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Publicado el 11/04/2001

De Salta a Berlín

Todo ocurre a fines de un verano soporífero. El clima húmedo, el cielo cubierto y el vino tinto con hielo forman parte de un paisaje que puede ser muy parecido a un pueblo sin nombre, o por qué no, a Salta.

El disparador dramático es un accidente doméstico, o mejor dicho alcohólico. Cuando Mecha (Graciela Borges), borracha, se cae y se corta con los vidrios de unos vasos, su prima Tali (Mercedes Morán), que vive con su familia en el pueblo, decide ir a La Mandrágora, el campo donde vive Mecha y en donde ambas crecieron y vivieron tiempos mejores. Las dos tienen hijos, maridos y una inconmesurable sensación de frustración.

No hay enemistad entre ellas, sólo que sus vidas se han ido por distintos caminos. Por eso, volverse a ver significa también el reencuentro con una infancia alegre, sin problemas y prometedora. Ninguna tiene el valor para interrumpir el patético destino que las unió a cónyuges mediocres y deben asumirlo con mejores o peores resultados. El entorno decadente parece una métafora de sus vidas.

El film abre con una escena que quiere impresionar a los espectadores más ingenuos, planeada bajo un inconfundible sello publicitario: planos de paisaje precordillerano y cielo tronando, imágenes ralentadas, movimientos casi coreográficos, copas con vino tinto que buscan el equilibrio, sillas arrastradas con dificultad por un piso de cemento, el sonido escala a un primer plano... y el accidente, justo cuando comienza la lluvia. Artificio puro.

La construcción del personaje menopáusico de Mecha es sin duda el mejor de toda la carrera de Graciela Borges. Lucrecia Martel supo ayudarla y eso da por resultado una actuación antológica. Su temperamento "despojado", sus arranques de furia, su actitud "patronal" frente al vasallaje, su fastidio permanente, su molestia por la devoción lésbica de su hija adolescente hacia una criada colla, su inconformidad, su histeria. Borges es una actriz de primera línea a la que tuvo que dirigir una realizadora, joven y mujer, para demostrarlo finalmente. Morán es el contrapunto perfecto. Aunque su papel está más cercano de lo que venía haciendo para TV, no deja de ser reconfortante ver nuevamente su naturalidad y el conformismo con que define a su "mujer/creación". Más aún, es grato saber que existen dos actrices profesionales que superan largamente "la media del medio". Los demás actores acompañan hidálgamente en la odisea.

Este es el debut para la joven cineasta Martel. Su guión (que ganó un exigente concurso organizado por el Instituto Sundance) intenta dar cuenta de esos ásperos fragmentos de cotideanidad que se viven en los territorios fonterizos (o cercanos al límite) en los que se produce el fenómeno de lo multicultural y en donde la superioridad/inferioridad racial todavía se rige por convenciones antiguas. Las distintas formas peyorativas para referirse a los "otros" es solo un detalle que acusa un problema real y virtualmente imposible de desmantelar.

Por eso es que esta forma de documentar las relaciones de una familia en el norte del país es lo más atractivo del film. No obstante, a Martel no le alcanza con esto y le suma elementos extradiegéticos que lo único que hacen es confundir y lograr que el espectador se sienta aturdido, por muy pertinentes que sean. En ese sentido el guión premiado no focaliza y se diluye en el detalle menor. Todo lo complementario en este caso contribuye a la opacidad del film y termina por extenderlo en la dirección equivocada.

Pese a que no hay suficientes motivos para sospechar del éxito precoz y "mediático" de este film, que ni siquiera había sido presentado oficialmente, (se hizo recién en Mar del Plata), tampoco se puede aducir que tiene más méritos que otras obras nacionales. Obras que no contaron con los recursos para una prensa eficiente. Podría pensarse que la sobrevaloración se debe al hecho de que una productora como "Cuatro Cabezas" esté detrás y se supone que todos los productos que ellos generan son "geniales", o tal vez sea porque ganó el premio Alfred Bauer a la Mejor Opera Prima en el Berlinale 2001, después de 13 años de estar la Argentina ausente en ese Festival (en el '88 ganó "La deuda interna"), o porque sea necesario apoyar el repunte del cine nacional.

Afortunadamente, vienen otras películas argentinas, menos publicitadas, que pondrán lo suyo en la balanza del espectador. Por el momento "La ciénaga" es un lugar del que no se puede salir y Martel tampoco sugiere una manera de encontar la salida.

Andrés San Martín


"La ciénaga"


Argentina/España/Francia, 2001

Dirección
Lucrecia Martel

Producción:
Lita Stantic, Cuatro Cabezas y Wanda films

Guión:
Lucrecia Martel

Fotografía:
Hugo Colace

Montaje:
Santiago Ricci

Protagonistas:
Graciela Borges, Mercedes Morán, Juan Cruz Bordeu



Calificacion: 5

Estreno en Argentina
12/04/2001



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