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Qué barbaridad, atacantes con cuchillo y ella sola con su ombligo

Sin duda alguna, la serie inglesa Los Vengadores fue, entre otras cosas, una experiencia misteriosa, cautivante y emancipadora del rol femenino en televisión. Más aun, si contamos con los años sesenta como década de fondo. Las curvas femeninas nunca habían sido mostradas con tanto realce -excepto, obviamente de las peliculas de Bond y la clásica y fugaz Barbarella -. Pero, por sobre todo, la inteligencia no era una de las virtudes que caracterizaban al personaje femenino de hace 30 años. Con esta serie todo cambió. De las cuatro mujeres que acompañaron al solemne Patrick Macnee/John Steed -a muchos le sonaría steel para toda la vida-, Diana Rigg fue la única que supo construir sobre su personaje una imagen distinta a la de las demás. Las otras fueron sólo sombras chinezcas en comparación con ella. Inteligente, mirada oscura y altanera, astuta y "femme fatal". La primera serie de televisión que se atrevió a dejar entrever guiños eróticos en sus episodios. No era cuestión de revolcones o besos apasionadamente falsos. La tensión sexual existente entre los protagonistas era tan importante como su capacidad actoral. A mayor distancia física entre ellos, mayor cosquilleo en el bajo vientre. La aparición de Emma Peel -nótese el juego de m-appeal = em, en inglés = man appeal- marcó un hito dentro de la sexualidad contemporánea. Insolente y reprimida al mismo tiempo; muchas veces vistiendo un ajustadísimo traje de cuero que entallaba sus curvas y le permitía escabullirse con permiso de no sé quién, en nuestros sueños más infames y posteriormente, más húmedos. Lo suyo contenía características propias del bondage británico, de pura cepa. Para algunos, una sado-maso encubierta. Someter o ser sometido hasta acabar. Lamentablemente Macnee no tenía un perfil sumiso. Por lo tanto, la situación quedaba ahí, a punto de llegar a la marquita roja. Muchos recordamos con placer a la señora Peel -lo de señora no tiene una explicación lógica- pero también estaba el señor Steed con su inalterable prestancia, escudándose tras su sombrero de perfectas lineas negras, de... los cuchillos voladores. Sí, y también estaba la escenografía ultramoderna, la tecnología JamesBondiana, las situaciones al límite del absurdo, y una innumerable cantidad de detalles. Detalles que generalmente pasaban desapercibidos para los ojos adolescentes que preferían observar el momento en que el cierre blanco y ancho se deslizara suevemente, con delicadeza de geisha profesional, hasta dejar ver lo inimaginable... cosa que nunca ocurrió.

La señora Peel marcó un derrotero estético a seguir por una inmensa cantidad de mujeres que quisieron verse igual que ella, mostrar el ombligo igual que ella, hablar muchos idiomas, practicar el Kung Fu y darle de patadas magistrales a ominosos malandras londinenses.

La versión '98 de los vengadores, nos muestra a un señor Steed -Ralph Fiennes- y a una señora Peel -Uma Thurman- totalmente distintos a los originales. Lo que se entendería como un error yo lo veo como un atributo. Fiennes, con su atractivo y delicado rostro, parece más un miembro, del servicio doméstico que del secreto, en una estética inevitable de fin de siglo. Y digo esto, porque sus modales son soberbios, su lengua extremadamente cuidadosa y su comportamiento tan ejemplar que resulta muy difícil verlo "a las piñas".

Increíble. En esas circuntancias empieza la pelicula. Thurman, resulta tan, tan refinada en su papel, que la verdadera señora Peel parecería una verdulera al lado de ella. La sofisticada Uma, envuelta en diálogos afilados, y en no menos infartantes trajecitos de latex es decididamente superior en belleza -basta notar sus nalgas redondas y perfectas-. Y aunque carece de ese toque animal, no de agresivo, sino de agreste y vulgar tan revelador en la personalidad de la Rigg, Thurman poseé una cualidad que puede ensombrecer hasta los más dulces sentimientos. En ella sí existe el poder de someter. Lo hace y se ve maravilloso. Faltó el látigo, pero de haberlo tenido hubiese disputado la escena con Gatúbela.

Otro punto desigualador es la casi inexistente diferencia de edad entre ambos. En la serie, el elemento distanciador, era precisamente la edad. Padre-hija. Y en ese juego potencialmente incestuoso nos deleitabamos diariamente.

Sin embargo, la película debe rescatarse, justamente, por esos mismos motivos que llevan a unos a decir "esto es un bodrio". Porque es una versión que bordea el siglo XXI. Con encantadoras pinceladas kitsch, o de ridicula estética británica -ositos de peluche tamaño "humano"-, el five o'clock tea mientras van a toda velocidad en el auto, los insectos robóticos asesinos, etc. La lista podría continuar. No como la de Schindler, pero podría.

Y por sobre todo, está ese extraño signo distorcionador que controla sus dialogos. Ese tono elemental, preciso, irónico y a veces cínico. Una constante escaramuza que no acepta pausas. Un diseño de producción muy profesional y un vestuario adecuado, very british. Sólidos efectos especiales que soportan una historia sin mucho transfondo, pero con muchos instantes ingeniosos. El rol del malo, está en manos de Sean Connery. Que a pesar de saber bastante de espías, ciencia ficción y maldad, se refugía en sus "políticamente correctos" emplazamientos actorales. Sin ir más "alla", ni más "acá".

Tan sólo 52 capítulos bastaron, para que el cuerpo de Mrs. Peel, cubierto por un enterito de cuero ajustado, se transformara en el sueño de una gran cantidad de hombres -y por que no decirlo, también en el de mujeres- durante las dos temporadas que duró su papel en la serie. No olvidemos que unas cuantas de ellas enarbolaron el ideal lésbico en la figura de Emma Peel. Tan sólo una hora y pico , bastarán para enamorarse de Uma thurman -y también de Fiennes-, olvidándose de la versión original. Una diferencia de estilos, décadas y modos de divertirse.

Andrés San Martín


"Los vengadores"

The Avengers
Estados Unidos, 1998

Dirección
Jeremiah Chechik

Protagonistas:
Ralph Fiennes, Uma Thurman, Sean Connery



Calificacion: 6

Estreno en Argentina
00/00/0000



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