|
Tengo que comenzar confesando mi total aversión por el actor Robin Williams, creo que no rescato ninguno de los veinte papeles que le he visto hacer, y ni siquiera me gustaba "Mork and Mindy".
Pero debo admitir que este film trae un Williams desconocido para mi, que si bien admito que estaba dando vueltas, haciendo intentos, como en "Insomnia" / "Noches blancas", creo que siempre se le filtra ese payaso necesitado de cariño. Este no es el caso.
Demostrando un manejo de un rol dramático a la altura de cualquiera de los mejores actores del mundo, Williams lleva a delante este film desde un lugar desconocido, más cercano al postrero Laurence Olivier (incluso casi físicamente), que a cualquier otro intérprete.
Aquí, Williams es Sy Parrish, el encargado de un local de fotos, en un supermercado tipo Walmart, que toma su trabajo como un arte. Cada detalle es importante, y la atención al cliente es óptima, con regalos de cámaras el día de su cumpleaños, o copias extras.
Pero una de las razones de su entera dedicación es que como muchos otros vendedores que pasan horas y horas en el trabajo, Sy no tiene "otra" vida. Vive solo, mirando televisión casi todo el tiempo, en un departamento semi vacío, con sólo una pared llena de copias y copias de una sola familia... La familia Yorkin, el padre Will (Michael Vartan) su mujer Nina (Connie Nielsen) y su hijo, Jakob (Dylan Smith).
Son como una familia adoptiva, a la cual vio crecer durante cinco años de copias y copias... La estabilidad mental de Sy comienza a deteriorarse y llegan las peleas con su jefe, las persecuciones a la familia, donde descubre que el marido es infiel, se siente traicionado... y...
Retrato devastador de la precaria situación psicológica de un hombre, narrado con ritmo y eficiencia por el debutante director de video clips, Mark Romanek.
Pablo Silva
|
|