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Publicado el 20/10/2005

Adictos al sexo

John Waters, probablemente el director más irreverente, revulsivo y contestatario del cine independiente estadounidense de los últimos 35 años, redobla su permanente apuesta con "Adictos al sexo", una nueva sátira con la que intenta cuestionar la mojigatería, represión e hipocresía que, según él, dominan a buena parte de la sociedad de su país.

Como en toda su filmografía (desde "Pink Flamingos" hasta "Polyester", pasando por "Hairspray", "Llora nena", "Pecker" o "Cecil B. DeMente"), Waters apela a un humor negrísimo, a la exageración y, muy especialmente, a la provocación constante para construir una mirada siempre crítica sobre el conservadurismo, en este caso dentro de una en principio apacible comunidad de su Baltimore natal. El saldo de esta acumulación de excesos, bromas pesadas, situaciones absurdas y delirantes números musicales es inevitablemente desparejo, pero con un nivel de osadía y desinhibición que los incondicionales seguidores de Waters sabrán festejar.

Apodado desde hace décadas el rey de las películas "trash", del cine bizarro, este anarquista que se dedica a subvertir varios de los principales postulados de la corrección política que impera en Hollywood no ahorra en diálogos procaces, situaciones chocantes y hasta detalles escatológicos que pueden herir la sensibilidad y ofender los principios (religiosos, morales) de cierto segmento de público más desprevenido.

El guionista y director no se preocupa tampoco por eludir cierta predilección por el mal gusto y hasta se regodea en él para impactar y conmover al espectador. Pero incluso en medio de esa sordidez y de la falta de sutileza Waters deja aflorar una querible reivindicación de sus antihéroes de clase media trabajadora con algunos destellos de melancolía, de inocencia y hasta de lirismo.

Acompañado por varios populares actores, músicos y animadores amigos, Waters construye una obra desenfrenada y de estructura coral cuyo eje es un matrimonio bastante reprimido (Tracey Ullman y Chris Isaak) que intenta contener los deslices de su hija (Selma Blair), una popular vedette y stripper a la que prácticamente han confinado en su habitación. Un evento fortuito hace que la protagonista, un ama de casa muy elemental, se convierta en ninfómana y se sume a un grupo de adictos al sexo encabezado por el desaforado Ray-Ray (Johnny Knoxville). Surge, entonces, una verdadera batalla entre dos bandos tan fanáticos como opuestos: los sexópatas (algunos aceptan concurrir a un grupo de autoayuda) y unos puritanos que se organizan para detener esa escalada amoral.

Entre situaciones hilarantes y otras bastante monótonas y reiterativas transcurren los 89 minutos de este film que Waters debió cortar en varias de sus escenas de desnudos y vulgaridades por presión de la censura norteamericana. El resultado es un panfleto en favor de la libertad sexual y de expresión que incluye homenajes varios al cine de clase B de los años 50, a leyendas del movimiento underground como Russ Meyer y al género musical más surrealista. Precisamente la omnipresente banda sonora, con una treintena de clásicas canciones interpretadas por Screamin´ Jay Hawkins, Frankie Laine, Johnny Burnette o Jerry Lee Lewis, entre otros, convierte a este film en una gran fonola con el sello de ese melómano que también es el iracundo John Waters.

Diego Batlle (La Nación)


"Adictos al Sexo"

A dirty shame
Estados Unidos, 2004, 89 minutos

Dirección
John Waters

Guión:
John Waters

Fotografía:
Steve Gainer

Música:
George Clinton

Montaje:
Jeffrey Wolf

Protagonistas:
Tracey Ullman, Johnny Knoxville, Selma Blair, Chris Isaak, Suzanne Shepherd, Mink Stole



Calificacion: 7

Género
Comedia

Estreno en Argentina
20/10/2005

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