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Más allá de explicaciones psicologistas —que la película no intenta ni condicen con su aire leve, burlón y desenfadado— la disposición para un cierto tipo de travesuras podría tener todo que ver con el trabajo de estos antihéroes. John Beckwith y Jeremy Klein se ganan la vida, bastante penosamente, en el estudio que comparten como mediadores en casos de divorcio. Cuando ya se ha llegado al insulto y la agresión, el dúo trata de concluir la cadena bélica con un reparto de bienes lo más racional posible.
Así se comprende que, ya en sus treintenas, estos adultos relativos procuren mitigar o, por lo menos, olvidar tanto fracaso, colándose en ceremonias nupciales y sus respectivos agasajos. Los que, considerando que la acción transcurre en la imperial Washington, son de enorme lujo y abundancia, con víveres y bebidas de lo mejor, al igual que las muchachas que son el objetivo primordial de los irresponsables y que la película exhibe generosamente.
En verdad, antes que rompebodas —no quieren arruinarle la felicidad a nadie en tanto ellos disfruten— John y Jeremy son invasores vocacionales, inclusive animadores de fiestas italianas, judías o de cualquier etnia que adoptan como propia haciéndose pasar por familiares remotos.
Pero de tanto militar en la farra corrida uno y otro terminan involucrándose con Claire y Gloria Cleary, hijas de un Secretario del Tesoro y hermanas de una flamante esposa. Quién se queda con quién es menos importante, que el desfile de bellezas que caen —-en más de un sentido— bajo las seducciones del dúo. Y los enredos con que éstos se complican y que explican el por qué del éxito enorme que el filme tuvo en los Estados Unidos.
A Los rompebodas sería inútil exigirle un grado de sutileza que ni busca ni tiene, apostando en cambio —y con efectividad— al chiste sin prejuicios y las situaciones cómicas. En ese sentido cumple con su propósito de entretener, apoyándose en un ritmo veloz, en las bellezas de Rachel McAdams e Isla Fisher como las hermanas, y en las solvencias de Owen Wilson y Vince Vaughn como los protagonistas. Y en Christopher Walken y Jane Seymour, en dos de los secundarios más destacados.
Anibal M. Vinelli (Clarín)
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