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Publicado el 14/08/2003

¡Que las bestias mueran!

La familia de doble apellido habita una casona con amplios jardines. El suyo es un claro caso de burguesía acomodada, cuyos integrantes no se soportan pero departen naderías y degustan platos tradicionales como si tal cosa. Tienen también fuertes conexiones políticas, la extraña costumbre de arrastrar cadáveres por la casa y la convicción de que los crímenes hay que barrerlos bajo la alfombra. No, no se trata de una apurada versión del caso García Belsunce, sino de la última mirada al universo de la hipocresía burguesa que hace esa enrarecida versión francesa de Hitchcock que es Chabrol.

Con casi medio siglo de carrera, el viejo escriba de Cahiers du Cinéma, de 73 años, sigue conservando unos cuantos ases bajo la manga. Si bien todo aquel que haya visto un porcentaje de su medio centenar de películas (de El bello Sergio a Gracias por el chocolate, pasando por ¡Que la bestia muera!, hay de todo: obras maestras, buenas películas y muy mediocres), sabrá qué esperar de La flor del mal.

Acaso el secreto esté en revisitar universos similares, e ir buscándole diferentes ángulos. Aquí hay cosas de La ceremonia y también de Gracias..., de Los primos (de hecho, todos aquí pueden ser primos, hermanos, padres e hijos... a la vez) y hasta de El carnicero, por citar solo algunas.

La provincia vuelve a ser el escenario donde los personajes juegan su pequeño ajedrez interpersonal. Los Charpin-Vasseur tienen un fuerte hábito endogámico sostenido muchas veces a partir del crimen. El por demás complicado mapa familiar (un defecto del filme es que cuesta entender la saga de muertes y crímenes de 1944 a esta parte) llega hasta hoy con el regreso de Franois de los Estados Unidos, donde pasó tres años tratando de olvidar eso que siente por su hermanastra.

Al volver al "hogar" descubre que Gérard, su padre, sigue siendo el mismo mujeriego de siempre, que su madrastra se dedica full time a la política local (está en campaña por la intendencia), y que su medio hermana sigue tan bella como siempre, y aún enamorada de él. Por allí anda un personaje en apariencia entrañable que es la Tía Leni (Suzanne Flon, veterana de Welles y del Moulin Rouge de Huston), quien detrás de sus recetas típicas guarda la llave de varios crímenes.

Cuando un rival político de mamá Anne (¿o será su marido?) escriba un panfleto haciendo públicos los secretos de la familia, el conflicto parece listo para estallar. Pero nada estalla porque todos continúan haciendo lo suyo con impune civilidad, por más que allí se diga que un bisabuelo entregó a su hijo a los nazis, que su hija pudo haberlo matado, que hubo un par de accidentes sospechosos (el ex de Anne y la ex de Gérard), y varios parientes entrelazados.

En un hilo menos negro que otras veces pero igualmente pícaro, acaso más moralista (las víctimas suelen ser culpables de algo; los criminales, los que los sufren) y algo menos truculento, Chabrol toca variaciones de una melodía que conoce, y como buen ejecutante que es sabe regular tiempos, contener emociones, manejar tensiones y entregar perlas de su finísimo poder de observación: el lazo verdadero que parece unir a los hermanastros, el desprecio latente de la tía por Anne y Gérard, y la pintura de las miserias políticas en su versión barrial.

En tiempos de Haneke y Noé, todo puede parecer anticuado en esta galería de buenas y malas costumbres. Y de hecho lo es. Los filmes de Chabrol parecen no sentirse afectados por el último cuarto de siglo cinematográfico, desde las composiciones de cuadro, pasando por el uso de la música y esas metáforas visuales tan demodé. Pero se aplican a la perfección al universo que describen, uno que parece quedado en el tiempo, incapaz de morir y dar paso a uno nuevo... llegado el caso de que ese nuevo exista y tenga alguna diferencia con el anterior.

Diego Lerer (Clarín)


"La flor del mal"

La fleur du mal
Francia, 2003, 104'

Dirección
Claude Chabrol

Producción:
Yvon Crenn y Marin Karmitz

Guión:
Claude Chabrol, Caroline Eliacheff y Louise L. Lambrichs

Fotografía:
Eduardo Serra

Montaje:
Monique Fardoulis

Protagonistas:
Nathalie Baye, Benoît Magimel, Suzanne Flon, Bernard Lecoq, Mélanie Doutey, Thomas Chabrol, Kevin Ahyi, Henri Attal, Caroline Baehr, Didier Bénureau y Françoise Bertin



Calificacion: 8

Género
Suspenso

Estreno en Argentina
14/08/2003



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