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Publicado el 21/07/2005

No está muerto quien pelea

Ya nada es lo que parece. En un mundo semidevastado, los zombies no sólo deambulan buscando morder un pedacito de carne. Han logrado comunicarse entre ellos, aunque más no sea de un modo rudimentario, y marchan, en patota/piquete rumbo a la gran ciudad, donde el venerado malvado de turno (Denis Hopper) ha construido un edificio de lujo en el que viven los ricos y poderosos.

A los zombies los mueve —es un amanera de decir al verlos tambalearse— la venganza. Bien cabe aquéllo de que no está muerto quien pelea, tanto para los zombies como para George A. Romero.

En la visión de Romero —que vuelve a la carga tras otras tres películas sobre muertos vivos, la primera de 1968—, esta vez la lucha de clases se da directamente entre los vivos-vivos. Todos quieren sobrevivir —los muertos vivos también—, y los vivos más pobres viven en la calle y erigen barricadas, que los ricos han electrificado para, llegado el caso, impedir que los muertos vivos se puedan acercar.

Pero Romero ha tipificado desde el casting a las distintas clases de personajes. O sea: el líder de los muertos vivos es negro; el líder de los malos vivos, es latino; el bueno de los vivos, es blanco y rubio.

Unos mercenarios van, mejor, de noche, a la búsqueda de provisiones, cuando a los zombies se los puede engañar tirando luces de bengala. Uno de ellos, Cholo (John Leguizamo) trabaja para el Donald Trump de la ciudad, el Señor K (de Kaufman), interpretado por Dennis Hopper.

Cuando Cholo se sienta traicionado —el señor K. no lo deja habitar en su opulento edificio: no es Cholo el único vivo tratado como un refugiado más—, se adueñará del gigante camión blindado y armado, que Riley (Simon Baker) tratará de recuperar. Riley es el héroe, el hombre que quiere salvarse el pellejo, pero que a la vez tiene tan buen corazón como para sentir dolor cuando los vivos pobres están por ser deglutidos por los zombies.

A Riley lo acompaña una joven atlética que fue tomada por prostituta (Asia Argento, hija de otro maestro del terror, el italiano Dario Argento), para conformar la parejita bondadosa.

El giro metafórico es claro: uno puede vivir en un mundo ficticio y no ver a su alrededor ni el sufrimiento ni la pobreza. Y que el Señor K. representa el poder norteamericano es tan fácil de adivinar como que las minorías oprimidas, aunque unidas, pueden ser vencidas.

No deja Tierra de muertos un sabor fácil de digerir, aunque el propósito primordial de Romero sea el de asestar buenos sustos al espectador, cosa que logra con armas potentes y un gusto sanguinoliento. Tripas, vísceras, cabezas que estallan, huesitos que chupar, todo es bien, bien gráfico para el placer de un público sediento en terror grandguiñolesco.

Pero ya se sabe: lo esencial, muchas veces, es invisible a los ojos.

Pablo O. Scholz (Clarín)


"Tierra de los muertos"

Land of the dead
Canada/Francia/Estados Unidos, 2005, 93 minutos

Dirección
George A. Romero

Producción:
Mark Canton, Bernie Goldmann, Peter Grunwald

Guión:
George A. Romero

Fotografía:
Miroslaw Baszak

Música:
Reinhold Heil, Johnny Klimek

Protagonistas:
Simon Baker, John Leguizamo, Asia Argento, Robert Joy, Dennis Hopper, Eugene Clark



Calificacion: 8

Género
Terror

Estreno en Argentina
21/07/2005



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