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Siempre, en la frenética locura que impone la exigencia de la taquilla a los grandes estudios por continuar y continuar aquellas películas que funcionan, uno se pregunta... se cumplirá la ley de "segundas partes nunca fueron buenas" o no?
Y pese a los intérpretes, las buenas ideas y el correcto manejo en la experimentada dirección de Harold Ramis (autor de la sencilla y maravillosa "El día de la marmota/Groundhog day"), aquí el dicho encuentra sustento.
Este film no tiene nada terrible, ni es aburrido, ni la faltan situaciones cómicas... simplemente no llega ni a los talones de su antecesor. Y pese a la siempre solvente actuación de Robert De Niro y al sólido acompañamiento de Billy Crystal, Lisa Kudrow, y Joe Viterelli, el film se queda, da vueltas... y no dice nada.
La historia comienza varios años después de su predecesora, cuando el mafioso Paul Vitti (De Niro) está en prisión. Para escapar hace creer a los guardias que tiene una crisis nerviosa, que lo pone en estado catatónico. Su ex psiquiatra Ben Solol (Crystal) -cuyo padre acaba de morir- debe concurrir a Sing Sing a verificar su estado. Al corroborarlo, las autoridades deciden dejarlo salir de la prisión, pero con una condición: bajo la custodia de su psiquiatra... Esta es la línea general sobre la que se basa la película, obviamente en el camino a New Jersey, ya Vitti se ha recuperado e intentará tener algún trabajo normal, situaciones todas bastante logradas, antes de volver con la mafia (se destaca el examen de Ben intentando demostrar que el ex-prisionero ha fingido su enfermedad -y además se muestra el back sobre los títulos finales-).
Asi es, no hay nada grave, es una comedia funciona, pero no noquea.
Juan Trasmonte (desde Rio de Janeiro)
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