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Publicado el 22/09/1999

Cómo atrapar al ladrón y no enamorarse en el intento

En medio de la ola de remakes que se estrenan habitualmente, "The Thomas Crown Affair", parece traer a la superficie susceptibilidades inconfesas que tienen que ver más con la nostalgia y los "viejos buenos tiempos" que con la realización en sí misma. Abro paréntesis para recordarles a los poco memoriosos que la versión anterior de esta película, se hizo en en '68, y fue dirigida por un ignoto Norman Jewison en la que el escurridizo Steve McQueen se besa con la flamígera Faye Dunaway por una cantidad de tiempo que hizo transpirar a los cronometradores de Guiness. La escena previa, una torpe pero propicia partida de ajedrez donde la cámara gira tomando los rostros pletóricos de deseo, es recurrente en los fanáticos del film (que ahora son muchos) y del irremplazable McQueen; cierro paréntesis.

La historia no es demasiado original. Un billonario (Pierce Brosnan), un sujeto que puede poseerlo absolutamente todo, tiene como hobby sustraer -para decirlo educadamente como los modales del señor Crown- objetos que por su valor son celosamente custodiados. Lo que implica un riesgo y un derroche de adrenalina capaz de colmar las expectativas más torcidas de un pudiente in extenso como él. La otra mitad de la historia está en manos de una investigadora de la compañía de seguros (Rene Russo). La tecnología hace milagros. Luego del robo, las cámaras de vigilancia del Met -Metroplitan Museum- que luce parecido a la Biblioteca Pública de New York (¿por qué será?), permiten detectar en seguida al presunto ladrón. ¿Cuestión de intuición femenina? Tal vez, lo cierto es que trabajando en consonancia con un tenáz miembro de la policía (Denis Leary) decide adentrarse en los terrenos más exóticos, lujosos e íntimos del sospechoso. Tentar a un hombre no es tarea fácil. Una mirada insinuante en un rostro atractivo, una sonrisa insinuante, vestido insinuante, música adecuada, copas de alcohol y un vestido que muestra todo lo que se puede entregar, ¡ah! y movimientos insinuantes. ¿Falta algo? No. Eso es todo lo que se necesita para seducir al señor Crown. ¿Algo de cerebro? Sí, obviamente la señorita Banning no es tonta. Russo, en esta película al fin se destapa. Debe conquistar al magnate y descubir sus secretos, pero para hacerlo debe primero saciar los apetitos de Crown, y para retirar el anzuelo del paladar debe mostrarse espléndida y lo consigue fácilmente. Se ve radiante en sus turgentes cuarenta y cinco años. Si su rol es exhibirse como un Monet en un museo, lo consigue a la perfección. Topless a diestra y siniestra. Tan adorable y deliciosa como una mujer con experiencia y con malas intenciones. Lamentablemente el papel requiere parecer todo el tiempo distinguida y hay una sensación de incomodidad presente. Lo suyo son los Jeans y no las joyas de Bulgari. En cambio, Brosnan, en el lujo se siente como pez en el agua. Aunque algo más relajado que en su habitual papel ultrasecreto -como productor se siente más confiado-no puede escapar de ciertos manierismos que recuerdan al super agente. Debe reconocerse que lo intenta y en ciertos momentos lo logra con exactitud. La insistencia de ella por atraparlo y de él por impedirlo es, desde el inicio, lo que marcara la relación de ambos. Las actuaciones del par son correctas. El resto se desenvuelve con moderación (mejor Leary), incluso la madura Faye Dunaway en su implacable rol de psiquiatra que mira de reojo mientras piensa en lo rápido que pasaron los últimos treinta años. También deambula la exquisita modelo fetiche de Donna Karan, Ester Cañadas, que se pasea por Manhattan y por la vida de Crown con aire y objetivos misteriosos. Ese es un detalle que sobrevuela nuestras almas al final del film. La dirección de McTiernan es adecuada e irreprochable. Sabe filmar películas de acción (Depredador, El Ultimo gran Héroe y dos Duros/Bruce Willis/de matar) y trata de dar cuenta de ello cada vez que puede. Su mirada es dinámica -al igual que el montaje- y concisa. El diseño de producción es esmerado. Las locaciones Lucent soberbias, especialmente la boxoffice del señor Crown. Al igual que las joyas, los edificios lujosos y los exteriores exóticos merecen un trato especial para extraerles el alma, es todo un manejo del oficio y McTiernan sabe hacerlo. La pésima elección de la música es uno de los defectos más odiosos. La música latina es deprimente y el tema principal, de Michel Legrand, es tan disfrutable como una agonía. No obstante, para algunos nostágicos éste será el único elemento rescatable del film. Tanto como en ese punto como en el desarrollo narrativo la película presenta debilidades pero dista mucho de ser la versión "mala" del "Thomas Crown Affaire"de tres décadas atrás. Es sólo una cuestión "generacional". En realidad para muchos será como la primera vez, es decir, hay placer, está bien filmada pero… algo… en un recóndito lugar de nosotros, no anda bien.

Andrés San Martín


"El caso Thomas Crown"

The Thomas Crown Affair
EE.UU., 1999, 112'

Dirección
John McTiernan

Producción:
Pierce Brosnan y Beau St. Clair

Guión:
Leslie Dixony Kurt Wimmer (basado en la historia de Alan Trustman)

Fotografía:
Tom Priestley

Protagonistas:
Pierce Brosnan, Rene Russo, Denis Leary, Ben Gazzara, Faye Dunaway



Calificacion: 7

Estreno en Argentina
22/09/1999

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