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Publicado el 24/11/2005

Harry Potter, con temas de adolescentes

Cuatro años han transcurrido desde la primera versión cinematográfica de la popular saga literaria escrita por J. K. Rowling. Y si el tiempo pasa para los pequeños magos de Hogwarts (y también para sus actores y su público), es inevitable que vayan cambiando a la par sus intereses, búsquedas, necesidades, deseos y frustraciones.

Por eso, lo primero que surge al ver "El cáliz de fuego" es que ha dejado de ser una película sobre chicos para adentrarse en la bastante más compleja y misteriosa problemática adolescente, con su carga de torpeza, con la permanente búsqueda de la identidad, con sus envidias y pequeñas miserias, con la inexorabilidad de la muerte y, claro, con el despertar sexual como elemento insoslayable.

Ya desde la escena inicial -una tenebrosa pesadilla de Harry Potter (Daniel Radcliffe) con calaveras y serpientes en la que se esboza la presencia física del malvado y poderoso lord Voldemort- queda claro que estamos ante la más oscura de las cuatro entregas de la serie y que, no por casualidad, es la primera en recibir la calificación "sólo apta para mayores de 13 años".

Mike Newell -primer director inglés que asume la conducción de una de las entregas de esta fábula tan británica- construye durante los 157 minutos (hay que restarle ¡13 minutos! de créditos finales) varias secuencias espectaculares, como un partido del campeonato mundial de Quidditch en un gigantesco y moderno estadio, batallas aéreas contra dragones, enfrentamientos con criaturas submarinas e incursiones en laberintos encantados, que se sustentan en el prodigioso despliegue de efectos visuales generados por computadora a cargo del equipo de Industrial Light & Magic y propio de una superproducción de 140 millones de dólares de presupuesto.

Pero aunque a las incondicionales legiones de seguidores de estos libros y películas poco les interesen cuestiones tales como la fluidez narrativa, la elegancia visual o la construcción, el peso y la evolución dramática de los distintos personajes, queda claro que el profesionalismo de Newell (el mismo de "Cuatro bodas y un funeral" y "Donnie Brasco") queda eclipsado en la comparación ante la maestría (belleza y profundidad) demostrada por el mexicano Alfonso Cuarón en "El prisionero de Azkaban".

Por momentos, esta versión fílmica de un libro que ronda las 700 páginas (depende del idioma y de la edición) luce demasiado fragmentaria y recortada. Así, en vez de conseguir una sucesión armoniosa de escenas que se van potenciando con el devenir del relato, por momentos se parece más a una acumulación de situaciones y especialmente de personajes que -en su mayor parte- no tienen más que un par de apariciones y parlamentos. Incluso en algunos casos, como el de la periodista sensacionalista que interpreta Miranda Richardson, termina cayendo en el estereotipo más patético.

La trama se centra en la competencia entre tres representantes mayores de 17 años de otras tantas escuelas de magos: un atlético búlgaro, una atractiva rubia francesa y el bienintencionado Cedric Diggory, elegido por Hogwarts. Harry Potter, con sus escasos 14 años, no puede participar de este riesgoso Torneo de los Tres Magos, pero un misterioso conjuro hace que finalmente deba ser incluido por su mentor y protector, el profesor Dumbledore (Michael Gambon).

Mientras se suceden los peligros -y las hazañas-, aparece en escena una de las pocas incorporaciones de peso de esta cuarta entrega: Alastor "Ojoloco" Moody (el gran Brendan Gleeson), un otrora prestigioso y hoy decadente profesor con look de pirata, al que muy pocos aprecian y casi todos tildan de loco, que se convierte en el entrenador y consejero de Harry en la disputa. En medio de las pruebas, por supuesto, hay lugar para típicas bromas adolescentes, pero también para la curiosidad sexual, para los primeros escarceos amorosos en un baile y para la desconfianza, los celos y las lealtades entre el protagonista y sus inseparables amigos Ron Weasley (Rupert Grint) y Hermione Granger (Emma Watson).

Justo cuando la película empieza a tornarse demasiado monótona y previsible aparece en escena por primera vez de cuerpo y alma lord Voldemort, el gran rival de Harry y responsable además de la muerte de sus padres. Le alcanzan a un Ralph Fiennes sin nariz un par de escenas a la Darth Vader (el malo de "Star Wars") no sólo para levantar la puntería de la película, sino también para convertirse en el principal hallazgo del film. Toda buena película, se sabe, debe tener un buen contrapeso, un villano de fuste. En "El cáliz de fuego", el Voldemort de Fiennes está a la altura de un héroe tan carismático como Harry Potter.

Diego Batlle (La Nación)


"Harry Potter y el cáliz de fuego"

Harry Potter and the Goblet of Fire
Gran Bretaña-Estados Unidos,2005, 157 minutos

Dirección
Mike Newell

Guión:
Steve Kloves, basado en la novela de J. K. Rowling

Fotografía:
Roger Pratt

Música:
Patrick Doyle

Montaje:
Mick Audsley

Protagonistas:
Daniel Radcliffe, Rupert Grint, Emma Watson, Stanislav Ianevski, Clémence Poésy, Robbie Coltrane, Ralph Fiennes, Michael Gambon, Brendan Gleeson, Alan Rickman, Maggie Smith, Timothy Spall, Katie Leung y Miranda Richardson



Calificacion: 7

Género
Aventuras

Estreno en Argentina
24/11/2005



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