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Publicado el 13/02/2003

El día que Estados Unidos se volvió vulnerable

Once cineastas de reconocida trayectoria recrean el 11 de septiembre de 2001 en once cortometrajes de once minutos 9 segundos y un fotograma cada uno. El productor francés Alain Brigand convocó a Samira Makhmalbaf (Irán), Danis Tanovic (Bosnia), Ken Loach (Gran Bretaña), Youssef Chahine (Egipto), Amos Gitaï (Israel), Claude Lelouch (Francia), Alejandro Gonzalez Iñárritu (Méjico), Sean Penn (Estados Unidos), Mira Nair (India), Idrissa Quedraogo (Burkina Faso) y Shoei Imamura (Japón) para acercarse a la representación, en el personalísimo universo simbólico de cada director, de los atentados al World Trade Centre de New York.

La fragilidad del sistema que también convierte en vulnerable al suelo americano, la inestabilidad que desvanece el american dream y los enemigos que Estados Unidos cosecha día a día en todas las latitudes a causa de su intervencionismo y su política exterior afloran en estos cortos, que, llamativamente, no tienen fecha de estreno en "el país de las libertades individuales" a causa de la tendencia "anti-norteamericana" que advierte en ellos la autocracia bushiana.

Las propuestas de Samira Makmalbaff, Shoei Imamura y Sean Penn, junto al sorprendente Idrissa Quedraogo, de Burkina Faso, encuentran un muy interesante correlato estético para sus ideas.

Samira, con sus inequívocas pinceladas, se sitúa en un campamento de refugiados afganos en Irán. Es 11 de septiembre los niños irán a clase como todos los días pero la maestra intentará explicar que algo diferente ocurrió esa mañana en el mundo. Los alumnos, que no saben de que habla la maestra, están preocupados por la suerte de dos hombres que cayeron a un pozo mientras trabajaban, duelo claramente más cercano que el que sufre Nueva York. Las bellas tierras iraníes, tan folclóricas para el hombre medio norteamericano, tienen su lugar en los planos generales que Samira matiza con los rostros de los desconcertados niños. El adentro y el afuera, como siempre, una constante del cine iraní.

Shoei Imamura, quién compartiera en Cannes una palma de oro con la joven iraní, pone la segunda guerra mundial en el centro de la escena. Con la profundidad del japonés, con la esencialidad de sus planos y un ex soldado que abandona su condición de humano para convertirse en serpiente, el director de La Balada de Narayama y La Anguila, refleja el sufrimiento de su nación después de Hiroshima. Subyace el sin sentido de la guerra con un cierre inesperado que ataca la médula del discurso de Bush. Mientras recuerda que otros han sufrido ya la soberbia de los poderosos en la carrera por el poder económico, el "hombre-serpiente" (no olvidemos el gusto de los americanos por las transformaciones kafkianas en su cine) es el encargado de susurrar que la guerra santa no existe.

El estadounidense Sean Penn, un tanto kitsh pero siempre más cerca de Cassavetes que de Hollywood, cuenta la pequeña historia de un hombre viudo que dialoga con su mujer y cuya máxima preocupación es la plantita que no crece a causa de la poca luz que entra en su pequeño departamento céntrico; el once de septiembre se levanta, ignorando el televisor encendido, y observa con felicidad que la planta que tanto amaba su difunta esposa, está creciendo y da flores. Lo invade la alegría que, por supuesto, compartirá con ella. Las Twin Towers han caído, por la ventana entra ahora la luz del sol. Quizás sin proponérselo, Penn dibuja como nadie la miopía del hombre americano respecto de lo que pasa a su alrededor, resultando un magistral trabajo de subtexto.

Atractivo y a la vez profundo resulta el corto de Idrissa Quedraogo, uno de los máximos exponentes del cine africano, oriundo de Burkina Faso, con una simpática e irónica confusión. No es un día más en la vida de un grupo de amigos que van juntos al colegio. Uno de ellos va a abandonarlo ante la necesidad de trabajar para ayudar a su familia. Pero hete aquí que, tras las últimas noticias, hay una recompensa de 25 millones de dólares por atrapar a Osama Bin Laden, el terrorista más buscado del planeta. Pero los niños no saben quién es, tampoco importa, hay urgencia de dinero y emprenden la travesía para atraparlo. Con un final que pone en pie de igualdad a los damnificados y al terrorismo internacional es probablemente quién más lejos haya ido para denunciar este irracional duelo de titanes.

El bosnio Danis Tanovic trae el padecimiento de las mujeres bosnias que perdieron su gente y sus casas en la matanza de Srebrenika, también un día once. Con gran preocupación estética, Tanovic realza la lucha de estas mujeres que se reunen en la plaza para pedir por sus muertos, como siempre, pero ahora sumarán a los caídos en NY.

Ken Loach elige una impactante vinculación con el golpe de estado en Chile ocurrido un once de septiembre pero de 1973. Pertrechado con interesante material de archivo, que acentúa la bienvenida ayuda norteamericana con Henry Kissinger a la cabeza, relata el derrocamiento de Salvador Allende y la consiguiente dictadura de Augusto Pinochet en boca de un exilado en Londres (el recordado actor de Ladybird, ladybird, Vladimir Vega) que escribe una carta abierta a EEUU. Loach mantiene vigente su posición política de denuncia pero no logra despegar la cámara de la repetición didáctica a la que ha sometido a su cine últimamente.

Mira Nair, la realizadora de La Boda declaró que deseaba perturbar, distraer y arrancar al público de su somnolencia; reaccionó frente a la ola anti-islamismo que se creó tras los atentados y eligió contar la historia de un héroe que fue sospechado de terrorista y perdió su vida solo por su condición de musulmán.

Con una buena idea y un único plano secuencia, Amos Gitaï se situa en la mañana de los múltiples atentados. Una periodista, frenetizada por cubrir un atentado palestino en Tel Aviv, no puede advertir que algo más está pasando en ese mismo momento en otra parte del mundo. A pesar del frenesí, el corto del israelí va perdiendo dinamismo e interés a medida que corren los minutos.

Con una propuesta un tanto vacua desde el punto de vista del lenguaje cinematográfico, Claude Lelouch elige una joven sordomuda que, viviendo a pocas cuadras del suceso y con la pantalla de su televisor desbordante de humo, no se entera de lo ocurrido hasta que regresa su pareja envuelto en escombros.

No mucho para decir del corto del egipcio Youssef Chahine que juega un realismo mágico en un relato profundamente egocéntrico.

Por último, la propuesta del mejicano Alejandro Gonzalez Iñárritu (realizador de Amores Perros) se complica en si misma y no resulta fácil de digerir. Cuando todo parece indicar que el espectador va a estar estimulado solo por el sonido, gran ausente en las imágenes que circularon por el mundo, aparecen desesperantes flashes, casi publicitarios, de un hombre tirándose al vacío cuando el fuego dominaba las torres gemelas. La idea se desvanece por completo cuando al final recurre a un "mensaje" innecesario, que borra lo que había logrado sugerir.

Propuesta heterogénea si las hay, 110901 es un abanico de miradas (algunas más empecinadas que otras) que obliga a correr el velo que Bush ha creado sobre los atentados. Además de víctima de una persecución terrorista internacional originada en el mundo musulmán (tal el discurso exportable) se puede pensar a Estados Unidos como víctima de su propia avaricia, es decir sufriendo en suelo propio la guerra económica que hasta ahora venía entablando en suelo ajeno.

Patricia Carbonari


"El día que cambió el mundo"

110901
Francia / Inglaterra, 2002

Dirección
Youssef Chahine, Amos Gitai, Alejandro González Iñárritu, Shohei Imamura, Claude Chabrol, Ken Loach, Samira Makhmalbaf, Mira Nair, Idrissa Quedraogo, Sean Penn y Danis Tanovic



Calificacion: 7

Género
Documental

Estreno en Argentina
13/02/2003



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