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Reviews
Publicado el 22/12/1999

Tradicionalistas y religiosos, abstenerse…

En este caso es mejor un test previo.
Opción A: Le gustan los filmes de Kusturica, Allen o Kurosawa
Opción B: Le gustan los filmes románticos y huye de la violencia
Opción C: Le gustó "Seven" y ve la MTV de vez en cuando
Los que prefirieron A y B; abstenerse de ver Stigmata. A los que eligieron la tercera, este film les puede interesar.

Podría pensarse que este film es una versión decadente y vertiginosa de "El Exorcista", aquella impactante película de los '70, dirigida por William Friedkin. De hecho tal vez lo sea. Stigmata tiene muchísimo del estilo Fincheriano y probablemente satisfará más espectativas musicales y visuales que de contenido.

Frankie (Patricia Arquette), es una inquietante y contemporánea chica de 23 años (vive en la misma ciudad donde nació Andy Warhol). Trabaja como estilista (peluquera) en un lugar con mucha onda (onda "body piercing"), tiene novio y una amiga con la que suele irse "de copas".

Un día, le ocurrirá algo que cambiará rotundamente su vida. Es decir, recibe un rosario enviado por su madre desde Brasil. Las condiciones en que la madre se apropia del amuleto religioso serán explicadas en la película. Recostada en la bañadera, rodeada por muchas velas y en un clima propicio para relajarse, Frankie, repentinamente siente que el mundo se pone de cabeza y que "algo" acaba de ocurrirle. Esto se repetirá en distintas circuntancias. Prontamente a la "poseida" se le descubren las extrañas heridas que coinciden con las que aparentemente sufrió el mismísimo lider judío, Jesus.

Este fenómeno paranormal, nada nuevo al parecer para la iglesía católica, es denominado Stigmata. El padre Andrew Kiernan (Gabriel Byrne) que anduvo ya en Brasil, es comisionado por el cardenal Houseman (Johnathan Pryce) a investigar el caso. Cuando la investigación comienza a dar frutos, o sea, cuando Frankie se revela como poseída por un espíritu que actúa como mensajero, el Padre es destituido del caso sin ningún motivo. Esto no hará más que acrecentar la voraz necesidad de saber cuál es el mensaje (huelga decir que está en una bellísima lengua muerta). El tema es que alguien quiere decir algo y tal vez no sea lo que muchos quieran oir.

Wainwright encaró proyecto desde una estética eclipsante y contemporánea, la del videoclip. Por eso para disfrutar este film es necesario tener cultura, pero cultura de MTV (genéricamente hablando, claro). Si un sujeto jamás ha mirado los videoclips que se suceden en forma ilimitada en las señales de TV dedicadas ciento por ciento a la música, nunca podría comprender, soportar, aceptar, ni disfrutar esta mirada fragmentada, incisiva, cruda y veloz que ofrece Stigmata.

Desde que comienzan los ataques la cámara se acelera y hasta se desorienta en la oscuridad. La distorción sólo contribuye a patentar la presencia de lo inexplicable e irracional. Violencia, sangre, malas palabras, hábitos censurables, injustificada y miserable actitud de la iglesia, etc.; todos son motivos para fastidiar a los que debían atender la advertencia del primer párrafo.

La similitud entre los comportamientos heréticos de Frankie y Regan, tiene que ver más que con una imitación, con un denominador en común que sufren los "poseídos" por el demonio. Ahora, si el mensajero y el mensaje supuestamente se contradicen, o sea, forman parte del "bien" o del "mal" en un mismo cuerpo, es sólo problema de los que creen en la cultura judeocristiana hegemónica ejercida desde hace siglos y en los términos concebidos por ella. Recordemos que existe una juventud que no ve sólo en blanco y negro.

Es cierto, la película tiene baches insalvables pero no afectan al hilo narrativo que se ve tensado por la impactante selección musical de Billy Corgan (Smushing Pumpkins). Una historia que no podría a convencer a un adolescente de hoy sí lo hizo a uno de hace 20 años atrás y vicersa. Las diferencias son irrefutables y están ahí, marcando distancia, mientras los fotogramas se tiñen de rojo y de palomas blancas.

La actuación de Arquette es despojada, aunque a ratos pueda parecer inexpresiva. Lo cierto es que no necesariamente se debe ser un mimo francés para actuar, más aun cuando el papel requiere cierta incredulidad propia de la etapa que se vive. Byrne, apoya con madurez. Pryce, es adecuado al igual que el resto.

Stigmata debe ser vista sólo por ojos adaptados al lenguaje audiovisual que privilegia el dinamismo y la verborragia impetuosa de imágenes y sonidos, el resto mejor abstenerse.

Andrés San Martín


"Estigma"

Stigmata
EE.UU., 1999, 103'

Dirección
Rupert Wainwright

Producción:
Frak Mancuso Jr.

Guión:
Tom Lazarus

Fotografía:
Jeffrey L. Kimball

Música:
Billy Corgan, Elia Cmiral

Protagonistas:
Patricia Arquette, Gabriel Byrne, Johnathan Pryce



Calificacion: 7

Estreno en Argentina
00/00/2000

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