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El uno y la otra dejan de lado recientes triunfos, Pierce Brosnan olvida las letales costumbres del 007 y Julianne Moore una serie de papeles logrados y tremendos dramáticamente. Y por el camino parecen divertirse en el eterno juego de la sonrisa, contagiando al espectador predispuesto.
De lo único que no podrá acusarse a Las reglas de la seducción es de superar a su modelo, algo imposible si pensamos que La costilla del hombre permanece, desde 1949, como una de las cumbres del inolvidable binomio de Spencer Tracy y Katharine Hepburn conducidos por el refinado George Cukor.
La referencia viene a cuento de que, como en aquélla, ambos protagonistas son abogados, con la diferencia que no se trata de un matrimonio. Pero igualmente compiten entre sí sin evitar la mutua atracción. Daniel y Audrey han sido fugaces amantes y vuelven a encontrarse en un caso que los fuerza a relucir sus peores mañas. Se trata de un divorcio, en la ocasión el de la estrella del rock Thorne Jamison y la diseñadora de modas Serena, un dueto de triunfadores, ricos y famosos que darán lugar a inmensos honorarios, donde lucen Michael Sheen y la bonita Parker Posey.
Así que sin evitar sus propios deseos, Daniel y Audrey siguen a sus clientes, seres tempestuosos y contradictorios, irracionales y calculadores, a un castillo en Irlanda que es uno de los bienes en disputa.
Lo demás son los motores imprescindibles del género, los enredos y equívocos, aderezados por Las reglas de la seducción, dignas de cualquier telenovela pero con un gusto más moderado y sin excesivos desbordes.
El elenco, empezando por los protagonistas, cumple sus cometidos con impecable oficio. Con una grata sorpresa en la veterana Frances Fisher, quien como Sara Miller, la madre maniobrera, sabihonda y con mucha calle y experiencia, luce las mejores líneas. Por ejemplo cuando alguien le pregunta si ella realmente tiene 56 y responde: "en algunas partes". La simpatía ocurrente no escasea.
Anibal M. Vinelli (Clarín)
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