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Publicado el 04/09/2003

Actores admirables para un poético retrato

De los muchos estudios que han sido consagrados a su persona y a su obra tras hurgar en diarios personales y consultar a muchos de los intelectuales que tuvieron acceso a su intimidad, la figura de la novelista y pensadora británica Iris Murdoch (1919-1999) emerge siempre inaccesible, misteriosa o al menos indescifrablemente contradictoria, las razones más profundas de su agitación interior enmascaradas bajo su sonrisa de Gioconda.

Su marido por 43 años, el crítico John Bayley, escribió alguna vez que los grandes personajes de ficción -los de Shakespeare o los de Tolstoi- permanecen insondables, renovando eternamente la sorpresa y la fascinación que despiertan en nosotros. Iris parece haber sido un testimonio real de esa proposición. Por eso, puede juzgarse atinado que el director Richard Eyre, lejos de proponerse una biografía más o menos formal de la escritora haya intentado esta suerte de aproximación poética a su figura, haciendo hincapié especialmente en la prolongada relación que mantuvo con Bayley desde la estrepitosa época de la juventud hasta los penosos años finales en que el mal de Alzheimer fue despojándola de su bien más preciado: las palabras.

Eyre tomó como punto de partida los dos libros que Bayley dedicó a su mujer: "Iris: a memoir" y "Elegy for Iris", un registro tierno e íntimo de su vida en común y en especial del deterioro operado en ella por la enfermedad. Y fue una decisión inteligente de parte del realizador organizar su relato articulando dos momentos de la historia de la pareja: por un lado, el doloroso presente de la dolencia que avanza veloz desde sus primeras manifestaciones -fácilmente equiparables a un bloqueo expresivo- hasta el aislamiento y la muerte; por el otro, los años de la juventud, iluminados por el carácter tumultuoso y proteico de Iris y por su apasionada e indeclinable búsqueda de la libertad.

El relato va y viene continuamente en el tiempo, de manera que la efervescencia vital de una etapa disipa la atmósfera desdichada y sombría de la otra. La alternancia de los dos momentos y los contrastes que de ella derivan ilustran acerca de la complejidad del vínculo y de su evolución. Con sus convicciones, sus pulsiones y su apetito insaciable de autonomía, Iris marca el paso, provoca, agita las dudas, reinventa códigos, extrae de sus experiencias el material para su obra literaria. Seducido por tanto resplandor y por tanta inteligencia, él la acepta, la apacigua, se convierte en amigo, en confidente, en amante y por fin en marido. Iris y John son como figuras complementarias que comparten la pasión por las palabras y las ideas y consideran el mundo un lugar extrañamente cómico. La relación es compleja y no siempre estable, pero los une en un refugio protegido del mundo. "Es como vivir en un cuento de hadas -escribió Bayley-: yo soy el enamorado de una muchacha hermosa que desaparece de vez en cuando en un mundo desconocido y misterioso... pero siempre vuelve".

El interés del film está puesto, precisamente, sobre ese lazo especial, un amor que Eyre pinta con delicadeza y discreción, lejos del sentimentalismo y dispuesto a rehuir de la solemnidad, aunque no logre evitar algunas frases y escenas "significativas".

Si tanta precaución no condena al film a una frialdad despojada de emoción es porque un formidable cuarteto de actores se encarga de hacer visible la interioridad de sus personajes. El trabajo más llamativo es, claro, el de Judi Dench porque a ella le toca transmitir el gradual desmoronamiento mental de Iris: en una sola escena admirable, la de la playa, sus ojos dicen todo lo que las palabras no podrían expresar sobre el vacío. Igualmente decisivo es el aporte de Jim Broadbent como el mortificado e irritable John de la madurez, personaje que le dio el Oscar al mejor actor secundario si bien es obvio que su papel es tan protagónico como el de Iris.

Que a su sombra no empalidezca la labor de los encargados de animar a la pareja en su juventud -la siempre notable Kate Winslet y el sorprendente Hugh Bonneville, de milagroso parecido con Broadbent- habla claramente de sus méritos.

Fernando López (La Nación)


"Iris, recuerdos imborrables"

Iris
Reino Unido / EE.UU., 2001, 95'

Dirección
Richard Eyre

Guión:
Richard Eyre y Charles Wood

Fotografía:
Roger Pratt

Música:
James Horner

Montaje:
Martin Walsh

Protagonistas:
Judi Dench, Jim Broadbent, Kate Winslet, Hugh Bonneville, Penelope Wilton, Juliet Aubrey



Calificacion: 8

Género
Drama

Estreno en Argentina
04/09/2003

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