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Publicado el 29/05/2002

El miedo entre cuatro paredes

Jodie Foster no necesita introducción. Tampoco David Fincher, ni la apertura de reminiscencia hitchcockiana en su ultimo film, "La habitación de pánico". Cuatro elementos clave (incluyendo al título) que procesados superan con creces las exigencias de una producción industrial común, pero que sin embargo, resulta irregular en su totalidad si se piensa que Fincher es el responsable de Se7en y Fight Club, dos auténticas joyas del cine.

Una mujer recién separada busca una casa para mudarse, ella y su hija. Encuentran un triplex enorme, antiguo y de buena construcción en el Upper West Side de Manhattan. La casa es inabarcable y tiene como "yapa", una habitación segura, es decir: puerta de acero infranqueable, alimentos para un tiempo corto, teléfono con línea individual y monitores que registran lo que sucede en toda la casa.

La noche de su llegada, aún con los bártulos embalados, entran tres ladrones en la casa. Buscan algo que hay precisamente dentro de la habitación segura, y en la que, obviamente, se esconden ambas cuando casualmente los ven acercarse a través de los monitores.

La tensión dramática entre ellos y ellas comienza. Ellos quieren entrar y ellas no quieren abrir la puerta porque la posibilidad de salir vivas es inexistente.

Fincher sabe que desde el título el espectador intuye de qué se trata el film, por lo tanto decide ir directo al grano sin preámbulos. Los asaltantes entran en seguida en la casa y comienza la acción. El espacio dramático está delimitado, el interior es vasto pero se puede recorrer. Los personajes son construidos indirectamente, a través de referencias o esfuerzos mínimos pero eficaces. Jodie Foster es Meg, una interesante rubia de mediana edad, culta (al mejor estilo Melanie Daniels), con la herida de su separación aún en carne viva. Su única hija es diabética, cuya apariencia de chico y trato rudo son una coraza de protección. La relación entre madre e hija es difícil, pero el amor de Meg por su hija es inobjetable. En un momento le dice, con una innegable huella de seguridad sociocultural, "es repugnante cuánto te quiero". Luego le da un beso de convención y se va. Ambas reconocen en la imagen del esposo/padre (un rico empresario al que acudirán por ayuda) al típico hombre maduro que se escapa con la modelo/perra.

Luego, cuando ellas entran a la habitación segura, el espacio dramático se parte en dos: uno es el bunker y el otro es el resto de las habitaciones. Obviamente, si no se cuenta el exterior de la casa que la cámara muestra muy poco y sólo fragmentado.

Las actuaciones son correctas, Foster acciona un buen papel, muy creíble y cuyo fisique du rol ayuda. Curiosamente se ve muy atractiva en el film, muestra un femineidad torpe y desconocida. Su personaje no escala los delirios de lo extrahumano, por el contrario se centra en el miedo natural, en la impotencia, en el claustrofóbico temor de la presa. Hay una interesante meta-actuación cuando Meg recibe a dos policías en pleno clímax dramático, que Foster resuelve desafectadamente.

Una de las cualidades de Fincher es la de filmar zonas oscuras, noches, sombras y lluvia. Y en este caso por fortuna esta cualidad siguió intacta. Es notable que todo el peligro suceda dentro de la casa, invirtiendo los conceptos de seguridad y peligro convencionales. La calle es el espacio calmo y tranquilo. Esto último sí se corresponde con la luz de día, que es señal de seguridad, ya que esa gran secuencia de riesgo que ocurre de noche y con lluvia, abre y cierra con el exterior y en día soleado. La fotografía es de Darius Khondji y de Conrad W. Hall, que extrañamente comparte el crédito con Khondji.

Fincher es un director que busca nuevas salidas expresivas con la cámara para dar sentido y reforzar el relato. Una de las mas llamativas secuencias tiene lugar cuando los ladrones quieren ingresar en la casa y buscan una entrada. La cámara flota y recorre con brillante rapidez los espacios siguiendo los pasos de uno de los asaltantes. La sensación de encierro es notable. El resultado obtenido en esta secuencia sería imposible sin el apoyo de los efectos especiales. El efecto se repite un par de veces más, lo justo como para no cansar. Esto ya estaba trabajado en la apertura de Fight Club, ahora, en cambio es un dispositivo narrativo.

El guión es de Koepp (Spider-Man, Ojos de Serpiente), uno de los más respetados guionistas de Hollywood en la actualidad, cuya habilidad para impregnar de realismo los diálogos es de destacar. Hay varias citas irónicas al cine, a la cultura pop y con algún toque de humor negro que funciona a la perfección. Solamente en el final, justamente fuera del encierro y en pleno desenlace del conflicto, lo compacto de esa narración se desarma y pierde interés, precisamente por lo previsible del final. Es una fatiga ver al personaje de "malo" levantarse una y otra vez después de sufrir golpes, una caída, pinchazos de agujas, disparos, etc. Acá se incluye el papel de la caballería moderna con retraso. ¿Era necesario caer en ese clisé? Eso sí, queda una puerta abierta para que el espectador opine.

Como es habitual en Fincher, hay un estilo visual atrapante con una buena dosis de suspenso que vale la pena ver en cine.

Andrés San Martín


"La habitación del pánico"

Panic room
EE.UU., 2002, 108'

Dirección
David Fincher

Producción:
Gavin Polone, Judy Hofflund, D. Koepp y Cean Chaffin

Guión:
David Koepp

Fotografía:
Conrad W. Hall y Darius Khondji

Música:
Howard Shore

Montaje:
James Haygood y Angus Wall

Protagonistas:
Jodie Foster, Forest Whitaker, Dwight Yoakam, Jared Leto, Kristen Stewart.



Calificacion: 8

Género
Suspenso

Estreno en Argentina
30/05/2002

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Multimedia
Trailer LoRes (240x112)

Trailer HiRes (480x220)

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