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En la vuelta sobre el cine romántico, Campanella repite el mismo esquema de su anterior y logrado film: "Ni el tiro del final" solo que reemplaza a Dennis Leary por Darin, a Aitana Sanchez Gijón por Villamil y a un expresivo Terence Stamp por Dumont. Aunque aquí no existe el triángulo, la presencia de Feinmann en la platea alentaba mi mente a pensar en ese sentido. Pero quizás lo único que hacía era acompañar a su mujer, directora de arte del film. No importa. El hecho es que Juan Jose Campanella logró lo que todos decían pero era de dificultosa comprobación: Ricardo Darín es un gran gran actor.
La historia hace hincapié en la vida de Jorge Pellegrino, un prometedor escritor de cuentos, que se gana la vida escribiendo en una revista de mala fama. Y el amor golpea su puerta...aunque no de forma tan cursi como esta, sino divertida, creíble, y apoyada en las actuaciones del dúo Darin-Villamil en el que se asienta con respaldo toda la película.
Si bien hay pocas comedias románticas argentinas, Campanella se largó con éxito a transitar ese camino, y al mismo tiempo a tirar una serie de pantallazos históricos referenciales de que estaba pasando en la Argentina cuando a los personajes les pasaba tal cosa...así vemos desde el 80, militares, Alfonsin, Menem, los 90...Y aunque el pasaje del idealista Pellegrino al corrupto Pellegrino parece algo forzado, la historia se apoya en los vaivenes de esa historia de amor y sus bifurcaciones, la traición al compañero periodista que muere (el inexpresivo De Grazia), la dulce infidelidad -el súper bombonazo de Celina Zambón, mostrando toda su gracia- , el hijo de Laura -Villamil- y sus mejores amigos (dos logradísimos papeles de apoyo Blanco y Tenenbaum), y la viuda (Zanca) entre otros. Pero toda, toda la película, vale la pena por ver a Ricardo Darin recibir la noticia de la muerte de Mastronardi, en medio de la oficina y rodeado de sus compañeros.
Nuevo éxito de Campanella que demuestra que un guión sólido, dos buenos actores y saber contar una historia son argumentos mas que suficientes para convencer a cualquiera
Pablo Silva
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