|
El tiempo es 1969. Fernando (Pedro Cardosa) y sus amigos están en Sao Pablo mirando a Neil Armstrong tomar sus primeras medidas en la luna. Fernando es uno de los componentes de un grupo guerrillero, que reacciona y se pregunta: Por que no secuestrar al embajador americano?
Fernando crítico del gobierno represivo, ensambla a este grupo revolucionario subterráneo que haga sus puntas políticas, y le inspira tanto temor, casi como al mismo embajador, jugado por un correcto Alan Arkin. El guión de Leopoldo Serran, traza interesantes paralelos entre estos dos hombres, secuestrador y secuestrado. Un idealista dado vuelta proscribe en el nombre de la libertad y un policía que utilizó la tortura para prevenir el terrorismo. Ni uno ni otro se enamora de los medios, pero ambos están confundidos al final. Ambos, el embajador, que era un operario de los SS durante la Segunda Guerra Mundial y el veterano del terrorista de la guerra civil española ha estado en bastantes matanzas y traiciones para saber que sigue habiendo una única respuesta a la situación actual, que es, por lo menos en lo exterior, calma.
El Director Bruno Bareto -el de "Doña Flor y sus dos maridos" -utiliza los mecanismos que sorprenden al grupo secuestrador cuando se dan cuenta que ese embajador coincide con ellos en su visión sobre Brasil. Y muestra un verdadero culpable, la dictadura que lleva a los ciudadanos a extremos de difícil retorno. A pesar de los elementos interesantes, la película falla. Algo del diálogo parece artificial, como si hubiera sido escrito para un narrador y no para las personas que tienen una conversación. La historia también pierde algo el foco al ahondar en la vida personal de un miembro de la policía secreta, cuando todo parecia hacer ir por el camino de la contraposición entre los secuestradores y la Ley -mataremos al Embajador de ser necesario?. Obtuvo una nominación al Oscar por mejor película extranjera, estos " Cuatro días en septiembre" recuerdan bastante algunos hechos de la Argentina, y esta -tristemente- basada en una historia verídica. Sólo para los amantes del cine político, que tan bien transitó Costa Gavras.

|
|