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Publicado el 14/08/2003

Viaje con algunas idas y venidas

Cleopatra es una maestra jubilada que, a pesar de tener a su lado a un marido depresivo y desocupado y de hacer pequeños quehaceres para subsistir económicamente, conserva todavía sus sueños juveniles y sus algo alocadas fantasías. Sandra, en cambio, triunfa como estrella de teleteatros y mantiene un débil romance con su representante, mientras espera escapar de un éxito artístico que la ata cada día más a una notoriedad que ya la asfixia. A ambas las une el íntimo deseo de huir de sus micromundos, de respirar un aire más puro y de introducirse en otras geografías y en otra gente.

Cuando la casualidad se pone en sus caminos para que ambas se conozcan, no tardan en decidir su inmediato futuro: desear un fin de semana diferente. En este primer paso para torcer definitivamente el rumbo de sus destinos, Cleopatra y Sandra comienzan a reconocer una felicidad compartida, se dicen secretos muy guardados y hablan de sus fracasos y de sus pocos momentos de felicidad. Frente a frente son ellas mismas, como espejos de una misma cara.

Asfalto y tierra

Sin rumbo fijo las dos mujeres toman un camino asfaltado, que rápidamente se convierte en tierra, y en ese trayecto hallan a un camionero que se sumará a su aventura. Estos tres seres entrañables están dispuestos a apostarlo todo al porvenir. Cleopatra revive en su memoria las peripecias de su hueca existencia; Sandra ya sabe que el éxito artístico puede quedar arrinconado y tapado por la belleza de los valles y de las montañas y que el amor superará su rutilante carrera de actriz. Carlos, en tanto, descubre en ambas mujeres la solidaridad y la pasión oculta.

Así, viajeros sin rumbo, el trío se buscará en medio de la nada con la simpleza de lo cotidiano y la emoción de lo auténtico. Poco le importará a Cleopatra recordar que fue una buena madre, una sincera luchadora y una compañera responsable. Tampoco Sandra se siente intimidada al dejar de lado la fama caprichosa e irreverente. Setenta y dos horas serán suficientes para que ambas mujeres y el hombre que las acompaña comiencen a ser ellos mismos, sin tapujos, hipocresías ni deslealtades.

La trama contiene una gran dosis de emoción y de ternura que emana auténticamente de estos tres personajes y de las circunstancias que les toca vivir. El guión subrayó con sinceridad los apuntes cotidianos y se esmeró en la radiografía de sus tres criaturas dispuestas a romper con sus pesadas rutinas. Sin embargo, la historia guionada por Eduardo Mignogna y Silvina Chague adolece de varios traspiés que conspiran contra la buena idea y el esfuerzo de sus responsables. Hasta la mitad del metraje, el film logra su propósito de conmover y de atraer la atención del espectador. Pero cuando todo está dicho y sabido el relato se entretiene en reiterar situaciones, en edulcorar los sentimientos a través de esos largos primeros planos de Cleopatra explicando lo ya explícito, en imponer personajes -por ejemplo, el de Alberto de Mendoza, al que el actor salva con su proverbial veteranía-, y en detenerse en algunos bellos paisajes de nuestro interior que, si bien sirven como atracción turística, poco aportan a tantos metros de celuloide desperdiciado.

Como director, Eduardo Mignogna intentó volver a ese cine intimista de algunas de sus anteriores producciones -"Sol de otoño" y "El faro", por ejemplo-, pero en "Cleopatra" le faltó vigor narrativo y tiñó a la anécdota con situaciones que, a veces, suenan a falsas y otras caen en la absoluta reiteración.

El elenco

Norma Aleandro amasó un papel a su medida. Sin embargo, por momentos sobreactuó y dejó que su gran oficio se impusiera a la ternura que, de por sí, contenía esa Cleopatra ansiosa de libertad. Leonardo Sbaraglia convirtió en estereotipo a ese chacarero rudo, en tanto que Héctor Alterio trató de aferrarse a un papel muy desdibujado. La sorpresa en el elenco la da Natalia Oreiro que, fresca y vital, hace una medida composición de esa actriz que procura desatarse de sus convenciones y de su fama.

La fotografía siempre impecable de Marcelo Camorino y la banda musical, de Francisco Ortega, sobresalen de los rubros técnicos, pero no alcanzan a sostener un entramado que, a veces verborrágico, otras con situaciones innecesarias, necesitaba un mayor poder de síntesis y una calidez más espontánea. No obstante, "Cleopatra" queda como una producción prolija que, por momentos, llama a la reflexión más íntima y visceral del ser humano.

Adolfo C. Martínez (La Nación)


"Cleopatra"


Argentina, 2003, 104'

Dirección
Eduardo Mignogna

Guión:
Eduardo Mignogna y Silvina Chague

Fotografía:
Marcelo Camorino

Música:
Francisco Ortega

Protagonistas:
Norma Aleandro, Natalia Oreiro, Leonardo Sbaraglia, Héctor Alterio, Alberto de Mendoza y otros



Calificacion: 7

Género
Drama

Estreno en Argentina
14/08/2003

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