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Obviamente, uno sabe que urgar en las tumbas, especialmente las egipcias, puede traer terribles consecuencias para la humanidad. Uno debiera aprender de las experiencias ajenas. Esta remake se niega a hacerlo porque insinúa que puede sorprendernos con su mirada efectista. Pero vamos por partes.
El señor Sommers (que no se ha caracterizado por poseer un talento notable en su breve carrera como director), intenta adaptar una viejísima historia y envolverla en tres géneros: terror, aventuras y ciencia ficción. Para ello, utiliza la primera versión de 1932, la del difunto Boris Karloff, y la mezcla, o la contamina, que es lo mismo, con otros ingredientes no menos importantes, como el espíritu aventurero a lo Indiana Jones y unos atractivos efectos especiales que alejan al producto por distancias inimaginables de la versión del '30.
Evidentemente, esto no está mal, es más, uno espera que la remake lo haga, pero esto no quiere decir que lo haga bien. La película se sostiene en base al trabajo de Industrial Light & Magic, es decir, a la mayor y más prestigiosa empresa de efectos especiales existente en el mundo. Pero lejos de ser una virtud se convierte en un pelotazo en contra. Los efectos especiales no pueden determinar el rumbo que tomará una película ni siquiera servir de columna vertebral para el resto del film. No neguemos que hay situaciones interesantes, pero inevitablemente volvemos a hablar de efectos. Tampoco es que presenciemos los más alucinantes efectos de la historia del cine... Lo que pasa es que la película es tan débil que uno tiende a potenciar su calidad estética.
Los caricaturezcos exploradores en la plastificada ciudad de los muertos, por casualidad, despiertan al espíritu del mal, y como lo habíamos anticipado en el comienzo, deberán afrontar su ira y unas cuantas plagas de origen religioso al mejor estilo Charlton Heston. El actor Brendan Fraser (George de la selva y otros penosas interpretaciones) es tan desastroso en su papel de héroe legionario que mejor lo hace su compañera Evelyn. Y eso ya es mucho decir. Otro apartado merece el guión. De una levedad y una bobedad insoportables. La técnica es pésima, y los diálogos tropiezan con el escollo de ser pronunciados por seres humanos. Naturalmente al señor Sommers le interesa dirigirse a un público adolescente que no se fije en esas pavadas... No obstante, la película ha tenido una muy buena recepción en los Estados Unidos ya ha colmado las expectativas de sus productores. La momia es en síntesis un producto para disfrutar un domingo por la tarde. se entiende ¿no?.
Andrés San Martín
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