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Publicado el 01/03/2001

La mujer según Lars von Trier

Selma es una inmigrante checa que pierde gradualmente la vista a causa de una enfermedad hereditaria. Trabaja en una fábrica metalúrgica y cada centavo que gana lo ahorra para la operación de su hijo. Vive con él en una pequeña casa "trasera" alquilada al sheriff y a su esposa, en los alrededores de Washington. Selma piensa sólo en los músicales que adora y que le sirven como única via de escape. Después del trabajo acude con su amiga Kathy al cine o a los ensayos de una compañía de teatro amateur que prepara una puesta en escena de "The Sound of Music" (La novicia rebelde). Un día el destino le asesta un par de golpes aún más duros. Ya no es sólo quedar ciega, cuando llega a casa encuentra que su dinero ha sido robado. Selma se encuentra sola, traicionada, a oscuras y con una sola salida.

Este film, que dirige el danés Lars von Trier tiene una influencia obvia de melodrama barato. Sin embargo, los personajes no están dibujados en blanco y negro. Hay tonalidades que los desplazan un poco del melodrama clásico. Lo que sí queda claro es que no es un homenaje al musical. Es cierto que desde una una pálida lectura puede parecerlo. Sin embargo, la música y el baile están utilizados como si fuesen tropos, figuras retóricas de un discurso dramático que se centra en el sacrificio personal como muestra de amor.

Aunque la coreografía quedó en manos de Vincent Paterson, que del tema sabe bastante, lo que el espectador ve no son piezas completas de baile. El espléndido montaje logra unir en la mente del espectador una serie de moviemientos fragmentados que fueron obtenidos por la utilización de cien (100) cámaras digitales en cada uno de los bailes. Este récord no fue en vano, evitó la repetición costosa, le dio muchas más posibilidades en la posición de cámara y aunque no fuese la intención del director: tranformó al montajista en un coreógrafo virtual. Afortunadamente, los bailes duran exactamente lo que el espectador común está dispuesto a tolerar. No así la obertura que se extralimita y por momentos sofoca.

Toda la tragedia gira en torno al persoanje de Selma (Björk) y al patético rumbo que toma su vida. Ella es una mujer menuda -de asombroso rostro infantil- que debe soportar sobre su pequeña espalda los embates que el destino le preparó. Selma es una inmigrante pobre, ingenua, madre y con una culpa atroz por transmitirle a su hijo una ceguera que ella también sufre en carne propia.

Si se observa la filmografía de LvT, se puede recordar que nunca se alejó totalmente del melodrama. Esta vez regresa a él como el hijo pródigo regresa a la casa de su padre. Las lágrimas están articuladas con mecanismos presumibles pero nunca se llega al golpe bajo.

Es interesante notar que por sobre todas las cosas, LvT nunca se alejó de su objeto de deseo: la mujer. La mujer y su amor. Sólo un "ella", un sujeto femenino es capaz de realizar los sacrificios más horrendos o radicales en pos de cumplir con su rol de madre, de esposa o de martir. Por eso y hasta que la fatalidad caiga sobre su cuello, se entrega de cuerpo y alma al único placer que es capaz de disfrutar: los musicales. Selma los ama y les dedica el poco tiempo que le queda libre. Ese poco es todo. Le ofrenda incluso el que según los convencionalismos le dedicaría una mujer normal a su hijo pequeño en iguales circunstancias. Aunque en este caso su hijo es más que nada un signo de culpa, una representación del pecado que trae dentro de ella y que traspasa como sola herencia una ceguera inminente.

Su amiga y compañera de trabajo, Kathy, la acompaña al cine a ver los musicales una y otra vez. La acompaña también a la obra de teatro en la que ambas intentan ahogar sus miserias. La obra es el musical más emblemático de la historia, nada y nada menos que: "The Sound of the Music". Kathy, una sutil Catherine Deneuve, la acompaña también cuando Selma trabaja horas extra para acelerar los tiempos; la acompaña cuando su vida está en peligro; la acompaña cuando Selma se abstrae, sueña y su estado de enajenación la absorve. Pese a todo, nunca llega a obtener la plena confianza de Selma, por lo menos para contarle su más grande secreto.

Selma se evade. Se imagina participando, sana y alegre, en un musical con complicados números de baile. Los ruidos fabriles, repetitivos y exactos se ajustan en armoniosos ritmos a los que sólo ella sabe poner contenido. La música y los bailes (no así en los clásicos musicales) no son los únicos momentos expresivos o dramáticos, sino que, curiosamente, sólo están en la mente de Selma. Esto quiere decir que la interacción con otros personajes mientras baila sólo queda en su memoria y ensoñación. No hay un avance o un retroceso en la historia por el desenlace de cada sueño. Con excepción del "número" (si es que se le puede decir así): "My Favorite Things", que tiene lugar cuando ella está recluida, nunca hay un movimiento real. Ella sólo explicita su baile sólo cuando ensaya la obra o cuando practica tap en su casa. Esta es una actitud claramente alienada por parte de Selma, de censura, de castración.

La representación de Selma-mujer-redentora es muy similar a la de "Juana de Arco" de Carl Dreyer. Esto queda especialmente evidenciado en la última parte, cuando ella está en la carcel. LvT despliega una secuencia de planos en los que casi pega la lente al rostro (la afirmación anterior es literal porque la camara estuvo en el hombre de LvT la mayor parte de la filmación) de Selma. Allí está Juana, allí está le entrega y la pasión. A un paso de obtener la salvación de su hijo. A un paso de liberarse de la abominable ceguera congénita.

Su rol metafórico no deja duda. Hay redención, entrega, sacrificio, piedad, duda, miedo, amor. ¿amor? El amor que ella siente no está ligado al sexo. Su amor hacia su hijo es real y hará cualquier cosa, por su hijo. ¿No lo hizo Cristo, acaso? No lo hizo Juana de Arco, también? Pero su manera de exteriorizar ese amor a su hijo es elidida de la mirada del espectador. LvT prefiere mostrar escenas filmadas cuando los actores descansaban e intercalarlas con el resto. Las risas, el sonido ambiente y el movimiento de la cámara forman un conjunto reconocible: se asemeja a las filmaciones caseras de una familia común. No hay elementos ajenos ni testigos indeseables.

Uno de los momentos más interesantes ocurre en la primera escena violenta, con sólo dos en total. Sucede cuando otro personaje busca el suicidio en manos ajenas, el espectador puede ver el paroxismo vital que mueve a LvT en su manera de hacer cine. Una escena cruda que refleja todo de lo que es capaz el amor. El personaje principal que jamás sería capaz de una actitud semejante muestra su peor cara, la antipática, la secreta, la aberrante, la que esconde con miedo. Hay un quiebre en aquella pasividad narrativa. Se lee como una ruptura de isotopía estilística que agrede al espectador. Lo perturba de tal modo que ya el personaje redentor no volverá a parecerle inocente.

El resultado es un producto híbrido, singular, bellamente fotografiado por Robby Müller. Que se odia o se ama, sin puntos neutros. Un film que golpea la sensibilidad del espectador; una obra que pasará a engrosar con orgullo la coherente trayectoria de Lars von Trier.

Andrés San Martín


"Bailarina en la oscuridad"

Dancer in the dark
Dinamarca / Francia / Suecia, 2000, 134'

Dirección
Lars von Trier

Guión:
Lars von Trier

Fotografía:
Robby Müller y Lars von Trier

Música:
Björk, Mark Bell y Guy Sigsworth

Montaje:
François Gédigier y Molly Marlene Stensgaard

Protagonistas:
Björk, David Morse, Catherine Deneuve, Peter Stomare



Calificacion: 9

Estreno en Argentina
00/00/2000

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