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Publicado el 20/05/2005

La Fuerza está de regreso

Hace veintiocho años, en una Argentina muy, muy lejana, concocíamos a Luke Skywalker y a la princesa Leia. No imaginábamos siquiera que fueran hermanos, y menos hijos del malvado Darth Vader. Nos extasiábamos mirando las naves desde abajo y cómo Luke, con el expresionismo nulo de Mark Hamill, destrozaba la Estrella de la Muerte en un final que nos hacía saltar de la butaca en cines que hoy ya no existen.

Cuando George Lucas decidió retomar la saga que dejó en 1983, dieciseis años más tarde, con Episodio I: La amenaza fantasma, sucedió lo peor. Lucas se había quedado en el tiempo, su timing en los diálogos era demodé y las relaciones entre los nuevos personajes en la "precuela" daban más miedo que el mismísimo Darth. ¿Para qué había vuelto, si no tenía nada nuevo que decir?

La respuesta llega ahora, cuando Star Wars: Episodio III - La venganza de los Sith nos trae la transformación final de Anakin Skywalker (Hayden Christensen, que por eso de que de tal palo, tal astilla es tan duro como su hijo en la ficción) al Lado oscuro de la Fuerza. Y seamos sinceros: la toma en la que a Anakin le colocan la máscara negra de Darth Vader eriza la piel y los pelos hasta de las piernas…

Como si los Episodios I y II hubieran sido unas pesadillas, en el III Lucas hace todo como un sueño. Entiende que el cierre es más que una de aventuras, y lo arriesga todo. Anakin hace lo que hace movido por amor, por lo que cree. El poder del Lado oscuro de la Fuerza puede salvar de la muerte a Padmé, cuando dé a luz a los gemelos Luke y Leia, le dice el senador Palpatine, quien en verdad es Darth Sidious, Lord de los Sith. Anakin está confundido. "Yo no soy el Jedi que debería ser", reconoce. Se siente deshonesto. Y se autoinflige un castigo propio de un caballero: olvidarse de sí mismo para salvar aquello que más cree y ama.

Obi-Wan Kenobi y Anakin, al mejor estilo de las batallas de la primera película, tripulan sus naves espaciales en medio de centenares de naves enemigas en un comienzo a pura acción. De a poco que se desarrolla el filme, la intriga va in crescendo y las luchas a sable láser en mano generan más y más adrenalina. Decapitaciones varias y miembros cortados no alterarán el ritmo cardíaco de los más pequeños, aunque Episodio III sea, sí, las más oscura en cuanto a las relaciones: amistades que se quiebran, confianzas que se pierden, adolescentes que descubren la adultez.

Cómo Anakin se transforma en Darth Veder y cómo la República pasa a ser el Imperio son asuntos que tienen su lectura política, con los Jedi como reserva moral —y armada— de la democracia. Lucas no puede con su genio, y por ahí se escucha que "es la muerte de la libertad", cuando el Senado decide darle a Palpatine el poder dictatorial. Por suerte, es mucho y mejor lo que se ve que lo que se escucha.

Nunca el sable láser, con sus colores, el saltito de los Jedi en plena pelea, la sabiduría del maestro Yoda habían tenido el sentido que en Episodio III y estimulado tanto la imaginación del espectador. La respiración entrecortada y amplificada de Anakin, el hombre detrás de Darth Vader, resonará en los oídos para quedar con un eco por siempre. Lucas entendió que esto es entretenimiento y, al fin, obró en consecuencia.

Pablo O. Scholz (Clarín)


"Star Wars: Episodio III. La venganza de los Sith"

Star Wars: Episode III. Revenge of the Sith
EE.UU, 2005, 140'

Dirección
George Lucas

Guión:
George Lucas

Fotografía:
David Tattersall

Música:
John Williams

Montaje:
Roger Barton, Ben Burtt

Protagonistas:
Ewan McGregor, Natalie Portman, Hayden Christensen, Ian McDiarmid, Frank Oz, Samuel Jackson, Jimmy Smits



Calificacion: 8

Género
Ciencia Ficción

Estreno en Argentina
19/05/2005



© FOTOGRAMA.com