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Publicado el 23/06/2005

La secretaria de Hitler

Traudl Junge

Bastan un rostro, una voz, una experiencia singular y terrible vivida en el pasado y la voluntad de aventurarse en la memoria para examinar la propia conducta, exorcizar los fantasmas de la culpa y exponer ese proceso a la mirada de los otros. Basta una cámara que sepa observar y estarse quieta, consciente de que las palabras, la forma en que se dicen y la transparencia de las miradas y los gestos exigen esa desnudez formal para que el resultado sea un testimonio contundente.

De la recreación ficcional de "La caída" nos ceñimos aquí al testimonio directo. De la reconstrucción de hechos del pasado (a partir de distintas fuentes y plasmada según las leyes y los recursos de la representación) a la confesión en primera persona extraída de la propia memoria, con todo lo que ella arrastra de autoexamen, de reflexión, de culpa, de perplejidad, de racionalización. Por eso es casi un abismo el que separa al controvertido film alemán aún en cartelera de esta producción documental que llega con alguna demora y con la que, sin embargo, guarda un estrecho parentesco, no sólo porque ambas obras abordan los días finales de Hitler y del régimen nazi, sino también porque buena parte del testimonio aportado por la que fue secretaria del Führer -protagonista excluyente de esta obra despojada, potente y conmovedora- sirvió de sustento al guión de la otra. Sin intermediarios, transmitida por quien la vio de cerca, aun desde ese punto ciego del que habla el título original, la atrocidad nazi se hace aún más desgarradora.

Son noventa minutos de una entrevista que Traudl Junge concedió a los directores austríacos Heller y Schmiderer en 2001 para hablar de su experiencia y de su empecinado y doloroso autoexamen. El film habla de Hitler tanto como de Traudl Junge; no hay grandes revelaciones, pero a partir de ella y su historia personal (de su desprotección, su indiferencia, su ligereza o su ceguera) alude también a los otros, y no sólo a sus compatriotas o a su generación, sino a todos los hombres, a su peligrosa apatía, su inconsciencia y su comodidad.

En 1942, cuando tenía 22 años, Traudl se convirtió en una de las secretarias personales del Führer y estuvo en contacto casi diario con él durante tres años, hasta el derrumbe final y el suicidio en el búnker. El amable caballero que hablaba en voz baja y que la eligió entre varias postulantes poco se ajustaba a la figura vociferante de su imagen pública. Le provoca ira pensar en la muchacha que era, no tanto por haberlo ignorado casi todo acerca del régimen (no se hablaba de política en su casa) sino por no haber tenido la curiosidad de averiguar. "No debía ser tan difícil hacerlo", se dice pensando en Sophie Scholl, la chica de su edad que fue asesinada por oponer resistencia a los nazis el mismo año en que ella se convirtió en asistente de Hitler.

Al mismo tiempo que Traudl evoca hechos (muchas veces domésticos) en los que participó o de los que fue testigo, se evoca a sí misma, a veces tratando de explicarse el porqué de su conducta, a veces racionalizándola; otras, la mayoría, asumiendo la responsabilidad sin buscar disculpa ni consuelo. Sólo una vez, cuando recuerda a la hija mayor de los Goebbels, y a su mirada reveladora de que sabía de su inminente y trágico fin, se cubre la cara con las manos. Durante el resto de la entrevista no oculta la mirada, que traduce con rara transparencia su sentimiento interior: se ven en ella el dolor, la tristeza o la indignación, pero también cierto alivio a medida que va expresando lo que ha ido discurriendo en años de autoanálisis.

En un giro que habla de la inteligencia de la realización, el film desdobla la imagen de la mujer que se confiesa: ya no es ella respondiendo preguntas sino observándose atenta en un monitor que reproduce sus declaraciones. Entonces, muchas veces, se corrige, agrega algún detalle, alguna imagen más que le ha vuelto a la memoria.

No hay aditamentos innecesarios: ni viejas tomas en blanco y negro ni imágenes de guerra ni ruido de sirenas o bombardeos en la banda sonora, ni siquiera una foto de Traudl joven, que debió de haber sido muy bella. Tampoco hay música, y las pocas leyendas que aparecen hablan escuetamente de lo que fue su vida después del fin de la guerra. La más conmovedora llega con el final. Traudl murió en febrero de 2002, poco después de la primera exhibición de este film en el Festival de Berlín; un último mensaje suyo a los realizadores decía: "Creo que ahora estoy empezando a perdonarme".

Fernando López (La Nación)


"La secretaria de Hitler"

"Im Toten Winkel-Hitlers Sekretärin"
Austria, 2002, 90minutos

Dirección
André Heller y Othmar Schmiderer

Producción:
André Heller y Othmar Schmiderer

Guión:
André Heller y Othmar Schmiderer

Fotografía:
Othmar Schmiderer

Montaje:
Daniel Pöhacker

Protagonistas:
Traudl Junge



Calificacion: 7

Género
Documental

Estreno en Argentina
22/06/2005



© FOTOGRAMA.com