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Publicado el 09/09/2005

Un directo al corazón

Si una mente afiebrada imaginara esta historia probablemente nadie la creería. Pero en el caso de James J. Braddock (1905-1974) fue así, tal como lo muestra El luchador, filme rebosante de energía y de esperanza aún con el marco de un deporte/espectáculo/negocio tan cruel (y en ocasiones tan apasionante) como es el boxeo.

Hacia 1928 Braddock ascendía en los rankings del pugilismo rentado y exhibía una situación económica sólida y una vida personal muy feliz junto a su mujer Mae y los pequeños hijos de ambos. Pero en cuestión de pocos meses todo se derrumbó a partir de dos circunstancias: se rompió la mano derecha en un combate y la Gran Depresión —como a millones— lo dejó en la lona y sin ahorros.

Tocaría fondo cuando, sin quedarle nada por vender o empeñar, le cortaron la luz por falta de pago, ya nadie le fiaba los alimentos y hasta le revocaron la licencia para pelear. Y apenas si sobrevivía cargando bolsas en los muelles con la única mano sana que le quedaba, lo que fortificó esa izquierda que hasta entonces había sido casi un adorno.

Entre 1934 y 1935 todo volvió a cambiar cuando, en un retorno insólito, derrotó a tres contendientes de primera línea y se convirtió en el rival obligado para disputarle el título a Max Baer. El 13 de junio de 1935, en un combate memorable, James J. Braddock disputó el título mundial de los pesados para alegría de una nación empobrecida que lo había convertido en ídolo.

Entre los muchos aciertos de El luchador figura en primer lugar su historia y la manera, astutamente graduada, en que la cuenta el director Ron Howard, bellamente fotografiada por quien fuera su fotógrafo en el western Las desapariciones, Salvatore Totino. Sí, es una narración del boxeo pero también una odisea personal, una historia de amor y desesperación y un retrato de la crisis del '29 y después. Magníficamente ambientada en las filas de desocupados, las multitudes que pujan por los escasos empleos, la humillación de pedir una limosna. Y la ironía de, por ejemplo, una canción de fondo del gran Eddie Cantor que anuncia que cierran los bancos y ya casi no quedan borrachos porque no hay dinero ni para alcohol...

Además de Crowe, el lucimiento viene en una medida bastante aproximada para el siempre digno de ver Paul Giamatti como el manager Joe Gould y, menos, para Renée Zellwegger. Que a menudo parece menos la sacrificada esposa Mae que una muñequita de lujo. Y también, en una creación, el Max Baer sádico y camorrista que juega Craig Bierko.

Desde el primer tañido de la campana hasta el último, El luchador —con formidables coreografías que reproducen tres o cuatro peleas esenciales— es un eficaz producto, que se engrandece evitando esos pecados supremos de tanto cine actual de la pedantería y el aburrimiento e involucra gratamente al espectador, a fuerza de emoción y sentimientos. Un directo al corazón

Anibal M. Vinelli (Clarín)


"El luchador"

Cinderella Man
Estados Unidos, 2005, 144 minutos

Dirección
Ron Howard

Guión:
Cliff Hollingsworth, Akiva Goldsman

Fotografía:
Salvatore Totino

Música:
Thomas Newman

Montaje:
Mike Hill, Dan Hanley

Protagonistas:
Russell Crowe, Renée Zellweger, Paul Giamatti, Craig Bierko, Paddy Considine, Bruce McGill



Calificacion: 8

Género
Drama

Estreno en Argentina
08/09/2005

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