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Publicado el 21/08/2003

Un thriller tenso y contenido

Tensa, contenida, cargada de una ansiedad que no termina de encontrar su puerta de escape, "Sendero de sangre" es, ante todo, la obra de un director de aguerrida personalidad e interesante estilo. John Malkovich se revela con esta realización, en efecto, como un cineasta que economiza y hasta reprime inteligentemente sus medios expresivos, dentro de una concepción narrativa que rehuye los desbordes, los excesos y los facilismos efectistas.

Construido a la manera de un thriller psicológico de rara elegancia formal, matizado con algunos toques de refinado lirismo, el film transcurre en un país latinoamericano no identificado y narra los denodados aunque sutiles esfuerzos de un oficial de policía por atrapar al jefe de una poderosa organización subversiva.

La historia está vagamente inspirada en la encarnizada lucha que policías y militares peruanos libraron durante años contra Sendero Luminoso, la sangrienta agrupación guerrillera liderada por el ex profesor de la Universidad de Lima Abimael Guzmán, apodado el presidente Gonzalo. Sin embargo, no hay en la película el más mínimo intento de avanzar por el camino del documentalismo político ni del realismo testimonial. Nada de eso: se trata de un relato de intriga y acción policial, con las características formales y de expresión ya mencionadas.

Ni la novela original del británico Nicholas Shakespeare ni el director John Malkovich se preocuparon por reconstruir con algún rigor la realidad social peruana. El único elemento que tomaron de ella fue el simbolismo abstracto que Sendero Luminoso utilizó para construir su mitología revolucionaria, sin duda la más original y brillante de todas las que produjo América latina en el campo del guerrillerismo revolucionario.

En realidad, ni siquiera se menciona al Perú ni a Sendero Luminoso en toda la película. Tampoco se habla en ningún momento de Abimael Guzmán o del presidente Gonzalo. En el film, el líder subversivo es llamado misteriosamente "el presidente Ezequiel". Por otra parte, las escenas fueron rodadas en España, Portugal y Ecuador. Es cierto que algunos pasajes muestran a personajes hablando en quechua, pero eso no alcanza para transmitir la sensación visceral de que el relato transcurre en suelo peruano.

Hay dos líneas narrativas que se entrecruzan. Una, la del oficial de policía Agustín Rejas, el protagonista, que acompañado de su grupo de colaboradores va estrechando pacientemente el cerco en torno del jefe guerrillero hasta llegar a la decisiva escena final. La otra, la del misterioso vínculo pasional que se va tejiendo entre ese mismo Agustín Rejas y una profesora de danzas que juega con los símbolos desde lo coreográfico y que terminará desempeñando un papel descollante en la intriga.

La historia está vertebrada sobre lo policial, pero también sobre lo psicológico. En algunos pasajes, los movimientos interiores de los personajes son confusos e imprecisos, con lo cual la calidad del relato se resiente. Pero esos desajustes no invalidan las virtudes del excelente trabajo de realización de Malkovich, que en su debut como director se muestra -ya lo dijimos- como un narrador cinematográfico sensible y refinado. Las impresionantes explosiones provocadas por los terroristas, así como los estremecedores apagones, con sus secuelas de pánico y confusión, no ocupan un lugar convencional en el desarrollo de la trama: son parte del juego de abstracciones y simbolismos sobre el cual se sustenta la trama.

Un párrafo aparte merece el sólido trabajo interpretativo de Javier Bardem, que prácticamente sostiene la película sobre sus hombros al personificar al policía Agustín Rejas con una vitalidad emocional contenida y sobria, que armoniza con la estética general del film. Muy acertado también el trabajo de Laura Morante en el estratégico papel de la bailarina que contribuye a desentrañar el enigma final de un espectro de terrores y utopías bastante más cercano a la locura que a la luz.

Bartolomé de Vedia (La Nación)


"Sendero de sangre"

The dancer upstairs
EE.UU., España, 2002, 124'

Dirección
John Malkovich

Producción:
Andrés Vicente Gómez

Guión:
Nicholas Shakespeare

Fotografía:
José Luis Alcaine

Música:
Alberto Iglesias

Montaje:
Mario Battistel

Protagonistas:
Javier Bardem, Laura Morante, Juan Diego Botto, Elvira Mínguez, Alexandra Lancastre, Luis Miguel Sintra, Lucas Rodríguez, Javier Manrique, Marie Anne Berganza y Oliver Cotton



Calificacion: 8

Género
Suspenso

Estreno en Argentina
21/08/2003

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