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Publicado el 10/07/2003

A cada Terminator le llega su Terminatrix

Los años pasan también para Terminator, cuyo diseño -él mismo lo reconoce- está un poco anticuado. Lo han sobrepasado las nuevas generaciones de androides, como bien lo demuestra la indestructible Terminatrix, a la que Kristanna Loken presta su estampa de mannequin, su gélida belleza y su inalterable ferocidad. Así y todo, el ciberhéroe venido del futuro (que también supo ser cibervillano) no se amilana. Su misión no es, como suele sucederles a los superhombres de estas historias, salvar a la humanidad (el enemigo, en este caso son las máquinas) sino proteger al que ha sido elegido para salvarla. Y éste es John Connor, como bien recordará quien haya visto las dos aventuras precedentes. De todos modos, para remediar cualquier carencia de información, ahí está en el comienzo del film la propia voz del muchacho recapitulando en off los hechos que lo han conducido a vivir casi como un paria, en el anonimato y frecuentemente acosado por la visión de la catástrofe anunciada.

Cook, que ha pasado hace rato la adolescencia y tiene ahora el aspecto de Nick Stahl, sigue afirmado en la idea de que no hay un futuro escrito y que todo depende de nuestras acciones (teoría que puede ser puesta fácilmente en duda, por lo menos en el negocio del espectáculo, ante el ejemplo de este tercer título de la serie destinado a ser éxito mucho antes de su estreno: por algo se invirtieron en él más de 170 millones de dólares).

Bromas aparte, la convicción de que el destino no es más que el fruto de las decisiones de los hombres le viene al muchacho por vía materna: no hay que olvidar que en el primer film de la serie Sarah Cook recibió del futuro la advertencia de que, si no se torcía el rumbo de la historia, una catástrofe nuclear pondría a las máquinas al comando del mundo y que su hijo sería el líder de la liberación. En una brusca alteración de ese principio residirá la única variación que "Terminator 3" impone a la serie.

No pasan muchos minutos antes de que el elegido se entere de que el Día del Juicio Final al que aludía la segunda película no ha sido anulado sino simplemente pospuesto, y que una robot ultrasofisticada -la temible TX, cuya silueta escultural viene enfundada en un enterito de cuero- ha llegado desde el futuro a deshacerse de él y de todos sus posibles seguidores antes de que puedan presentar ninguna resistencia: el fin del mundo ya tiene fecha marcada, y no quedan muchas horas.

Es el breve margen en que el relativamente "obsoleto" Terminator deberá ingeniárselas para poner a salvo a su protegido, a la atónita veterinaria que le ha sido destinada como compañera (y al padre de ella, que es el único capaz de parar la catástrofe), con lo cual se asistirá a una serie interminable de combates entre los dos robots y, como consecuencia de ellos, a la destrucción de buena parte del parque automotor y de las construcciones de Los Angeles y sus alrededores.

De los participantes de la serie original, que llevaba la firma y la imaginación de James Cameron, quedan sólo dos, si bien decisivos, por lo menos para asegurarse la respuesta del público: uno es Arnold Schwarzenegger, totalmente identificado con el primer Terminator y todas sus réplicas, y por eso irreemplazable; el otro, Stan Winston, responsable del maquillaje del robot y de los efectos de "animatronics", sobre los que recae buena parte del atractivo de la película.

Probablemente conscientes de que seguir los pasos de Cameron e imponer giros rotundos y sorpresivos a la serie iba a ofrecer para ellos obstáculos insalvables, el realizador Jonathan Mostow y sus tres libretistas prefirieron despojarse de grandes pretensiones, ir a lo conocido y decidirse francamente por el carácter de un film clase B, con mucha acción, sobredosis de destrucción, unos cuantos efectos (ninguno demasiado novedoso), personajes lineales, una historia más bien escuálida que desalienta bastante las "segundas lecturas" y oportunos toques de humor que en ciertos casos parecen contener alguna intención paródica. Entre ellos, por ejemplo, la variación sobre el aterrizaje del ciberhéroe desnudo en el mundo y el modo en que se procura el clásico vestuario de cuero y los anteojos, que arranca, comprensiblemente, las primeras risas en la platea.

Ese humor añade atractivo a un film que no aspira a exhibir inteligencia ni originalidad y que confía -por momentos exageradamente- en el interés que despertará el perpetuo enfrentamiento entre los dos obcecados contendientes cuya capacidad de regenerarse a sí mismos es infinita.

Quizá hasta el propio Schwarzenegger esté convencido de poseer tal don. Sólo así se explica que se muestre dispuesto a seguir haciendo "terminators" mientras el público se lo pida.

Fernando López (La Nación)


"Terminator 3: la rebelión de las máquinas"

Terminator 3: Rise of the Machines
EE.UU., 2003, 109'

Dirección
Jonathan Mostow

Guión:
John Brancato y Michael Ferris

Fotografía:
Don Burgess

Música:
Marco Beltrami

Montaje:
Neil Travis y Nicolas De Toth

Protagonistas:
Arnold Schwarzenegger, Nick Stahl, Claire Danes, Kristanna Loken, David Andrews



Calificacion: 6

Género
Ciencia Ficción

Estreno en Argentina
10/07/2003

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