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Reviews
Publicado el 08/08/1999

Disparen sobre Chabrol

Sin duda uno de los cineastas franceses que más infunde respeto actualmente es Claude Chabrol.

Quién además de ser uno de lo más venerados por los cinéfilos y público en general, es también uno de los más tediosos a la hora de narrar historias.

No es necesario hablar de intelectualidad en el cine francés para justificar el carácter anodino del film. Existe un respeto similar a: "Se puede hablar mal de Godard (Jean-Luc) pero de Chabrol, jamás".

Mon Dieu, ¿hay algo que uno no puede dejar de hacer en las películas de Chabrol?. Sí, aburrirse.

Con el paso del tiempo y una filmografía irregular y sobrestimada, comparada con la de sus colegas franceses, Chabrol se ha convertido en un abuelo francés, híbrido y lento. Sin embargo, los críticos de cine revolotean histéricamente cuando ven una película de Chabrol. Lo suben a un altar y se arrodillan como si fuese un mensajero del divino. Y tal vez, probablemente lo sea. Si no, no podríamos explicarnos el por qué para muchos sea tan importante como las figuras de Foucault, de Rodin, o al de Rousseau. Lamentablemente aquello que se pierde con la edad, denominado "audacia", es algo que siempre buscamos en los directores franceses y que generalmente encontramos a excepción de, por supuesto, Monsieur Chabrol. Tal vez una rareza en sus trabajos sea El Carnicero (Le Boucher). Pero los años pasan y Monsieur Chabrol quiere hablar de señores maduros y cascarrabias como él. Y con alma de niños. ¿Como él?

Desde los primeros minutos nos invita a presenciar escenas que quieren... pero no pueden. Fatiga sexual diría algún urólogo. Con torpeza de principiante empieza a contar algo que nunca lleva al clímax. Mucho menos resuelve donde corresponde. Es como una erección que nunca llega a buen término, y el objeto, en este caso la película, termina doblándose, sin acabar, sin gracia ni solidez. Chabrol el descreído, siempre nos impuso una mirada lacónica y desinteresada. Actitud que resultó un poco más acertada que ésta en su film anterior La Ceremonia (La Ceremonie). Ahora nos introduce en las desgarbadas tropelías de un truhán de poca monta, que se gana la vida contorneando la figura de su hija, y quitándoles algunos francos a los pobres diablos que su hija emborracha con algún tranquilizante; generalmente, asistentes a congresos intrascendentes. Esto no significa que la materia prima con la que contaba sea la justificación para desempeñarse con tanta flaccidez en su papel de director. Algunos telentosos directores franceses han logrado maravillas fílmicas con mucho menos que eso.

Monsieur Chabrol, ¿quiere un cinturón de seguridad para no ir tan rápido?.

Su decrepitud fílmica es tan obvia que es lo único que puede traspasar a sus personajes. Ni un miserable atisbo de osadía. ¿Y eso no es culpa del guión?. ¿Y eso no lo hizo a propósito?. ¿Acaso no es justamente esa actitud ladina la que nos quiere mostrar?. Defender esta ineficaz obra es como decir que el gran Méliès era un documentalista o un mago de cumpleaños de quince. El guión decididamente es malo, pobre y decadente como una telenovela mexicana dirigida por un Roberto Gómez Bolaños -de hoy en día-. Retiro el ejemplo porque la verdad es que con "El Chavo" podría salir mejor. En realidad están presentes las mismas taras del clásico guionista inexperto, al que el director decidió arrancarle el alma... Y a falta de una buena idea, la historia de disolvió, ahí, sobre el transcurso del tiempo, o mejor dicho de la filmación, en medio de esas rotundas nieves blancas puestas al sol.

Por favor, Monsieur Chabrol, ¿puede tomarse la leche caliente para que lo lleve a dormir?.

Incluso puede argumentarse "falsas esperanzas" en aquellos planos eternos, donde supuestamente nos vamos a deleitar con un dialogo descollante y magnífico... Pero no, la cámara se cierra sobre alguna protuberancia infame en el rostro de Serrault, idealizándolo cual Popeye en la Rivera Francesa.

"Ah pero eso sí, Serrault es un maestro" Nada más lejos de una actuación acorde con su larga experiencia. Recuérdese su soberbia interpretación en Dr Petiot. Madame Hupper es la única que a ratos nos enseña como "cambiar de personaje" justo al segundo siguiente de quitarse la peluca. Pero también es sólo una inconstante muestra de talento actoral bajo las órdenes débiles de un director fatigado.

Sin duda lo más reprochable en la película es su ausencia de valor. La caída al vacío comienza con confusas escenas en el aeropuerto. Después llegamos a la casa y nos enfrentamos a una puesta en escena, realmente deprimente. La reiterada música clásica ya ni siquiera es una ironía inteligente. Es más, su objetivo se le vuelve en contra y se convierte en un elemento potenciador, que obviamente, más tarde desilusiona. En la escena del iracundo y ciclotímico mafioso, no es capaz de mostrarnos una acción creíblemente violenta, no porque sea nuestro cine preferido, sino, porque la situación la pedía a gritos. Un buen tiro nos habría dado una bocanada de aire fresco, nos habría despabilado. La torcedura del dedo más se parece a un sketch de Marcell Marçeau que a otra cosa. A quién no le hubiese gustado que después de ver el dinero quemado en la valija, la película hubiera cambiado de rumbo. Aquella aguja en el ojo era el último disparador que podía modificar el penoso final. ¿Por qué, Monsieur Chabrol?

Por algún extraño motivo la imagen nos da la impresión de que el ex-novio de Hupper nos está mintiendo y de que, en cualquier momento se levantará de la bañera y con voz de payaso nos dirá que es un chiste, y ella... le sacará el objeto punzante del lagrimal.

Y luego en la playa... y ella está esposada a la nada, como si fuese... Tan obvio desenlace resulta un chiste de mal gusto .

¿Un siglo después?. ¿Es eso correcto?. Sólo hay dos posibilidades. Error de traducción o error del director. Aquel fallido uso del doble significado, ese tan aclamado recurso de los franceses maduros, en realidad acrecienta nuestro desconsuelo. En fin, nos aprestamos a ver imágenes de una venganza que nos libere de... Monsieur Chabrol, ahora le traigo una manta para que se tape las piernas mientras lo llevo de regreso a su habitación confortable y cálida. El invierno en Los Alpes es frío y duro.

¿Rien ne va plus? No, Monsieur Chabrol. No va más.

Andrés San Martín


"No va más"

Rien ne va plus
Francia, 1997

Dirección
Claude Chabrol

Protagonistas:
Isabelle Hupper, Michel Serrault



Calificacion: 5



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