ignora que quien ahora es su instructor resultó víctima del atroz pecado adolescente por el cual ya tuvo su condena.

Donde otros hubieran construido un film de suspenso, los Dardenne miran más hondo. Apoyándose en dos actores formidables (Olivier Gourmet y Morgan Marinne) se deciden a seguir a sus personajes muy de cerca (tanto como lo permite la apremiante minicámara que utilizan), a observar lo que dicen con sus gestos, a percibir las emociones y las contradicciones en lo que expresan sus cuerpos o en las conductas que adoptan; a sugerir el dilema moral o la culpa que palpitan en su interior, a dilucidar los porqués de un acercamiento cuyo propósito ni siquiera el propio Olivier conoce. "No sé", le contesta a su ex mujer cuando ésta le pregunta por qué hace lo que hace. Y esa incertidumbre tensa los hilos del relato mientras en la relación entre el carpintero y su pupilo (¿un padre y un hijo dispuestos por el azar?) se teje una confusa trama de desconfianza, admiración, resentimiento, hostilidad, compasión y rencor.

Nadie reflexiona sobre lo que sucede, nadie lo explica; tampoco hay música que avive emociones. Los laberínticos corredores y escaleras por los que en un principio la cámara acompañó al hombre en su sigilosa persecución son los mismos en los que ahora parece debatirse su pensamiento. Hasta cuando estalla la forzosa violencia y arrastra consigo sentimientos contradictorios, los Dardenne evitan las explicaciones. Basta la precisión expresiva de su puesta en escena para abarcar toda la complejidad del tema. A puro cine también resuelven los cineastas belgas las últimas imágenes: la escena del aserradero, los dos cubriendo con un plástico los tablones elegidos, no necesita palabras. Es de una intensidad y una potencia emotiva como pocas veces se alcanzan en la pantalla.

"El hijo" parece un film sobre la redención y el perdón, pero hace más: repudia la venganza. Y en el fondo sólo (¿sólo?) reivindica y celebra el gesto primordial que ennoblece al ser humano: el reconocimiento del otro.


"EL HIJO"

Le fils
Bélgica-Francia, 2005, 100 minutos.

Dirección
Jean-Pierre y Luc Dardenne

Guión:
Jean-Pierre y Luc Dardenne

Fotografía:
Alain Marcoen

Protagonistas:
Olivier Gourmet, Jérémie Renier, Deborah François, Jérémie Ségard, Frabrizio Rongione



Calificacion: 6

Género
Drama

Estreno en Argentina
05/01/2006

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