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Publicado el 01/09/2005

Un descubrimiento

Entre la contemplación y la melancolía, llevando al espectador sin prisas hacia un lugar al que muy pocas películas argentinas recientes lo han llevado, el segundo largo de Inés de Oliveira Cézar, Como pasan las horas, es un filme que logra que una forma de hacer y entender el cine —un clima, un tempo, una mirada— a las que habitualmente se relaciona con la distancia contemplativa, se traduzca aquí en emociones profundas, duraderas e intensas.

El filme no podría ser más sencillo en su planteamiento formal. Es la historia de un matrimonio con un hijo, cuyos caminos se bifurcan en dos viajes paralelos. Por un lado, la mujer (Roxana Berco) va a buscar a su madre, enferma (interpretada por su madre en la vida real, Susana Campos, en su último papel en cine), que habita en un paraje alejado y boscoso.

Con una sensación de finalidad, de ser probablemente el último encuentro entre ambas, las dos caminan, charlan, se sientan en el bosque, cantan y se miman. Los paralelos con Madre e hijo, de Aleksander Sokurov, no son casuales: la directora utiliza por momentos el mismo lente distorsionador, anamórfico, que el ruso usó en aquel clásico filme, cuyo tema tenía bastantes puntos de contacto con éste. Y el paralelo con la vida real acrecienta la emoción contenida (nunca explotada ni banalizada) de las escenas.

Pero más allá de la emotividad de ese encuentro, buena parte de la lenta tensión dramática que va construyendo este sugestivo filme tiene lugar en el otro paseo, el que emprenden el padre (Guillermo Arengo) y su hijo (Agustín Alcoba), que viajan en camioneta hasta un desolado paraje playero y parten en una larga caminata que incluye sencillas conversaciones y largos silencios y que se interna en una zona cada vez más intensa y dramática.

El filme no fuerza ninguno de estos puntos (salvo, si se quiere, el "homenaje" a Sokurov), si no que respeta los tiempos, los silencios y los movimientos pausados de estos cuatro seres a lo largo de unas pocas horas de un día que evoluciona hacia lugares inesperados.

Oliveira Cézar filmó en digital, ampliado luego a 35mm., pero las imágenes no pierden su capacidad de sugerir y de transmitir emociones, aunque sea solo a base de un plano largo de las olas cayendo sobre la playa, o de dos personas caminando en silencio por el bosque.

En su afán de "ser" más que de "representar", el filme es profundamente cinematográfico, dejando de lado casi todos los resortes dramáticos convencionales y de estructura conocidos. Con una clara influencia del cine contemplativo de autores del Este de Europa (como Bela Tarr, Angelopoulos, Tarkovski o el citado Sokurov), Como pasan las horas resulta una película verdadera, honesta y tocante. Un filme que está entre lo mejor de este discreto año del cine nacional, al menos en términos de descubrimientos.

Diego Lerer (Clarín)


"Como pasan las horas"

Como pasan las horas
Argentina, 2005, 85 minutos

Dirección
Inés de Oliveira Cézar

Guión:
Inés de Oliveira Cézar, Daniel Veronese

Fotografía:
Gerardo Silvatici

Música:
Martín Pavloski

Montaje:
Ana Poliak

Protagonistas:
Roxana Berco, Guillermo Arengo, Agustín Alcoba, Susana Campos, Pedro Recalde, Javier Fainzaig



Calificacion: 7

Género
Drama

Estreno en Argentina
01/09/2005



© FOTOGRAMA.com