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La película promete más de lo que realmente entrega. El director Michael Mann (El último de los mohicanos), un hombre que viene de la producción de películas y series de TV (Miami Vice), tiene una difícil tarea: hacer una buena película con dos de los mejores actores de la historia. El resultado es una película con altos y bajos, sin encontrar un punto medio. Desde ya, la actuación tan esperada entre ambos actores face to face, se reduce a una escena en una café, donde se cuentan sus penas, se quitan las máscaras de hombres rudos y se muestran tal cual son. Neil/de Niro es un ladrón profesional y su vida no dista mucho de la de su rival Vincent/Pacino, sólo están en lugares opuestos de la ley. Los roles que cumplen en la sociedad no son tan definitivos como uno pudiera creer. Definitivamente de Niro, se muestra mucho más convincente en su papel que un Pacino casi sobreactuado.
Chris/Kilmer entrega una actuación notable que podría igualarse a la de los popes del cine sino fuera por la carga que aquellos rostros traen consigo. Sin embargo, la película tiene momentos álgidos y notables que merecen nuestra absoluta atención. El uso de la Steady Cam es una clase magistral.
Picos de acción pura. Es sin duda lo mejor, especialmente la escena del tiroteo, en plena vía pública, está filmada con una calidad y una puesta en escena realmente excepcionales.

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