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Publicado el 18/09/2003

En manos de un asesino

La historia de "El invasor" es la de dos socios de una empresa constructora que para liberarse de un tercero -el que supone un obstáculo para sus oscuros negocios con el Estado- contratan a un matador "profesional" reclutado en los barrios marginales de San Pablo y terminan convirtiéndose en rehénes de ese asesino de alquiler.

La ciudad y la periferia

A partir de la estructura del thriller, el film examina el estado actual del tenso vínculo entre la gran ciudad y su periferia. Profundas grietas han horadado la valla que solía mantenerlas separadas asegurando cierto "orden" social. Las diferencias entre un mundo y otro no han sido superadas -más bien se han acentuado-, pero a ambos lados de ese cerco imaginario que el invasor viene a derruir se advierte similar corrupción, similar violencia, similar deterioro moral. Tales "coincidencias" son el pasaporte que autoriza al invasor a avanzar sobre el territorio antes vedado. El mundo de los márgenes avanza sobre el centro y en este caso lo hace del modo más brutal.

Con inteligente prudencia, Beto Brant deja en un aparente segundo plano el examen crítico de la situación social para que éste derive naturalmente, sin subrayados ni discursos aleccionadores, de la propia historia, con lo que evita el inminente riesgo de la simplificación de un tema muy complejo. Así desarrolla con un lenguaje vigoroso y contundente la anécdota central y describe paso a paso el proceso por el cual la cómoda vida burguesa de los dos profesionales, ciudadanos oficialmente honorables, se va convirtiendo en un infierno por la creciente intromisión del marginal que, al saberse dueño de la situación por conocer los secretos de sus empleadores y cómplices, encuentra el modo de ascender en la escala social, o por lo menos, de disfrutar de los mismos "privilegios" de esa burguesía paulista a la que ha servido. Incluida entre ellos la bella hija del matrimonio que asesinó.

El personaje no es sino una de las caras de un Brasil excluido que pugna por existir, por expresarse (mediante los textos de los raps que acompañan y completan la acción, por ejemplo), o por alcanzar su porción de poder.

El invasor Anísio, cuya presencia resulta profundamente intimidante y al mismo tiempo algo grotesca, está a punto de convertirse en el personaje protagónico del film -en especial por la sorprendente composición de Paulo Milos, integrante del grupo de rock Tit‹s-, pero a medida que la acción avanza, la atención se vuelca sobre todo en uno de los dos socios, Iván, el que conserva algún escrúpulo moral en medio de un estado de descomposición social en el que ya no hay reglas, y titubea acosado por la culpa. Esa crisis de conciencia -y el conflicto existencial que le desencadena- promueve el avance de la trama "policial", que Brant desarrolla con lenguaje nervioso y potente.

La violencia se percibe en todo momento y resulta doblemente apremiante y perturbadora porque no se hace explícita en la pantalla sino que está contenida en la brutalidad de las situaciones. Aunque se acerca a veces al lenguaje del videoclip, Brant no hace un show de la marginalidad ni glamouriza la violencia.

Cerca del estereotipo

Por la precisa inteligencia con que han sido dibujados y por su condición de ejes del conflicto dramático, Anísio e Iván encubren un poco el trazado más esquemático de los restantes personajes, algunos tan próximos al estereotipo como la frívola chica burguesa o tan unidimensionales como Gilberto, el socio que siempre pone el fin -obtener dinero y poder- por encima de los medios. Tampoco se evita algún lugar común en la pintura de la vida nocturna, pero tales flaquezas no alteran el vigor dramático de la historia ni reducen la potencia expresiva y el crudo escepticismo con que se retrata una realidad desgarradora sin ceder a la tentación de arriesgar diagnósticos o proponer remedios.

Se ha subrayado ya el aporte decisivo que hace Paulo Tokler como Anísio, para cuya composición contó con el asesoramiento del trágicamente desaparecido rapper Sabotage, que se interpreta a sí mismo en una escena que produce alarma y risas nerviosas. No menos destacable es el compromiso que Marco Ricca muestra al describir el derrumbe de Iván. Alexandre Borges, a su vez, se mueve con seguridad en un papel con el que está familiarizado.

Un aporte sustancial lo hace Toca Seabra, responsable de una fotografía que sabe sacar provecho expresivo de los recursos que le ofrece la tecnología digital.

Fernando López (La Nación)


"El invasor"

O invasor
Brasil, 2001, 97'

Dirección
Beto Brant

Guión:
Marçal Aquino, Beto Brant y Renato Ciasca

Fotografía:
Toca Seabra

Música:
Sabotage & Instituto, Pavilho 9, Tolerancia Zero y Professor Antena

Montaje:
Manga Campion

Protagonistas:
Marco Ricca, Alexandre Borges, Paulo Miklos, Malu Mader, Mariana Ximenes, Chris Couto, George Freire



Calificacion: 8

Género
Suspenso

Estreno en Argentina
18/09/2003



© FOTOGRAMA.com