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El film arranca con un maduro y torpe jugador en la soledad y la seguridad que ofrecen los prados verdes y bien cortados de un campo de golf. El personaje de Hardy, interpretado por Jack Lemmon, sufre un ataque cardiaco. Es consciente de que es el quinto en su vida y ahí precisamente, un flashback lo lleva a su niñez y a su encuentro con Rannulph Januh, el mejor jugador de golf de Savannah, ciudad natal de ambos. Pese a que la historia debiera centrarse en Bagger Vance, un afroamericano de características angelicales que se convierte en cady de Januh, todo gira alrededor del héroe blanco de amplia sonrisa.
El referente temporal dice que hay una guerra. El segmento de la Primera Guerra Mundial es breve. El golfista más talentoso va y vuelve. Pero él regresa cambiado. Su hermosísma esposa, desilusionada de su actitud, decide romper. Januh se aisla y ella se hace cargo de una empresa de su padre, un soberbio y carísimo campo de golf para el que un período de escasez, como el de una posguerra, no es el mejor momento.
Sin embargo, ella tiene la brillante idea de reunir a dos de los mejores jugadores que hay con el otrora famoso héroe local, Januh, su marido. Un acontecimiento que según ella traerá a la prensa y a toda la clase rica que nunca se ve afectada por los tiempos difíciles que vive el país. Y no se equivoca.
El desafío para Januh es volver a encontrar su "swing" perdido; para Bagger, su cady misterioso, lograr que su patrón obtenga el título y para el pequeño Hardy que su héroe vuelva a darle una alegria a su padre deprimido.
La metamorfosis de Robert Redford es la más trascendente e interesante de toda la fauna hollywoodense hasta ahora. Pasó de ser un actor atractivo, pero sin muchas luces, a ser un emblemático defensor del “cine independiente” mundial, y en especial del americano. En 1980, Redford fundó el Instituto Sundance como una forma de apoyar el desarrollo de guionistas y directores que tengan una visión particular del nuevo cine independiente americano. El Instituto también patrocina el Festival que lleva su nombre, que se desarrolla anualmente durante el invierno en Park City, Utah.
Pero la proximidad con el talento no asegura que se pueda compartir con un simple ejercicio osmótico o de contagio.
El film retrata a un héroe norteamericano clásico. Y su discurso, el de Redford, recuerda que pertenece a la categoría de directores norteamericanos "patriotas".
El héroe está herido por el recuerdo de una guerra, lo que le impide retomar su vida anterior naturalmente. Ahí, busca una similitud con su público. El héroe, pese a que ama a su esposa, no puede actuar racionalmente, tal vez una impotencia lo asuste demasiado como para decepcionar a su esposa. Otro bocadillo. La inclusión de un coprotagonista afroamericano reafirma su condición de demócrata y de director "industrial", mejor aún si se le concede al personaje un carácter místico o hasta supraterrenal. Otro.
El golf como eje. Un juego que pertenece culturalmente al pueblo norteamericano. Otro. Una mirada a através de los ojos del pequeño Hardy, él puede explicitar y traspasar al héroe sus características innatas: inocencia, verdad y simpatía. Otro. El detalle podría seguir unas cuantas líneas más.
El guión está muy trabajado, no hay asperezas, bien hecho. La fotografía, como es de costumbre en Redford, intenta descubrir la belleza en la cotidianidad, ejemplo claro: un prado después del roció matinal...
Las actuaciones de Theron, Damon y Smith son correctas. Pese a que este último parace más decidido a dejarse llevar por la narración, su personaje fluye mejor que los otros.
Hoy en día, el Instituto Sundance es el espacio más importante para la presentación de cine independiente en los Estados Unidos. ¿Hay algún indicio en este film de que Redford lo dirija? Aparentemente no. Y de hecho, lo valioso es justamente eso, que Redford siga imperturbable con sus ideales y principios. Es decir, nada raro, nada complejo, nada polémico, nada nuevo. Solo le queda seguir buscando su swing.
Andrés San Martín
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