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Siempre lo odié: odio su consagración mentirosa, su período holandés, su falsa simpatía y su seguridad egocéntrica. Pero más importante, no me gustan sus películas. Lo único que rescato es "El amor es una mujer gorda" y "El acto en cuestión". Lo demás me parece catastrófico, y lo internacional me parece bochornoso.
Luego de esta introducción que no deja dudas, "Valentín", es la mejor película nacional de este año, y ganará todos los premios habidos y por haber. Además, va a superar el millón de espectadores...
Porque nadie se atrevió, como se atrevió Agresti, a meterse con nuestra historia, no desde lo político, sino desde lo emocional, y menos desde la mirada de un niño, que no es otro que él mismo. Sus sueños, su crecimiento, ser astronauta, viajar a la luna, y un guiòn lleno de candor y emoción y profundidad.
Es difícil escapar al precepto que reza que quien logra hacer reír y llorar tiene un éxito en sus manos, y Agresti lo logra, maravillosamente. Porque es argentino y se le nota en cada uno de los fotogramas del film. Y porque contó con ese niño increíble que se llama Rodrigo Noya y que tiene un presente inmenso en la actuación en manos de grandes directores. Y porque el casting fue simplemente perfecto (me limito a dejar de lado a Lorenzo Quinteros, algo forzado), donde Carmen Maura compuso un personaje sin igual, sin ninguna estridencias -la película no tiene ninguna-, donde Julieta Cardinali estremece con su belleza y con su composición justa, acotada y tierna, donde Mex Urtizberea trae a los amigos y los consejos, el tío Jean Pierre Noher los abrazos y el propio Alejandro Agresti a ese padre ausente, justo, perfecto.
"Valentin" es la película del año, hecha para reír, hecha para llorar, y tan local que es internacional.
Pablo Silva
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