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Publicado el 22/04/2004

Con ternura y humor negro

Por si no alcanzara con la índole descriptiva del título original, ahí están las primeras imágenes para ilustrarlo: a lo largo de una frenética exploración de armarios, estanterías y botiquines, un hombre va apurando el contenido de cuanto frasco y/o botella encuentra; enseguida, abre el horno y la llave del gas y se sienta a esperar los síntomas del sueño. Ya está claro cuál es el propósito de Wilbur, aunque nada se sepa sobre los motivos que lo llevan a intentar otra vez el suicidio. Sí: otra vez. Porque hasta ahora el pobre nunca ha tenido éxito en sus tentativas. "Cada vez que sobrevivo me resulta más y más humillante", se lamenta ante su hermano, que está siempre listo para acudir en su socorro y que finalmente deberá llevárselo a vivir a su casa --cuando el suicida frustrado sea expulsado del estrafalario grupo de terapia del hospital-- para asegurarse de que no quede a su alcance ningún elemento capaz de facilitarle la tarea, ya sean cuchillos, sogas, cables u hojitas de afeitar. Harbour es tan sereno y paciente que ni siquiera una vez cede a la tentación (que quizás algún espectador celebraría) de dejar que el hermanito se salga con la suya. Al contrario: el manso y tímido muchacho hace lo imposible por convencer al empecinado Wilbur de que no es tan difícil encontrarle un sentido a la vida. El destino se encargará después de confirmárselo, aunque para conseguirlo emplee medios bastante inclementes y contamine la extraña historia con una buena dosis de tristeza.

No es para preocuparse, porque ya se sabe que la realizadora danesa Lone Scherfig, la misma de "Italiano para principiantes", tiene tendencia a afrontar los temas más serios --muerte incluida-- en un tono que mezcla el humor negro, la ternura y el desenfado, como también se sabe de su predilección por personajes que salen de lo común. Vuelve a mostrar ambos rasgos al encarar la historia de estos dos hermanos que se han quedado solos en el mundo --más precisamente, en Glasgow-- tras la muerte de sus padres. Al taciturno Wilbur y al benévolo Harbour --uno, maestro de un jardín de infantes; el otro, encargado del antiguo local de compra y venta de libros usados que recibió como herencia-- se les suman otros personajes no menos singulares. Entre otros, un psiquiatra bastante poco ortodoxo, una enfermera muy enamoradiza y, sobre todo, Alice, una dulce muchacha que también viene de padecer abundantes desdichas, cuya entrada en escena acompañada por su pequeña hija trae cambios decisivos a la vida de los hermanos. Scherfig describe con naturalidad a sus personajes y se permite todas las libertades para imaginarles una historia que anda entre lo extravagante, lo melancólico y lo risueño sin soslayar el drama y que a ratos elige caminos caprichosos, cuando no forzados. Puede que su oscuro humor resulte a veces algo desconcertante o casi macabro, pero la mezcla de desenfado, ternura y humanidad que se percibe en su mirada confiere al film el raro encanto de una agridulce melancolía. Mucho tienen que ver con ese acierto la sutil fotografía de Jorgen Johansson y la sensibilidad y el compromiso de todos los actores.

Fernando López (La Nación)


"Dos hermanos"

Wilbur wants to kill himself
Dinamarca-Suecia-Francia-Gran Bretaña, 2002, 105'

Dirección
Lone Scherfig

Guión:
Lone Scherfig y Anders Thomas Jensen

Fotografía:
Jorgen Johansson

Música:
Joachim Holbek

Montaje:
Gerd Tjur

Protagonistas:
Jamie Sives, Adrian Rawlins, Shirley Henderson, Lisa McKinlay, Mads Mikkelsen, Julia Davis



Calificacion: 7

Género
Comedia

Estreno en Argentina
22/04/2004



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